Hay cosas en la ciudad que vemos todos los días… pero no entendemos. Un trancón que aparece de la nada. Un barrio que crece sin lógica. Un parque que se construye y se abandona al poco tiempo. Y entonces buscamos culpables visibles: la falta de recursos, el aumento de la población, “el desorden de la gente”. Pero casi nunca miramos dónde realmente empieza el problema.
Las ciudades no colapsan por falta de recursos… colapsan por decisiones mal tomadas. Y, sobre todo, por decisiones que nadie ve. Porque es más fácil señalar un hueco que entender por qué esa vía se diseñó mal desde el principio. Es más cómodo culpar al tráfico que preguntarse por qué se permitió crecer la ciudad sin pensar en cómo se iba a mover.
Ahí está la diferencia entre lo visible y lo estructural. Pavimentar una calle es visible. Ordenar el crecimiento urbano no lo es. Pintar un parque es visible. Definir dónde debe existir el espacio público, no lo es.
Y sin embargo, es en esas decisiones invisibles donde se juega el futuro de la ciudad. Ahí es donde entra la planeación. Ese conjunto de instrumentos, como el Plan de Ordenamiento Territorial, que muchos ven como un requisito técnico, pero que en realidad es el guión de la ciudad que viene.
El problema es que pocas veces se gobierna con ese guión en la mano. Se gobierna reaccionando. Se autoriza donde hay presión. Se construye donde hay oportunidad política. Se corrige cuando el problema ya es evidente.
Y así, sin darnos cuenta, empezamos a acumular decisiones pequeñas que, juntas, terminan siendo enormes. Una urbanización mal ubicada. Una vía que no conecta. Un servicio público que no alcanza.
Nada de eso pasa por accidente. Nada en la ciudad es casualidad.
Es el resultado de decisiones, o de la ausencia de ellas, que en su momento parecían menores, pero que con el tiempo definen cómo vivimos.
Por eso es tan engañosa la forma en que evaluamos una administración.
Seguimos celebrando lo visible. La obra fue inaugurada. La calle pavimentada. El parque intervenido. Pero eso no necesariamente habla de una buena gestión. Habla de operación. Una buena administración se mide en otro nivel.
En sí fue capaz de tomar decisiones que no siempre se ven, pero que cambian la estructura de la ciudad. En sí logró avanzar en lo que ya estaba planeado, no en lo que daba más rédito político. En sí dejó resuelto, de verdad, al menos un problema que llevaba años repitiéndose.
Porque gobernar no es mantener la ciudad funcionando. Es evitar que en el futuro funcione peor. Y eso implica asumir costos, tomar decisiones incómodas y pensar más allá del corto plazo. Ningún gobierno lo va a hacer todo. Eso es claro.
Pero sí puede hacer algo mucho más importante: intervenir el sistema en el punto correcto. Ahí donde una decisión bien tomada evita diez problemas después. Eso no siempre se ve. No se inaugura.No se corta con cinta.No genera aplausos inmediatos.
Pero es lo único que realmente cambia la ciudad. El problema no es que falten recursos. Es que sobran decisiones mal pensadas. Y mientras sigamos mirando solo lo evidente, vamos a seguir sin entender por qué la ciudad, poco a poco, deja de funcionar. El problema no es lo que vemos, es que no lo entendemos.
Un caso más cercano y mucho menos mencionado, es el de Medellín en sus intervenciones más recientes fuera del centro tradicional. Más allá de los proyectos icónicos, lo interesante ha sido cómo algunas decisiones de planeación han buscado anticiparse al crecimiento en zonas periféricas, integrando movilidad, espacio público y servicios antes de que el problema explote; además de lo social. Esa lógica menos visible, menos “fotogénica”, es la que realmente transforma una ciudad. No se trata de hacer más obras, sino de tomar mejores decisiones en el momento correcto.
Más en Vida Sabática, mi blog: Textos, imágenes y conversaciones para mirar la ciudad como realmente es… y no como creemos que funciona.
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*Investigador y consultor en ciudades y territorios, enfocado en sostenibilidad, economía ambiental y servicios públicos, con una mirada que integra el análisis técnico y la comprensión de cómo habitamos y construimos lo público. Especialista en Planificación y Admo del Desarrollo Regional; Magister en Medio ambiente y Desarrollo.
*Ingeniero Ambiental y Economista*


