jueves, mayo 21, 2026

Risaralda no puede empezar de cero cada cuatro años

OpiniónRisaralda no puede empezar de cero cada cuatro años

Cuando llegué al Congreso estaba en riesgo el Hospital de cuarto nivel. Dado los nulos avances en la ejecución por parte de la Gobernación, la nación había pedido la devolución de 200 mil millones de pesos que había desembolsado. Venía un nuevo plan de desarrollo y la elecciones de nuevos gobernantes locales que debían entender la dimensión de este tipo de proyectos y el riesgo de no ejecutarlo con eficiencia.

Ahí entendí la importancia de preguntar, de presentar proposiciones conjuntas, de articular. De Risaralda, estaban Samy Merheg y Aníbal Hoyos en comisiones económicas, que revisaban conjuntamente el Plan Nacional de Desarrollo en su primera instancia y fase donde se puede incidir con la priorización de apuestas regionales. Se sumaba a lo anterior, la comprensión del intríngulis de la burocracia bogotana que varios periodos le habían permitido a Diego Patiño adquirir. El interés por nuevos temas que traía mi compañera Carolina Giraldo y mi intención de buscar la forma de avanzar en esos proyectos que tenían financiación nacional y tener a Risaralda en el mapa, entendiendo que esto requería un trabajo articulado y en bloque, pues solos somos una voz entre casi 300 congresistas.

No fue fácil ayudar a articular. Pero funcionó.

Gracias a ello, Risaralda tiene hoy avances concretos: el Centro de Ciencia en Biodiversidad CIBI con más del 85% de ejecución; el programa Vías del Samán, que a pesar de los retos, inició con la construcción de la doble calzada La Romelia – El Pollo y nos entregó la intersección de Galicia; el Hospital de Cuarto Nivel, en obra y con importantes avances; la inclusión del tramo Yumbo-Caimalito en el Tren del Pacífico con estudios que llegarán hasta La Virginia para que se conecte con el Tren del Café; el Parque El Vergel que recibió más de 10 mil millones de Fontur; la PTAR de Pereira y Dosquebradas, que tuvo que casi que duplicar su presupuesto, pero que hoy cuenta con cierre financiero de $465 mil millones y está en licitación. Proyectos donde, ninguno de ellos, toma menos de 4 años.

Ninguno de esos logros habría sido posible trabajando en solitario. Todos requirieron sentarse con el distinto y sostener una agenda regional por encima de los intereses particulares, que bien ayudó a articular la Gobernación y quien hace la secretaría técnica del Bloque Parlamentario de Risaralda: la Sociedad de Mejoras de Pereira.

Por ello, en estas semanas previas al cambio de periodo, le pedí a la Gobernación y a la SMP una reunión entre congresistas salientes y entrantes. Así como, por mi parte, me reuní con congresistas electos de Risaralda de distintos partidos buscando un ejercicio serio de empalme. Porque la política no puede funcionar como si cada cuatro años hubiera que reinventarlo todo. Cuando eso sucede, existen reprocesos y se pierde contexto, relaciones institucionales y conocimiento técnico acumulado. Los proyectos se frenan, las curvas de aprendizaje se alargan y la ciudadanía paga el costo.

Y el momento no da espera, porque Risaralda enfrenta retos que exigen trabajo inmediato.

El primero es la PTAR de Pereira y Dosquebradas, probablemente la obra ambiental más importante de nuestra historia. La licitación ya está abierta y hay que blindarla: hacerle seguimiento y evitar que una mala estructuración ponga en riesgo a Aguas y Aguas, una de las empresas públicas más sólidas -y también más expuestas- que tiene Pereira.

El segundo es el futuro vial del departamento. Con Vías del Samán desbloqueamos la intersección de Galicia por $65 mil millones que hoy es una realidad, avanzamos en la segunda calzada La Romelia-El Pollo e iniciamos los estudios y diseños de la doble calzada Cerritos-La Virginia. Pero el paquete vial que necesita Risaralda en ese corredor supera $1,2 billones y hoy no hay cómo cubrirlo solo con los recursos del peaje Cerritos II. Esa brecha hay que cerrarla con gestión, no con promesas.

El tercero es Autopistas del Café, concesión que finaliza, y sobre la cual durante cuatro años insistimos en debates de control político, reuniones con los Ministros de Transporte y Presidentes de la ANI y pronunciamientos públicos sobre la necesidad de un modelo más justo para el Eje Cafetero. Lo que está en juego y aún no es claro es: cuántos peajes permanecerán, cuánto costarán y, sobre todo, dónde se invertirán esos recursos. Lo que se recauda en la región debe reinvertirse en resolver los cuellos de botella del Eje Cafetero, especialmente la conexión Pereira-Dosquebradas. Hemos cuestionado la IP Conexión Centro porque concentra la inversión en el tramo nacional Calarcá-La Paila mientras el grueso de los peajes sigue estando entre Manizales-Pereira-Armenia. No es justo que la región asuma las cargas sin recibir una inversión proporcional a sus necesidades.

El cuarto es el corredor férreo. Si se consolida el intercambiador modal en la Plataforma Logística de Occidente PLOC que conecte el Tren del Pacífico con el Tren del Café, Risaralda se seguirá consolidando como un nodo estratégico del país. Eso, a largo plazo, transforma la economía del departamento.

Ninguno de estos proyectos avanza solo. Todos necesitan una bancada unida, con agenda clara y capacidad de interlocución con el Gobierno Nacional, quienquiera que lo lidere o articule.

Por eso me reuní con quienes, más allá de sus diferencias ideológicas y partidistas, han demostrado un interés genuino en trabajar por el departamento: congresistas del Centro Democrático -Durguez Espinosa-, del Pacto Histórico -Fernando Arias y María Eugenia Londoño- y del Partido Liberal – Fredy Arias-. No porque pensemos igual, sino para construir con quienes tienen claro que llegaron a servir a Risaralda. Hay quienes no hicieron parte de ese ejercicio ni de la reunión de empalme del bloque parlamentario, y esa también es una señal.

Mientras en Bogotá el debate político orbita alrededor del espectáculo electoral, las regiones necesitan gestión, continuidad y trabajo articulado. Lo que se construyó en estos cuatro años no es un punto de partida que se hereda automáticamente, es un camino que hay que decidir continuar.
Risaralda no puede darse el lujo de empezar de cero cada cuatro años.

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