LO QUE HA DE SER, QUE SEA.

OpiniónLO QUE HA DE SER, QUE SEA.

Es impropio decir que Abelardo de la Espriella ya ganó las elecciones, pero al mismo tiempo sería una ingenuidad no reconocer que todo está servido para que ello suceda. La razón para llegar a esta conclusión no es ni siquiera el 44% logrado en la primera vuelta ni los 600.000 votos de ventaja que logró el tigre, sino, pensando más de fondo, la razón del éxito y de ese clímax que está viviendo la derecha tiene explicación, no tanto en los propios méritos de la oposición, porque el discurso es el mismo, aunque más agresivo, sino en la excesiva intervención del presidente Petro y otros motivos asociados a la forma cerrada en que se orientó la campaña por parte del Pacto Histórico.

Para la otra mitad de Colombia que piensa que el país debe seguir por la senda de la transformación social, el voto en blanco no es una opción, porque, entre más alta sea la votación de Cepeda, aún en el evento de perder, mayor será la legitimidad de esa orilla ideológica que, según los números de la primera vuelta, se ha consolidado; sin embargo el progresismo se tiene que recomponer y hacer la catarsis de muchas malas decisiones, entre ellas el sectarismo y la forma de comunicar; deberá fijar una posición más vertical frente a la corrupción y especialmente deberá reconsiderar sus liderazgos y la estrategia para las grandes reformas cuyo camino principal definitivamente no es una nueva constituyente; de hecho, el afán por convocar al Pueblo es lo que en su momento le dio ventaja argumentativa  a la oposición, frente a un mecanismo que, siendo legítimo, fue aprovechado como caballito de batalla para meterle miedo a la gente con el cadáver insepulto del comunismo.

Para la izquierda quizás perder pueda significar “ganar un poco”, puede ser el nuevo comienzo del camino hacia un mejor país y una mejor sociedad, seguros que ya no arrancan de cero, porque en Colombia ya hay una conciencia de la justicia social y de una lucha que tiene que seguirse dando por la vía política. No necesitamos un nuevo estallido.

De esta campaña me quedaron varias sensaciones, 1) Petro se ha sobreactuado y ha perjudicado a Cepeda; 2) Cepeda reaccionó tarde, tenía que empoderarse mucho más de su rol de candidato, algo que quizás no quería, porque lo pensó mucho antes de aceptar la candidatura. 3) En su momento fue meritoria la postulación de Francia Márquez como vicepresidente, y ahora la de Aida Quilcué como candidata a ese mismo cargo, entendida como un reconocimiento cultural y un acto de desagravio con los pueblos ancestrales y las minorías, pero ese simbolismo frente a la fórmula que hoy tiene el tigre es inocente e inocuo, no suma en el componente programático, no suma en los votos; Aida Quilcué, no resiste dos minutos de debate con José Manuel Restrepo y 4) Abelardo de la Espriella siempre supo que su electorado estaba jugado y tenía una dinámica propia de crecimiento, que no obedecía a los lineamientos de los partidos tradicionales ni de los caudillos y por eso se dio el lujo de decirle que NO a las adhesiones, situación que cambiará muy seguramente cuando arranque el gobierno y aterrice en la realidad de que deberá hacer alianzas con las bancadas en el Congreso, cuando ya no podrá decir que no trabajará con «los de siempre»; ahí nos daremos cuenta de qué estaba hecha su campaña.

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