LA EDUCACIÓN PÚBLICA NO PUEDE CONVERTIRSE EN UN PÚLPITO

OpiniónLA EDUCACIÓN PÚBLICA NO PUEDE CONVERTIRSE EN UN PÚLPITO

El primer gran mensaje de un gobierno suele estar en sus nombramientos, esto no habla solamente de personas y sus cualidades, habla de prioridades. Por eso el anuncio de Viviane Morales como Ministra de Educación merece una discusión mucho más profunda que la simple simpatía o antipatía hacia una figura política.

Colombia es un Estado laico, así lo establece la Constitución de 1991 y así debe reflejarse en todas las instituciones públicas. Por eso, la discusión no es sobre las creencias personales de la nueva ministra, que son bien conocidas, sino sobre el papel que debe cumplir el Ministerio de Educación en una democracia pluralista.

Por eso la pregunta no es quién es Viviane Morales, sino qué entiende este gobierno por educación. Durante la campaña de Abelardo de la Espriella se habló de recuperar el país, fortalecer las instituciones y preparar a Colombia para competir en un mundo cada vez más tecnológico. Por eso, era apenas lógico pensar que el Ministerio de Educación sería liderado por alguien con trayectoria en pedagogía, investigación, política educativa, innovación o gestión del sector para sacar adelante la ‘Patria Milagro’.

Pero ocurrió exactamente lo contrario, Viviane Morales no proviene del mundo educativo, no ha construido una trayectoria alrededor de la calidad docente, la educación inicial, la permanencia escolar, la educación rural, la ciencia o la transformación digital. Su principal reconocimiento público ha estado ligado a sus posiciones políticas y religiosas, varias de ellas regresivas con las libertades individuales, en especial las de la comunidad LGBTIQ+.

Y ahí es donde se prenden las alarmas, porque el problema no es que una ministra tenga convicciones religiosas, ni mucho menos. Colombia es un país profundamente creyente y la libertad religiosa hace parte de nuestra Constitución. Sin embargo, es problemática cuando desde las creencias se pretende impartir política pública para todos. Por eso, sería lamentable que desde el Ministerio de Educación se impulsaran medidas regresivas frente a derechos que la sociedad colombiana y la Corte Constitucional han venido conquistando durante décadas.

El Ministerio de Educación no está llamado a formar creyentes, su deber es el de formar ciudadanos libres capaces de pensar, cuestionar, debatir, investigar y convivir en una sociedad diversa.

Además, nuestro sistema educativo tiene desafíos enormes: la calidad del aprendizaje, la deserción escolar, la educación rural, la formación de los docentes, la inteligencia artificial en las aulas, el bilingüismo, la ciencia, la investigación y la transformación digital.

A pesar de lo anterior, el primer gran debate que plantea este nombramiento parece ser una batalla cultural y eso debería preocuparnos; porque la educación pública no existe para imponer una visión única del mundo, su propósito debería ser que las nuevas generaciones aprendan a pensar por sí mismas. Y es que la libertad de cátedra, la autonomía escolar, el libre desarrollo de la personalidad y el respeto por la diversidad no son concesiones ideológicas, son principios constitucionales que deben respetarse.

Además, no podemos olvidar que la discriminación y la intolerancia cuestan vidas. De acuerdo con Caribe Afirmativo, en el 2025 cada 32 horas fue asesinada una persona LBGTIQ+. Por eso, preocupa que el Ministerio de Educación pueda convertirse en un escenario para promover una agenda que limite derechos, desconozca la diversidad o pretenda retroceder en conquistas sociales que han costado años de lucha.

Recuerdo una frase de uno de mis profesores universitarios que nunca olvidaré: “para aprender de verdad, primero había que arrinconar los dogmas. Solo así había espacio para la evidencia, el debate y la fundamentación”. Quizá esa siga siendo la mejor definición de lo que debería hacer la educación pública, no formar creyentes de una única verdad, sino ciudadanos libres capaces de pensar por sí mismos.

2 COMENTARIOS

  1. Muy preocupante este nombramiento y sus planteamientos, por el temor de tener retrocesos en aspectos en los que ya habíamos logrado importantes avances. El respeto a la diferencia debe ser el lema que guíe a las nuevas generaciones, sin inculcar dogmas excluyentes que solo conducen a la discriminación y a la violencia.

  2. Buen día Don Alejandro. Gran escrito.

    Yo soy un convencido, postura que está sujeta al debate y al cuestionamiento, pero siempre he visto que la mejor estrategia para acabar una institución, un proyecto, un colectivo, en fin….es que sea dirigida por alguien que se hace el torpe y «el burro», pero realmente sigue directrices de aniquilación por parte de sus líderes ,sin importarle ser señalado de inepto, tonto, incompetente,falto de experiencia entre otras, porque su misión que le toca aceptarla es acabar con todo actuando como lo mencionado en este párrafo.

    Nada surge de manera espontánea ya que todo está fríamente calculado y con sus planes de contingencia por si sucede algo . La verdadera malicia y sabiduría en la política no está en mirar al títere sino al titiritero.

    Se nombran incompetentes y seudo locos para acabar con todo porque tienen «el paraguas perfecto» para justificar su error calculado.

    Feliz día.

    Feliz día.

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