¿QUE LAS MUJERES NO VOTEN?

Opinión¿QUE LAS MUJERES NO VOTEN?

Uno de los logros más significativos en favor de las mujeres es que puedan ejercer su derecho al voto, como cualquier hombre.

No es necesario invocar a quienes desde los 1800 hacia acá han impulsado la idea de igualdad de derechos con el hombre, incluidos en los Derechos Humanos Universales, que en Colombia promovió Antonio Nariño y que devino en que la mujer colombiana lo ejerciera desde el año 1957.

Ahora, 2026, surge esto en los EEUU: Nueva alerta por el movimiento ultra conservador de mujeres! Ellas sugieren que se les quite el derecho a votar porque sus maridos hablan por toda la familia!.

Irónicamente, este movimiento está liderado por una mujer, Érika Kirk. Quien desde el mismo Congreso de los EEUU propone quitarles a las mujeres el derecho al voto para que decida el esposo por toda la familia. Y no se trata únicamente de perder el derecho a marcar un papel. Es volver a considerar a la mujer como una persona cuya voluntad política puede ser representada o controlada por un hombre.

El voto representa algo mucho más profundo: reconocer que una mujer es una ciudadana adulta, con criterio propio y con la misma capacidad jurídica y política que un hombre.

Y la cosa se vuelve mucho más preocupante cuando ideas de este tipo comienzan a acercarse al poder político.

Porque una cosa es que un grupo marginal diga “las mujeres no deberían votar” y otra muy diferente es que funcionarios, partidos o gobiernos empiecen a normalizar discursos de subordinación o a impulsar medidas que obstruyan o nieguen el derecho del voto.

Y lo otro: no estamos hablando de un simple grupito de mujeres ricas que como no tienen más que hacer salen hablar mierda aunque sea en contra de ellas, no. Acá hay otra realidad y es que, el gobierno de Trump está detrás de este movimiento.

Por eso, importa tanto lo que ocurre en Estados Unidos: porque sus decisiones no siempre se quedan dentro de Estados Unidos y peor si tienen el apoyo de un presidente ultraconservador, que quiere retroceder derechos.

Porque una idea extrema defendida por un grupo pequeño es preocupante. Pero, una idea extrema que apoyo, legitimidad o protección de un gobierno es muchísimo más peligrosa.

En el gobierno de Trump no es un secreto que su administración está impulsando activamente algo se llama el SAVE America Act, que exige requisitos de identificación y prueba de ciudadanía para el registro/voto y que ha llamado la atención por organizaciones de derechos civiles porque puede dificultar el acceso al voto de ciudadanos elegibles.

Por eso hay que mirar más allá de la frase “quieren quitarles el voto a las mujeres”. El verdadero peligro está en normalizar nuevamente la idea de que una mujer no es una ciudadana política completamente autónoma.

Porque cuando una sociedad empieza a aceptar que una mujer necesita que un hombre hable políticamente por ella, el problema ya no es solamente el voto. Es la autonomía, la LIBERTAD que mucho ha costado en este mundo conseguir para la mujer.

Lo irónico de la propuesta es que basadas en la Biblia afirman que “El hombre representa a la familia y, por tanto, puede votar por todos”. La consecuencia de ello, es que la mujer deja de ser considerada un individuo político independiente. Y ahí aparece algo todavía más grave: el voto es solamente una de las expresiones de ciudadanía.

Históricamente, cuando se establece que la mujer debe estar subordinada al marido, esa lógica puede extenderse a:

Su capacidad de tomar decisiones económicas;

Su autonomía sobre su patrimonio;

Su participación laboral;

Sus decisiones reproductivas;

Su posibilidad de divorciarse;

Su acceso a cargos públicos;

Su capacidad de decidir sobre la educación de sus hijos;

y, en general, puede perder el derecho a decidir por sí misma.

Por eso la discusión no debería plantearse como “¿las mujeres deberían votar?”, sino que cuando una sociedad empieza a aceptar que las mujeres pueden tener menos libertad, menos autonomía o menos participación política que los hombres, no solo están en riesgo las mujeres de ese país.

También se debilita la idea de que la igualdad de derechos es un principio universal.

Una persona que responde a esta noticia diciendo que “eso es una pendejada” descarta todo el tema sin siquiera analizarlo, puede estar demostrando:

•Desconocimiento: no comprender las consecuencias históricas y políticas de lo que se está planteando.

•Minimización: está reduciendo un problema potencialmente serio a algo insignificante.

•Falta de pensamiento crítico: en lugar de cuestionar los argumentos o revisar la información, simplemente los descarta.

•Normalización: si se habla de quitar derechos y responde que es “una pendejada”, está tratando como algo normal o inofensivo algo que merece preocupación.

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