jueves, febrero 5, 2026

A PRUEBA LA POLÍTICA DE SEGURIDAD HUMANA

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Al iniciar el gobierno de Petro, éste proclamó su línea programática de “Paz total”, con alcances territoriales e integrales, en cuya base descansa la política de “seguridad humana”, por oposición a la llamada “seguridad democrática”, implementada por el expresidente Uribe Vélez (2002-2010).

La historia reciente, da cuenta de los resultados nefastos y macabros de la Seguridad de Uribe, por no contar los efectos antidemocráticos y antisociales: Miles de asesinatos por cuenta de agentes del Estado, conocidos como “falsos positivos; retomas a sangre y fuego con participación de paramilitares, como fue el caso de la Comuna XIII en Medellín y su escombrera, y la connivencia vergonzosa entre las fuerzas militares con criminales de guerra como fueron las alianzas de brigadas enteras con varios frentes de las AUC.

Si necesitábamos una prueba de la justeza, el sentido de privilegiar la vida y la integridad de la población civil de la “Seguridad humana”, la hemos palpado de cuerpo entero en los últimos diez o doce días en el Catatumbo (derivada de la voz indígena “la casa del trueno”).

La acción demencial del ELN, como se sabe ampliamente, ejecutando asesinatos selectivos de firmantes de Paz y el secuestro de muchos de ellos, y de militantes de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano, el confinamiento de poblaciones enteras de veredas y corregimientos, y un desplazamiento masivo de la población hacia Cúcuta, Tibú, Ocaña, entre otros municipios, alcanzando la monstruosa cifra de más de 40 mil personas. Todo un conjunto de hechos que constituyen crímenes de guerra y de lesa humanidad, que violentan gravemente los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Los señores del ELN, deben sopesar los sufrimientos terribles a que han sometido a la población de una región duramente golpeada por el conflicto social y armado. Ya habrá ocasión de analizar un poco más a fondo, las consecuencias que su insensata acción ha ocasionado. Por lo pronto, claramente se ve cómo el denominado COCE (Comando Central), ha perdido no sólo control orgánico de sus frentes sino  su autoridad política y ante todo, el repudio que se extiende en la población por sus acciones. La paz es para y con el pueblo, nunca contra él.

Frente a ese estado de cosas, la ultraderecha grita y exige “guerra total”, tierra arrasada, sueñan con los bombardeos así caigan niños o niñas, así se lleven por delante a la población civil, al viejo estilo de Uribe Vélez.

Al contrario, Petro ha priorizado y privilegiado la protección de la población civil. Por eso hemos visto a los militares con todos sus recursos, extrayendo civiles de los lugares donde estaban a merced del ELN, haciendo corredores para escoltar a la gente a los municipios más cercanos, la Fuerza Aeroespacial, ha transportado sólo desde Bogotá cerca de 450 toneladas de ayuda humanitaria dispuesta por el gobierno nacional; las entidades del Estado competentes en casos como éste se han volcado a la región para ejecutar la acción humanitaria en coordinación con el Gobernador de N. de Santander y los alcaldes de los municipios afectados. Como se ve no es el delirio de guerra el que se impone con que sueña la derecha y con contar en miles de litros de sangre sus resultados; aquí lo que se impone es la seguridad humana que se cuenta en las miles de vidas salvadas.

Colateralmente, y al sacar a la población de la región, el ELN se debe sentir solo en la región y corre el riesgo de sufrir grandes reveses militares, ya que políticamente ha cosechado todos los reveses que se puedan imaginar sus jefes.

Así, la política de seguridad humana le gana el pulso a la fementida “seguridad democrática” de corte terrorista de la ultraderecha, y esta bandera sí que es necesario levantarla con fuerza.

Un último detalle: el “estado de conmoción interior” decretado por el gobierno, lejos de poner en marcha medidas de guerra delirante, lo que hace es señalar que para lograr la paz, se requiere avanzar en el Pacto por el Catatumbo, y sí vienen medidas impositivas, pero no contra los sectores populares como le gusta a la derecha, no señores, medidas para que quienes amasan grandes fortunas vía exenciones, aporten al logro de la paz, como es el caso del impuesto a los juegos de azar en línea.

¡La nota! “Las cuchas tenían razón”, y de eso da cuenta el movimiento cultural juvenil y popular que se ha despertado en todo el país, llenando de murales a ciudades y pueblos en solidaridad con las madres buscadoras de sus seres queridos en la inmensa tumba común en que convirtieron la Escombrera el Estado y Paramilitares. Ya están documentados varios casos de restos encontrados allí por la JEP, demostrando que fueron ejecutados entre 2002 y 2003, época de la criminal operación Orión. La verdad no la podrán enterrar ni acallar, señores Uribe y Fico.

 

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