Se es mamá tantas veces la vida ponga en nuestras manos, otras; las de los nietos
Llegó una mañana de marzo, apuntando el alba, y después de muchas horas de espera al parecer interminables ante tu llegada, pero, fue mayor el anhelo de continuarla, sin que se pusiera en contravía el frío o el cansancio, simplemente me perseguía alcanzar el sueño de verte, observar cada rasgo, (tus manos, pies, tus sentidos… todo) escudriñarte lentamente y observar la perfección. Agradecer por ello.
El calendario señalaba de frente cómo corrían los días con sus prisas y en medio de ellos, construimos vínculos, los vínculos que se van dando, que se fortalecieron con el arte, acción donde coincidíamos para plasmar imágenes, escritos, frases, historias producto de la deconstrucción de otras, pero, que inspiraron (La Divina Comedia, El Árbol Especial, La Creación del Mundo ), por ejemplo, con tus inquietudes ortográficas y de puntuación que hoy puedo leer de cuando en cuando para sentirte cerca, a mi lado, como antes. Como años atrás.
Hoy, cada página de esa bitácora que puebla la biblioteca de esta casa y que construimos juntas me remite a esas etapas donde la espontaneidad, inocencia, ternura y picardía acompañaban las mañanas o tardes de entretenimiento, de ser nosotras: nieta y abuela.
Pero, la realidad se construye y con ella se van gestando nuevos proyectos, se conciertan ideas que se llevan a cabo quizás con una cuota de sacrificio, pero, al fin son logros.
Ahora no te tengo cerca, nos separan millas de distancia, creció tu cuerpo, tus metas, tus anhelos, estás siendo tú.
Mi vida tuvo que reconstruirse y parte de ello te lo debo. Aprendí que amar siendo el más sublime sentimiento, no es del todo nuestro y despojarse de lo que no es propiedad, nos sumerge en un abismo profundo, imposible de llenar. Comprenderlo es un tanto difícil, pero, necesario.
Amar también es darle paso al otro para que tenga libertad y pueda volar a otras experiencias que serán su complemento y le ayudarán a crecer. A ser.
Puedo hablar con la certeza de que la vida me regaló una princesa que habitó en un castillo y hoy es una doncella en búsqueda de su reino.
Guardo en este corazón que habita en soledad como un proceso normal de vida, infinitas alegrías que lo han convertido en un valioso contenedor de sentimientos y con ello me basta. Ahí permaneces.
No sé si la vida me dé la oportunidad de contemplarte en toda tu proyección, pero, el tiempo que me quede será para bendecirte, aconsejarte y agradecer al Todopoderoso por tu existencia.
Quiero recordarte que, a pesar de la distancia te siento aquí, te espero aquí, te llevo en mí, porque ella no será obstáculo para seguirte amando como lo he hecho siempre.
Me enorgullece tu entrega en lo que haces, en cada paso que das, en lo brillante que has demostrado ser académicamente; al cocinar y poner magia en cada preparación; en tu entrega familiar; en tu sensibilidad, en tu capacidad de ver y analizar el mundo que te rodea.
“En tu camino has visto el invierno, sin que te empape. Pasó sin dejar huella, no cambiaste tu ropaje; el verano llegó para abrigar tu camino; el otoño, te recibió complacido viéndote brillar llena de paz y con tu sonrisa que convida a recibir la primavera, como la estación que vives plenamente”.
Hay ángel en ti, sobre todo en tu sonrisa. Sonríe siempre, en esa acción se transfigura mi alma.
Te quiero.
Felices quince años.


