«Animémonos y vayan» era una frase común que usábamos en familia para referirnos y burlarnos de aquellos casos en los que alguien proponía algo, pero para que los demás lo hicieran. Hay algunos seres humanos que son bien caraduras y creen que pueden ir pontificando desde la comodidad de sus sillas sobre lo que otros deben hacer y se olvidan de lo que les corresponde. Dos columnas de opinión esta semana han circulado por las redes sociales, una del exalcalde Álvaro Ramírez y otra del dirigente Juan Nicolás Gaviria, en la que se vienen lanza en ristre contra las organizaciones y colectivos cívicos que se han venido conformando en la ciudad y que tienen como objetivos principales promover el civismo, la cultura ciudadana y la pereiranidad. Ambos personajes manifiestan que sobre el tema de la avenida de los colibríes y las actuaciones judiciales recientes relacionadas con los hechos de corrupción que la envuelven, todas estas organizaciones «se rasgan las vestiduras desde el sofá, emiten comunicados indignados y escriben columnas inflamadas, pero no mueven un solo dedo para constituirse como víctimas, para exigir como veedurías …». Que dichos colectivos debemos «pasar de las definiciones a la acción sin más documentos teóricos, ni más diagnósticos trasnochados». Y que «debemos aterrizar y untarnos de Pereira».
Vaya actitud tan pendenciera y arrogante. Tan fácil que es juzgar sin conocer y ponerles a los demás responsabilidades que no tienen. Hago parte de varios de esos colectivos y no puedo menos que sentirme ofendido y agredido como simple ciudadano que quiere prestar su tiempo y sus esfuerzos para contribuir a que la ciudad recupere su espíritu y liderazgo de antaño. Ninguno de estos dos columnistas conoce los planes y acciones de estos colectivos, que por cierto han decidido trabajar en conjunto y armónicamente, ni se han preocupado por integrarlos y apoyarlos. Asistir a un foro o tener una columna de opinión no les confiere atribuciones para emitir juicios facilistas y desinformados.
Con valor y entereza «Vigía Cívica» ha denunciado las irregularidades, defectos y pecados que acompañan muchos de los procesos de contratación del estado y que tienen que ver con el desarrollo de nuestra ciudad y nuestro departamento. Pese al desinterés cómplice de muchas empresas y de muchos ciudadanos «de bien» este colectivo ha puesto el dedo en la llaga en más de una oportunidad y ha luchado con denuedo contra la creciente corrupción que nos agobia. Ahora «Pereira Cívica», otro naciente colectivo ciudadano, ha querido sumarse al desasosiego que sufre la comunidad —ante el vencimiento de términos dentro del proceso judicial que se adelanta contra el exalcalde Carlos Maya y otros funcionarios y contratistas— denunciando hechos «extraños y anómalos» ante los entes obligados a actuar y ante la opinión pública. Otra valerosa acción que debería merecer el aplauso ciudadano antes que la crítica irresponsable.
Aunque los jueces y fiscales en Colombia tengan la atribución de priorizar los procesos que cada uno de ellos adelantan no puede inferirse sin pruebas que el vencimiento de términos (contemplado en la ley) sea un hecho tangible de corrupción. Hay organismos e instancias que tienen la responsabilidad de estar al tanto de estos hechos y actuar de conformidad. A ellos acuden estos colectivos cívicos de Pereira en vez de sentarse en sofás cómodos a escribir columnas pendencieras.
A estos dos columnistas los invito a que se unan y se integren a cualquiera de estas organizaciones y voluntariados para que sus lamentos se conviertan en acciones y a mi amigo periodista Luis García Quiroga a que no haga eco de mensajes tan inoportunos y desubicados.


