jueves, abril 2, 2026

AVENTURAS ELECTORALES: LA HAZAÑA DE “UNIDOS POR SANTA ROSA”

OpiniónAVENTURAS ELECTORALES: LA HAZAÑA DE “UNIDOS POR SANTA ROSA”

En la historia política reciente de Risaralda, específicamente en Santa Rosa de Cabal, ocurrió una gesta que marcó el giro del municipio hacia los gobiernos por fuera de los partidos políticos tradicionales, esta gesta estuvo en cabezada por un joven concejal.

Pero…, esta historia empezó años antes; en el año 1990 cuando llegué trasladado como docente al Instituto Técnico Industrial Nacional de Santa Rosa de Cabal, tuve la ocasión de conocer al joven Carlos Eduardo Toro Ávila, estudiante de grado 10, líder del Consejo Estudiantil, organismo, por aquellas calendas: secreto e ilegal, con tanta autoridad y capacidad de movilización que le era fácil organizar un paro sin necesidad de grandes arengas o exhibiciones públicas ruidosas.

Carlos Eduardo era un entusiasta de la séptima papeleta, la invitación al pueblo de Colombia a una Asamblea Nacional Constituyente encargada de reformar la goda y retardataria Constitución de 1886 que se había encargado de enterrar el proyecto de un país federalista para retornar al centralismo asfixiante, que ahogaba toda participación de las regiones en el manejo de sus destinos,: “Este movimiento es recordado como una “revolución pacífica” que modernizó la democracia colombiana y dio paso a una nueva carta política con más garantías y derechos” (You Tube+1). El entusiasmo, dinamismo y carisma de Carlos Eduardo, me cautivaron y me volví un entusiasta de esta causa estudiantil, la que compartí e intenté difundir.

Pasado el tiempo del bachillerato, mi amigo Carlos Eduardo militó en la AD-M19, movimiento político creado a partir de la exitosa negociación del proceso de paz entre el Estado y la guerrilla del M-19,  la que en Santander fue muy popular en los años ochenta, época de mis estudios de licenciatura en Ciencias Sociales y de efervescencia intelectual y contestataria estudiantil, sobre todo por el impacto causado por el paso a la clandestinidad y el ingreso a las filas de ésta guerrilla, de personajes como el médico Carlos Toledo Plata, suceso divulgado por radio, prensa y grafitis en muchas calles sangileñas y santandereanas.

Carlos Eduardo se inició en política y llegó al Concejo Municipal de Santa Rosa, periodo en que se destacó como un fogoso orador y opositor a los proyectos en contra de la comunidad, les dio sopa y seco a los políticos tradicionales del municipio apoltronados y apolillados en sus tronos de caciques politiqueros.

Ya no recuerdo cómo nos reencontramos con Carlos y empecé a girar en su órbita política, lo acompañe, haciendo frente común con líderes de Salvación Agropecuaria en la oposición al intento gringo del ALCA (“Área de libre comercio de las Américas”), finalmente convertido en TLC (Tratado de “Libre Comercio”) entre USA Y Colombia, firmado de rodillas por Uribe e impuesto a nuestro país por el amo yanqui; en esa época me desempeñe como presidente del SER (Sindicato de Educadores de Risaralda), filial Santa Rosa y, pude asistir a marchas en contra de ese perverso tratado y denunciar los que serían sus efectos nocivos sobre nuestra economía y soberanía.

Cuando henchido de orgullo y de odio contra el pueblo colombiano, el presidente Uribe impulsó su nefasto Referendo, Carlos Eduardo, mi señora Margarita Luna, unos poquísimos amigos y yo nos dedicamos a recorrer en condiciones de precariedad económica y logística barrios y casetas de acción Comunal del municipio, explicado porqué los ciudadanos debían abstenerse de salir a votar ese Referendo (Abstención activa al Referendo), para evitar que el referendo lograra el 25% de votantes que requería para ser aprobado.

Unas jornadas inolvidables, entre ellas recuerdo especialmente las realizadas en las lejanas veredas del sur del municipio: Planadas, volcanes, etc., a las que es más más fácil llegar por Pereira, las que recorrimos a pie y, en algunas ocasiones hasta trotando para cumplir la agenda programada con las diversas comunidades, reuniones a las que, a pesar del desgaste físico, no siempre llegábamos a tiempo, pero donde deferentemente nos esperaban y escuchaban.

Por esta lucha contra el Referendo uribista, Carlos Eduardo (seguramente), no llegó de nuevo al Concejo, porque a pesar de ser el más votado en esa elección con 900 sufragios, su lista no alcanzó el umbral faltándole 21 votos y quedó por fuera de la corporación edilicia para alegría de gamonales y malquerientes políticos que se quitaban así, un formidable contendor y fiscalizador.

Al día siguiente de la pérdida electoral, Eunice, una compañera perteneciente al personal administrativo del colegio me dijo con total convicción: “ya que le robaron las elecciones a Carlos, que ahora se lance de candidato a la alcaldía”, planteamiento que me sonó utópico, pero no imposible y, ese mismo día Carlos recibió esas mismas palabras de apoyo de otros de sus electores, recuerdo en especial las palabras de don Darío Echeverry, abuelo materno de mi nieto mayor: “Carlitos, ahora le robaron el puesto de Concejal, vuélvase alcalde”, de manera que sin tener como propósito ser alcalde municipal, este deseo expresado con ingenuidad por el sentir popular, pasó a ser el proyecto político de Carlos Toro; siempre me ha dolido que el exgobernador Víctor Manuel Tamayo, sin tener mala fe, y sin siquiera sospecharlo se apoderó del lema de la primera alcaldía del hoy exalcalde Carlos Toro: ”Sentimiento de un pueblo”.

La petición de unos pocos “ingenuos”, creció y se convirtió en un sentir popular, se inició un proceso de conformación de un grupo político diverso y plural, con miras a escoger candidato a la alcaldía y a conformar un movimiento significativo de ciudadanos, diverso y variopinto que incluyó vendedores estacionarios, profesores, campesinos, militares retirados, amas de casa, un proyecto político popular, cuyo nombre final fue” Unidos por Santa Rosa”.

Buscando apoderarse del movimiento y la candidatura, llegaron varios paracaidistas, incluidos algunas del añejo partido conservador; una vez escogido Carlos Eduardo como candidato, se aclaró que no buscaría el aval de un partido político. El exconstituyente Germán Toro, ofreció el aval, pero con buen olfato Carlos entendió que el aval del Polo, en un pueblo tan conservador como Santa Rosa de Cabal (el vaticano godo del departamento) le restaría votos, además, según allegados y amigos de la campaña, en ese momento el proceso de recolección de firmas costaría alrededor de unos $12.000.000 de los que carecía el movimiento, aun así, de manera visionaria, Carlos decidió que su candidatura sería avalada con firmas ciudadanas.

El proceso de recolección de firmas fue un acto de fe y de participación ciudadana masiva,  el núcleo principal incluía al propio candidato y a un pequeño grupo que estuvo con él, en el tiempo de recolección casi de manera permanente, ese grupo estuvo conformado por Margarita, Rafael González, Fabio Londoño y yo, muchas veces se nos unieron mi compañero docente Norberto Marín y Liliana Cano esposa del candidato; a los de este grupo nos llamaron de manera despectiva “Carlos Toro y sus siete peludos”,  el resto del grupo de seguidores del candidato recogían firmas en sus zonas de influencia, barrio o vecindario, sitio de trabajo, juntas de acción comunal, veredas o en brigadas programadas en zonas específicas, con un fervor y compromiso que estamos seguros nuca volverá a ocurrir en este municipio o departamento.

El grupo liderado por el candidato salía en las horas de la mañana regresando en la tarde o en la noche, íbamos barrio por barrio, manzana por manzana y casa por casa, estilo evangélico predicando su fe, recibimos rechazos, regaños, quejas y muchas veces hasta insultos, pero a todos los que nos abrieron las puertas de su hogar, los escuchamos, los dejamos hablar y expresar su descontento e insatisfacción con la politiquería en el municipio, a la ciudadanía le hicimos una especie de catarsis, luego les presentábamos a Carlos quien los saludaba y socializaba sus propuestas y finalmente les solicitábamos sus datos personales firmas y huella dactilar (no fotocopias, ni firmas falsificadas como las del candidato payaso de la Espriella); a diario se recibían los formatos con las firmas ciudadanas y se hacía inventario sobre su número y cuantas faltaban para cumplir el requisito de 9.117 firmas del censo electoral vigente del municipio.

En ese tiempo de campaña, ocurrió algo maravilloso para nuestro movimiento, la primera valla política de nuestro candidato, que fue colocada en el sector del colegio Veracruz, por la salida a Pereira; fue algo histórico, se volvió una especie de sitio de peregrinación para nosotros ¡qué diferencia! En esta pasada campaña a Cámara y Senado, hubo tantas vallas, que ya repugnaban los rostros de algunos candidatos, sobre todo de aquellos que al parecer, tuvieron acceso a financiación del erario público.

Carlos Eduardo recibió ofertas del partido liberal y conservador para abandonar su candidatura y unirse a ellos, tuve el privilegio de acompañarlo a esas reuniones y escucharlo contra ofertar para que fueran ellos los que se retiraran y se unieran a nuestra campaña, haciéndoles ver que ellos estaban en declive y nuestro movimiento en alza, recogimos 14.401 firmas válidas, el día de la inscripción de nuestro candidato hubo una especie de carnaval popular que generó muchos comentarios favorables y la bola de nieve siguió creciendo.

Para poder inscribirse por firmas era necesaria una póliza de seriedad de $40.000.000, y ahí casi se acaba el proceso, otra vez por falta de dinero, por fortuna la esposa de uno de los cercanos al candidato, tenía en su poder esa cantidad que endosó a la aseguradora.

Para fortuna nuestra, ninguno de los tres candidatos del partido conservador se unió a otro de sus copartidarios, lo que facilitó que con 6700 votos eligiéramos al primer alcalde popular de Santa Rosa de Cabal por firmas ciudadanas, sin el aval de un grupo político, y menos de un partido tradicional; de esta manera, al final uno de cada dos firmantes votó por nuestro candidato.

El trabajo de la candidatura de Carlos Toro, derivó luego en el trabajo político que hicimos en “Unidos por Santa Rosa” dando a conocer al partido verde en Santa Rosa y Risaralda; en las siguientes elecciones logramos tres escaños en el Concejo Municipal de Santa Rosa, esas actividades políticas hicieron que los adversarios políticos en el municipio nos miraran y trataran con respeto, como a sus iguales, no sus subalternos.

Para terminar: Hoy por hoy, causa preocupación que después de dos controvertidos mandatos como gobernador el Dr. Víctor Manuel Tamayo, suene para un tercer periodo ¿Será necesario que la Constitución permita en Risaralda, la reelección perpetua de Gobernador?

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