Las maravillas de la anfibología: cuando el idioma se nos voltea y nos hace reír.
La lengua española es una acróbata sin red: cuando se confía demasiado, tropieza, se enreda, da un giro inesperado… y provoca carcajadas. La anfibología, esa ambigüedad involuntaria que permite dos o más interpretaciones, es la reina de los equívocos idiomáticos. En los avisos clasificados, anuncios apresurados, letreros callejeros y hasta titulares de prensa encuentra su escenario perfecto.
Este artículo reúne una amplia muestra –variada, amplia y curiosa– de esas frases que, por falta de precisión o de puntuación, terminan siendo pequeñas joyas humorísticas.
Cuadernos para niños plastificados.
Cuadros para niños pintados al óleo.
Cunas para niños de madera.
Jabones para niños con forma de hipopótamos.
Pelotas para niños de caucho.
Vestidos para niños hechos a mano.
Bicicletas para señoras usadas en buen estado.
Blusas para señoritas de seda.
Ropa para mujeres en liquidación total.
Zapatos para mujeres de cuero.
Pelucas para damas de colores.
Cinturones para caballeros de doble faz, ligeramente deteriorados.
Pañales para adultos desechables.
Requerimos empleada inútil presentarse sin referencias.
Mesas para familias de cuatros patas.
Máquinas de escribir para secretarias eléctricas.
Sillas para secretarias sin brazos.
Clases de canto para adulto lírico.
Jaulas para pajaritos de alambre.
Audífonos para sordos inalámbricos.
Peinetas para calvos sin dientes.
Rodilleras para políticos flexibles.
Vendo apartamento, con sala-comedor, cocina, dos habitaciones y baño a tres cuadras del parque principal.
Los gazapos auténticos son una mina de oro: revelan descuidos y prisas. Documentarlos no es una burla, es demostrar la fragilidad del lenguaje…, ese terreno en el que todos –tarde o temprano– patinamos.
Informe policial: “Tres delincuentes fueron detenidos por dos policías armados con cuchillos”.
(El Universal, México, 2014).
Titular: “Exigen profesores para niños con título universitario”.
(El Clarín, Argentina, 2001).
La anfibología no solo es un traspié de la sintaxis: es un espejo involuntario de cómo hablamos, pensamos y escribimos cuando lo hacemos de prisa y no nos escuchamos ni leemos a nosotros mismos.
La lengua es una criatura viva, inesperada y traviesa: cuando se descuida, se dobla; cuando se dobla, sorprende; y cuando sorprende, nos hace reír. Prevenir sus tropiezos es otra manera de honrar su vitalidad.
Acotación:
Gran parte de este material fue extraído de la revista Pa’ qué más… (1991/1995), editada por el mismo autor, “Ogil”.

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