jueves, febrero 5, 2026

BONHOMÍA LEGATUM AD INFINITUM 

OpiniónActualidadBONHOMÍA LEGATUM AD INFINITUM 

 

* Celebrar la verdad desde la grandeza de ser humilde. Vivir lejos de lo innecesario. 
* Ser buena persona, mejor proyecto de vida posible. Buen ser humano. 
¿Qué nos pasó como especie? ¿Por qué retornamos a la idolatría de barro o del mismo oropel? ¿Por qué tantos seres humanos perdidos en el paradigma de lo artificial, lo barato comprable al precio que fuere? «Solamente lo barato tiene precio…».
Los pobres diosecillos con pies de barro que ignoran la grandeza porque sólo tienen cabeza para el dinero y lo comprable, casi todo innecesario, en su precariedad forrada por el artificio monetario que les robó lo que valía la pena, vida digna ejemplar, ignoran que las marcas que más monetizan en su mundo son los nombres usados de seres trascendentes que nunca usaron monedas ni bolsillos.
Los de la guerra monetaria que daña tanta humanidad, jamás lograrán sumar el vil dinero que genera el uso del nombre del Cristo instrumento pretexto para todo lo que mueve la semana que comienza y todos los días de este mundo triste y envanecido.
Profetas, sabios de la humanidad en la real dimensión de la grandeza, despojados por autodeterminación de todo lo innecesario como el metal diseñado en monedas, billetes, para imponer todo lo que divide y mantiene en guerra a la especie sapiens degradada, perfumada, maquillada, disfrazada, son pretexto para mover los mayores volúmenes de transacciones y lucro. La esclavitud contemporánea es por tener algo en los bolsillos al costo que fuere, la vida misma, por ser vistos en algún lugar como alguien.
Los libertarios del desmadre arrasador por las monedas usando impuestos, no pasaron de ahí. Su posteridad indigente en miseria de grandeza dura lo que un billete o una moneda con su feo olor de mano en mano. ¿A cual rey midas con nombre propio conocen como buen ser humano en alguna parte? Sólo la vaga y triste idea de su metal como fuere, es la noción de su paso depredador.
Lo único que prevalece en la vida de los otros, la posteridad, es el buen ser humano con sus actos de vida digna sin daño ni engaño, para honrar la oportunidad de haber sido y estado en el paso terrenal. Nada más vive en las vidas dignas de valor y grandeza que valió la pena ser vividas y conocidas por sus congéneres. Nada de lo esencial y la grandeza se pudo comprar jamás. La verdad limpia nunca tuvo precio. Sólo la mentira puede ser comprada, pagada y eso es el oropel del poder y el despojo. Mentira, ruido, engaño, venalidad, todo ése artificio alucinógeno se mueve por las monedas y se esfuma en humo.
Ser buena persona, ser humano admirable por bonhomía, vivir sin dañar ni arrasar, con verdad fidedigna en sus actos, es lo único que vale la pena para muchos seres humanos que han legado su ejemplo verdadero en la trazabilidad del tiempo que lleva la especie en su existencia próxima al vencimiento por autodestrucción. Los «pendejos perdedores» llaman en su megalomanía de narcisismo maligno quienes se definen ganadores en su tormenta de ruido insustancial.
¿Qué saben las generaciones digitales nacidas con la cerviz doblada sobre las pantallas, de lo mejor de vivir en humanidad?. Ser buena persona y cuidar la excelencia interior que llega de conocerse y hacer el bien primero por dentro en el propio ser, consigo mismo para irradiar su esencia sobre quienes llegan a saber de su existencia, es suficiente para honrar este paso que termina en el final del viernes santo para cada vida.
La metáfora de la resurrección consiste en ésa posteridad imborrable, el legado testimonio de los buenos actos realizados. Nada de lo que resucita en cada vida, su ejemplo admirable, se compra ni es el oropel de un instante, es el proceso completo de una vida digna autónoma sin daño cero engaño. Por fortuna para la grandeza humana la verdad vive en cada espíritu vivo. Bonhomía es resurrección plena.

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