martes, febrero 3, 2026

CENSO ECONÓMICO DEL DANE: UNA RADIOGRAFÍA PARA ENTENDER OPORTUNIDADES

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Jaime Cortés Díaz

El reciente Censo Económico del DANE, realizado después de más de tres décadas, ofrece una radiografía de cómo funciona el país en materia productiva. Más allá de ser un ejercicio estadístico, es un insumo para comprender qué debe corregirse, qué puede potenciarse y hacia dónde orientar las políticas públicas en un contexto donde la informalidad supera el 60% y la productividad avanza a un ritmo insuficiente.

El censo confirmó que la estructura empresarial colombiana descansa, de manera abrumadora, en la microempresa y en unidades económicas de subsistencia. Mientras algunos sectores formales avanzan con tecnología y productividad crecientes, una enorme franja del país opera al margen de los beneficios del sistema financiero, la protección laboral y la innovación. Lo que antes se intuía, ahora puede medirse con precisión, barrio por barrio, municipio por municipio. Por eso el desafío central es la de instituir la formalidad con sentido facilitador. Uno de los aportes más importantes del consolidado es la lectura de algo confuso como la economía popular. Este universo de oficios, pequeños comercios, talleres y servicios cotidianos, muchos con altos niveles de vulnerabilidad, constituye un ecosistema productivo decisivo para la ocupación y el abastecimiento local. Sin embargo, el censo (que fue urbano) revela sus fragilidades: baja capitalización, escasa digitalización, inestabilidad en ingresos, informalidad laboral y mínimas oportunidades de escalamiento.

La formalización no puede seguir entendiéndose como un camino de trámites e impuestos. Debe traducirse en acceso real a crédito, asesoría empresarial, simplificación regulatoria, fortalecimiento de competencias y participación en cadenas de valor más robustas. La gran tarea es integrar la economía popular, reconocer sus lógicas y transformar sus capacidades, entendiendo que buena parte del aparato productivo del país está allí, en el barrio, en la vereda, en la tienda y en el taller. En consecuencia, es una razón nacional planear con datos para orientar políticas de desarrollo económico con enfoque territorial. No todos los municipios requieren lo mismo, ni todos los sectores demandan idénticas soluciones. El censo permite identificar zonas donde la intervención debe centrarse en infraestructura, otras donde lo prioritario es la financiación, áreas donde el reto es la digitalización, y territorios donde el cuello de botella es la seguridad o la logística.

Si Colombia aprovecha esta información con visión estratégica, podrá corregir desigualdades que han frenado el crecimiento. La política pública debe partir de los datos, no de intuiciones o discursos coyunturales.

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La medición confirmó que Risaralda es uno de los territorios con mayor densidad empresarial y dinamismo comercial. Su cultura emprendedora, su ubicación estratégica y su conurbación han permitido desarrollar una economía diversa y resiliente. El departamento presenta una proporción superior de establecimientos formales frente a otros de su tamaño, muestra de su tradición empresarial y de la articulación entre instituciones como las Cámaras de Comercio, las universidades y los gobiernos propios. Además, evidencia una diversificación productiva en comercio, manufacturas especializadas, textil-confección, logística, servicios, turismo y, cada vez más, actividades tecnológicas y creativas.

Risaralda también se proyecta en el mapa logístico. Carreteras como Pereira–Dosquebradas y la zona de La Virginia consolidan un nodo que se potenciará aún más con la Plataforma Logística del Occidente Colombiano (PLOC) y la recuperación del corredor férreo hacia el Valle del Cauca. Estas infraestructuras pueden convertir al departamento en un centro de distribución y agroindustrial con impacto nacional. He aquí su reto transformador y prioritario.

En conclusión, el Censo Económico no debe quedarse como un documento técnico. Es hoja de ruta para comprender “qué somos y en qué podemos convertirnos”. Para Colombia, implica reconocer que la economía popular no es un problema, sino un punto de partida. Para Risaralda, lo por hacer representa una ocasión para pasar de su reconocida cultura emprendedora a un liderazgo económico más estratégico en el occidente del país.

El Comité Intergremial, en su momento, apoyó su difusión y participación de los empresarios a la realización del proceso.

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