El 2 de mayo de 1925, más que un registro fundacional de la entonces bautizada Sociedad de Mejoras Públicas, es la concreción de un clamor idiosincrático por hacer complementos de participación al progreso, que lleve a la fecundación del bienestar general y la estética como partes del colectivo en reciprocidad a tanto esfuerzo, sin interés alguno en conquistas de bolsillo. Hoy, 100 años del nacimiento de este hito, puede aseverarse que esa conjunción de voluntades diversas en profesiones y oficios, constituyó un paradigma de sociedad civil que alineada en el servicio voluntario, hizo irrupción para coadyuvar con la institucionalidad el deber ser del orgullo comarcal en condición de virtud sociológica que se ha definido como civismo, es decir, del alistamiento de una población que, ávida de realizaciones, no recibe apoyo distinto al labor que entrega con afecto sin otra dispensa que portar con bizarría el gentilicio de la localidad. Y es que la historia de Pereira es una epopeya de civismo y solidaridad humana en la cual se encadena este episodio de la Sociedad de Mejoras cuando la urbe en 1925 contaba con alrededor de 50,000 habitantes. Esta cristalización de la SMP parecía venida en su ADN de lo siguiente: “ En la génesis de Pereira la ayuda mutua, el espíritu cívico, o lo que hoy llamamos “acción comunal”, brota espontánea; al lado de la necesaria labor conjunta que adelantaban los colonizadores y que relata tan gráficamente Carlos Echeverry Uribe en sus apuntes para la Historia de Pereira -retrato impecable de la hermandad entre los que llegaban a tierras extrañas para hundir sus raíces-, aparece la actitud racional y consciente de los brillantes organizadores que establecen desde 1867 el trabajo subsidiario…, por medio del cual los vecinos adultos trabajan gratuitamente un día cada año en la limpieza de la plaza y en el embellecimiento general de su poblado”.
Con la entereza de su actual directora ejecutiva, la incansable Ana María Cuartas Saldarriaga, heredera, por virtud de sus méritos, de los ideales de ese gran líder, su padre, Rafael Cuartas Gaviria, que impulsó la organización por más de 21 años, y que ella inspirada en su don de mando, disciplina y pasión por lo que hace, dictamina que en la Sociedad de Mejoras de Pereira-ProRisaralda; “soñamos, creamos, logramos Cien años… y este es solo el comienzo”.
La evolución de su nombre corre pareja con la renovación que demanda el transcurrir de los años para afrontar retos inmensos que den solidez a la promoción del bien común en su plan de acortar desequilibrios sociales. Lo más valioso de su pasado es la proyección al futuro que se traduce en la lealtad, la calidad y transparencia en las acciones propias. Por todo eso fue grandiosa la celebración de los “primeros cien años” de vida ininterrumpida, efectuada en Expofuturo. Claramente, fue un acto de fe en Pereira y Risaralda, un soplo de los fundadores en el legado de generación en generación, para tejer juntos una cultura ciudadana como el don más preciado de sus hijos. La recopilación histórica contenida en el libro que con el sugestivo nombre “Muy bien y mejorando” fue presentado, gracias al empeño del equipo comandado por el periodista y escritor Gustavo Colorado Grisales, quien expresó que la crónica construida, “es una narración de sueños que se han convertido en realidad… todos tienen como raíz el mismo motor: el civismo”. Este inmenso testimonio de la SMP-ProRisaralda- en unión de El Diario del Otún, que imprimió la obra con pulcritud, técnica y buen gusto, amerita especial reconocimiento. Bienaventurados los que hoy están en la entidad en ejercicio de su misión, y que continúen con el mismo tesón y entusiasmo. A la junta directiva presidida con el liderazgo a toda prueba de Luis Fernando Gaviria, a Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez, al equipo de trabajo bajo la dinámica dirección de Ana María Cuartas, muchos éxitos más.
En honor a los que ya no están, y a los de ahora en su quehacer, se hace propio el sentimiento del editorialista de El Diario del Otún: “cada obra de la Sociedad de Mejoras lleva consigo fe en Pereira y una certeza en el poder transformador de la ciudadanía organizada”. ¡Felicidades!


