En Bilbao, una mañana fresca de otoño, Anne —una maestra jubilada de 60 años— sale de su apartamento, piso le dicen en España, rumbo al centro de salud de su barrio. No lleva prisa: tiene su cita médica confirmada, su pensión depositada puntualmente y la tranquilidad de saber que, aunque sus ingresos ya no son altos, su vejez está cubierta. Anne vive en un país donde el Estado, las empresas y los ciudadanos entendieron hace décadas que la seguridad social no es un gasto, sino un pacto civilizatorio.
A miles de kilómetros, en Pereira, doña Rosalba, abre la puerta de su casa en el barrio Kennedy. A sus 68 años todavía trabaja en su pequeña tienda para completar el dinero que no le alcanza con el subsidio de Colombia Mayor. Su EPS le da cita para dentro de dos meses, y aunque nunca dejó de trabajar, no alcanzó las semanas necesarias para pensionarse. Su historia, como la de millones de colombianos, habla de una deuda social que todavía persiste.
Ambas historias, separadas por un océano inmenso, ilustran la distancia entre sistemas de protección consolidados y otros que aún buscan madurez. Según la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), en el mundo más de 4.000 millones de personas aún carecen de acceso a una protección social integral. América Latina ha avanzado, pero de forma desigual: países como Uruguay y Costa Rica superan coberturas del 80 % en pensiones y salud, mientras otros aún no alcanzan la mitad.
En Colombia, el punto de inflexión fue la Ley 100 de 1993, que reformó el sistema de salud y pensiones. En salud, el cambio fue notable: pasamos de menos del 25 % de cobertura a inicios de los noventa a más del 97 % actual, incluyendo regímenes contributivo y subsidiado. En pensiones, sin embargo, el avance ha sido más lento: solo cerca del 27 % de los adultos mayores recibe hoy una pensión formal, mientras el resto depende de ayudas o subsidios.
En salud, Colombia ha alcanzado una cobertura casi universal gracias al equilibrio entre los regímenes contributivo y subsidiado. En pensiones, en cambio, la brecha sigue siendo profunda: menos de tres de cada diez adultos mayores tienen una pensión. Esto revela un sistema que logró incluir a casi todos en la atención médica, pero aún no garantiza ingresos dignos para la vejez.
Cobertura en salud y pensiones en Colombia por grupos de edad (2024)
| Grupo de edad | Cobertura en salud (%) | Cobertura en pensiones (%) |
| 0–14 años | 99 % (régimen subsidiado) | 0 % (no aplica) |
| 15–24 años | 93 % | 2 % |
| 25–44 años | 95 % | 18 % |
| 45–59 años | 96 % | 35 % |
| 60+ años | 97 % | 27 % |
Pero veamos todo en cifras y de manera gráfica:
Panorama global
La mitad de la población mundial no tiene protección social según la OIT (Statista, 2024). El siguiente gráfico muestra el porcentaje de la población mundial cubierta por al menos un sistema de protección social, con comparativo entre 2015 y 2023 por grupos de población.

Fuente: Organización Internacional del Trabajo (OIT) / Statista, 2024.
Panorama Colombia
En el caso colombiano, los avances en cobertura de salud y pensiones evidencian progresos importantes desde la Ley 100 de 1993, aunque persisten brechas en el acceso a pensiones formales, especialmente entre mujeres, trabajadores informales y población rural.

Fuente: Cálculos propios con base en DANE, Ministerio de Salud y Ministerio del Trabajo, 2024.
Como Policy Maker, puedo afirmar que cuando las políticas públicas son serias, consistentes y trascienden los gobiernos de turno, es posible ampliar la cobertura y mejorar la protección social. La evidencia muestra que la estabilidad institucional, la fiscalización eficiente y la inversión sostenida en inclusión son más poderosas que cualquier reforma improvisada y cargada de populismo o politiquería.
El reto ahora es doble: sostener la cobertura universal en salud con calidad y equidad, y construir un sistema de pensiones que combine solidaridad e incentivos para la formalidad. ¿Cómo aseguramos que los jóvenes de hoy lleguen a viejos con pensiones dignas? ¿Qué responsabilidad tienen las empresas y la sociedad civil en cerrar las brechas rurales y de género? ¿Seremos capaces, como país, de garantizar que nadie quede atrás en la red de protección social?. Preguntas que dejo flotando para la reflexión.
Fuentes consultadas: Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), DANE, Ministerio de Salud, Ministerio del Trabajo, Statista (2024). Notas de experiencia del autor.



Es muy cierto Fernando tu planteamiento y esto debería ser una prioridad para cualquier gobierno. En España sentí envidia de los adultos mayores que son tan consentidos por el Estado, no solo en salud y pensión sino por todos los beneficios que reciben, como transporte público gratuito, ingreso a museos y sitios de recreación y cultura gratis, por mencionar algunos, que son muchos.