Marzo 9 de 2025
Señor(a) colombiano(a),
Le notificamos que su capacidad de endeudamiento ha superado el 50% del PIB y, como deudor solidario de la clase política, le corresponde asumir el pago de los compromisos adquiridos por el Estado en las últimas tres décadas.
Usted no firmó nada, nunca aceptó esta deuda, pero igual le toca pagarla.
Para que lo entienda de una manera simple y directa, hagamos un ejercicio de economía doméstica.
Imagínese que alguien alquila un apartamento lujoso, con vistas panorámicas, aire acondicionado prendido todo el día, servicio de limpieza y cenas en los mejores restaurantes. Vive sin preocupaciones porque sabe que no es él quien pagará la cuenta.
Ahora, pongamos un ejemplo concreto: supongamos que usted gana 2 millones de pesos al mes (24 millones al año). La deuda pública del país es tan grande que la mitad de sus ingresos ya está comprometida para pagar los excesos de otros. Es decir, sin haber firmado nada, sin haber tomado un solo peso prestado, usted automáticamente pierde 1 millón de pesos al mes. Y con lo que le queda, debe sobrevivir.
Mientras ellos disfrutan del derroche, usted sigue ajustando cuentas, estirando lo poco que le queda, sacrificando necesidades básicas y viendo cómo el costo de la vida se dispara. Y mientras tanto, el que realmente debía pagar la deuda sigue gastando sin freno.
Esto no es un invento, ni una exageración. Es la realidad de Colombia desde los años 90, cuando el gasto público comenzó a incrementarse sin freno. La burocracia se expandió, la deuda pública se disparó y el despilfarro de recursos se convirtió en la norma. Cada año se gastan billones en subsidios insostenibles, en empresas estatales deficitarias, en corrupción y en pagar favores políticos.
Y usted sigue pagando.
Lo más irónico es que en la vida real nadie se presta ya para ser deudor solidario. Es una trampa en la que nadie quiere caer. Pero con el Estado no hay opción. Nos obligan.
Cada año nos suben impuestos, nos recortan beneficios y nos asfixian con regulaciones. Mientras tanto, la inflación sigue devorando el sueldo y la deuda pública sigue creciendo.
El cobro prejurídico ya llegó y usted tiene dos opciones: seguir firmando cheques en blanco o despertar.
No es cuestión de culpar a un solo gobierno, sino de entender que desde los años 90, los mismos de siempre han seguido con la misma fórmula: más gasto, más deuda, más impuestos y menos soluciones. No importa de qué partido sean, todos han jugado al mismo juego, endeudando al país y viviendo del trabajo ajeno.
Si quiere dejar de ser el deudor solidario de quienes nunca han trabajado para usted, lo primero que tiene que hacer es identificar quiénes lo metieron en esto y no volver a darles el poder. No importa cómo se disfracen ni cuántas veces prometan cambio.
Si sigues creyéndoles, es porque te gusta pagar las facturas ajenas.
Hasta un ciego lo puede ver.


