Recuerdo que cuando era niña, cursaba los primeros años de escuela, mi mayor cercanía con el idioma inglés era con las letras “OK” que significaba bien, de acuerdo, está bien, vale y que se escuchaba un tanto exótico decir “okey”; el aprendizaje del idioma inglés y francés se daba en los últimos años de bachillerato cuando no se hablaba de 10 y 11 como hoy, sino de 5º. Y 6º. Para esa entonces llegaron otras palabras acompañadas del romanticismo y más bellos sentimientos: “I love you” y “thank you”. Hablábamos
inglés o español, no se aceptaba usar los idiomas mezclados. Mis profesores de español brillaban por su exigencia en la organización de las frases, conjugación de verbos, uso de metáforas y otras expresiones literarias, pero bien alejadas de anglicismos. Así me enseñaron a hablar y a escribir. No existía la internet y los computadores, sólo una máquina de escribir de marca Remington para hacer las planas de mecanografía que, si se presentaba un error, regularmente al final de la hoja, tocaba repetirla toda porque el borrar estaba prohibido.
El estudio y la vida misma se compuso con la llegada de las redes y de los computadores porque ya nos podíamos equivocar y corregir en la misma pantalla antes de mandar a imprimir. Los documentos salían perfectos hasta con ortografía corregida.
Asimismo, algunos comportamientos que, si bien no eran nuevos, si se comenzaban a hacer visibles dentro del contexto familiar. Por los mismos años ya se hablaba en el mundo de violencia familiar como un conjunto de conductas que dañaba la unidad dentro del hogar.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta de los distintos tipos de violencia, enmarcados dentro de la violencia física muy común para la época entre los 20’s y 70’s, incluso antes cuando las mujeres no tenían ningún derecho diferente a servir para la procreación y la satisfacción de los deseos de los señores. Ellos tenían derecho de castigar a sus mujeres si estas no obedecían o no hacían los oficios o eran perezosas. Los señores descargaban todas las obligaciones en las señoras, incluyendo la crianza de los hijos, la satisfacción de los placeres de ellos sin la oportunidad de decir no y también estar listas con su compañía para el lucimiento de ellos en las distintas reuniones o encuentros sociales que tuvieran.
Aparece, además de la violencia física que era la que dejaba hematomas, moretones, heridas, fracturas y hasta quemaduras, la violencia psicológica totalmente invisible y que en la mayoría de los casos se manifestaba por la delgadez o robustez, pérdida de la autoimagen, de las ganas de salir adelante, porque como no se veía, no era aceptada socialmente. Se permitía más la violencia física y en la mayoría de los casos se culpaba a la mujer del comportamiento del esposo.
Viene la violencia sexual y las violaciones por parte del esposo, dándole a la mujer la capacidad de decir “no quiero tener relaciones sexuales” y ya no podía ser obligada. Mucho se ha ganado, pero falta mucho más.
La violencia económica y patrimonial que son diferentes, aunque ambas están muy relacionadas. La económica la resumiría en la necesidad que tiene la mujer de satisfacer sus necesidades mínimas como el dinero que se debe destinar a su arreglo personal, sea incluido dentro de la canasta familiar y la patrimonial a la disposición de su propio patrimonio, ese que no hace parte de la sociedad conyugal o patrimonial marital de hecho.
A la mujer le tocó estudiar y sacar adelante a su familia, en muchos casos a su esposo también porque asumía sus ganas de salir adelante como una situación en la que debía “maternar” también al padre de sus hijos o compañero de vida, cuando en vez de carga debía ser un apoyo y sacar adelante el proyecto llamado familia. Llegó la revolución laboral y el primer paso era capacitarse, estudiar, aprender que no sólo tenía obligaciones sino también derechos, pero si los reclamaba era calificada de rebelde, feminista y muchos epítetos más que posicionaban un machismo y patriarcado mal entendidos.
Frases, como: “la mujer nació para estar en la casa”, “la obligación de la mujer es atender al hombre”, “calladita se ve más bonita”, “si te doy casa y comida, para qué quieres estudiar y trabajar?” poco a poco fueron perdiendo vigencia porque a ellas, las mujeres relegadas a los oficios domésticos y a esperar que sus esposos llegaran a la hora que fuera, la hizo reaccionar y pensar en un proyecto personal de vida.
Han pasado más de 50 años y gracias a estas guerreras, hoy conocemos nuevas conductas que, aunque sus términos tienen origen anglosajón, son dignas de ser aprendidas y revisadas frente al comportamiento familiar.
Estos términos son:
Mansplaining o machoexplicación. Gaslighting. Manterrumping. Bropriating. Manspreading. Breadcrumbing. Orbiting. Situationship. Ghosting.
Todos están relacionados con la violencia emocional, como el control a través de la culpa.
Durante las próximas columnas vamos a estar aprendiendo el significado de estos términos y de qué forma los viven muchas de nuestras familias. La buena noticia es que siempre tenemos una salida para reinvertarnos. La primera puerta en abrir será la de reconocer que somos víctimas y que necesitamos ayuda terapéutica. Bienvenidos los psicólogos a nuestra vida.
OLGA CECILIA TREJOS BURITICÁ.
Abogada e investigadora en asuntos de familia



Querida Olga Cecilia he leído tu artículo con deleite y respeto tu artículo que habla de de este tipo de violencia que hemos sufrido muchas mujeres en silencio pero gracias a una pluma como la tuya la haces visible. Cracias por tu solidaridad de género esperamos expectante tus nuevas columnas. Tendré el gusto de compartirlas. Un gran abrazo
Muchísimas gracias Margarita. Si dejamos de normalizar el maltrato en todas sus expresiones y entendemos que somos las víctimas en muchos espacios, vamos a ser felices, autónomas ycapac3a de dar amor real, verdadero y sentirnos merecedoras de recibir amor.
Buenas tardes. Cuando estudiaba bachillerato alguna vez leí que nuestro idioma está en peligro de muerte porque esos anglisismos que vamos aceptando sin chistar y ya cambiamos y preferimos utilizar esos términos que de alguna manera tienen que tener traducción. No desconozco lo interesante del tema pero creo que debemos defender lo nuestro.
Sii Olguita, hemos avanzado mucho en el logro de mayor libertad y autonomía, pero la violencia continúa soterrada, enmascarada y sobre todo entronizada en las mentes tradicionales de algunas mujeres que ejercen como jueces, que bloquean demandas o juzgan con prejuicios subjetivos, favoreciendo a hombres abusadores. Desconozco esos términos que mencionas, estaré pendiente en tu próxima columna para conocerlos. Gracias.
Estimada Olga Cecilia: Nos has hecho repasar esos maravillosos tiempos del bachillerato de 1ro. a 6to. Gracias
[18/5, 9:39 a. m.] Olga Trejos: https://elopinadero.com.co/conductas-silenciosas-sutiles-e-invisibles-que-generan-violencia/
[18/5, 10:56 a. m.] Georgina Sierra: En esta publicación se detectan las creencias limitantes y la violencia familiar heredada de los ancestros. Afortunadamente las mujeres despertaron y han logrado tomar consciencia de ello y definir una linea de acción, pero aún falta porque no se ha alcanzado a erradicar el machismo, el cual, de una u otra forma se sigue tolerando. Buen artículo Olguita y veo que *Duolingo* está funcionando, has aprendido el inglés 😂🤣🤗 chévere, te felicito por tu capacidad intelectual y por tu sentimiento de protección hacia nuestro género. Gracias, gracias, gracias por aportarnos ideas brillantes que nos permiten reflexionar y poder reaccionar ante ciertos eventos que no escapan de la cotidianidad. Feliz domingo
Excelente reflexión, son temas de actualidad que requieren de más análisis, compromiso y sensibilidad. Todos días aprendemos un poco más. Un abrazo
Buenas noches Doña Olga hasta ahora puedo dedicarle algo de tiempo a la lectura de la cual revive ciertas anécdotas e historias que me contaban mi padre, mi madre mis abuelos y mis tías
Trataré de ser muy imparcial debido a que no tengo experiencia en esta clase de espacios.
Históricamente, los roles de género rígidos han generado desigualdades, como la brecha salarial, la baja representación femenina en liderazgo y la desproporcionada carga doméstica para las mujeres. La violencia de género es una consecuencia directa de estas disparidades.
Promover la igualdad beneficia a todos. Cuando las mujeres participan plenamente, las comunidades prosperan. De igual forma, que los hombres asuman roles de cuidado contribuye a una masculinidad más sana. Romper estereotipos de género es vital para que las decisiones de vida no estén limitadas por construcciones sociales.
Lograr la igualdad requiere un compromiso colectivo: educar en respeto, implementar políticas equitativas y erradicar conductas sutiles como el «mansplaining» o el «gaslighting». A través del diálogo y la acción consciente, construiremos un futuro más justo.
Mi rol en mi familia siempre estuvo más comprometido a la crianza de mis hijos y a la ayuda en el desarrollo profesional y personal de mi esposa y pienso que el haber tomado la decisión de apoyarla en su desarrollo fue una experiencia enriquecedora a través de la cual ahora soy más consciente de la diferencia entre roles.