Cada vez que se destapa un escándalo de corrupción en el país, cuyo monto es superior al del robo anterior, muchos de nosotros nos horrorizamos e indignamos, lo que demuestra que aún nos queda un pizca de ética y honestidad; lo malo es que en elecciones millones de colombianos venden su conciencia por un plato de lentejas como el bíblico Esaú, lo peor no es que muchas personas humildes vendan su voto y prostituyan la democracia, lo grave es que no castiguen al politiquero corruptor que les ofrece dádivas a cambio de votos, si el politiquero da regalo, el parroquiano debería aceptarlo y votar por otro; votar en blanco o anular el voto, se castigaría así al corrupto; pero no, este pueblo no solo es inmoral, sino imbécil cuando vota por el que le ofrece unos míseros pesos por su poder de decisión y, que además le quita la posibilidad de control político.
Esto también ocurre con el control a funcionarios públicos, incluidos los del nivel local ¿Con qué autoridad moral puede el Personero municipal de cualquier rincón de Colombia, controlar a los integrantes del Concejo Municipal, a los que él les pagó para que lo eligieran? Desde ahí empieza la cadena de corrupción.
Lamentablemente en los últimos 20 años, en los gobiernos de Uribe y de los que “él dijo” estos escándalos han sido pan de cada día; Reficar, caso Nule, Agro ingreso seguro, Odebrecht, Centros poblados, por solo hablar de los que recuerdo sin esforzarme.
La actual administración, no pudo lograr una de sus metas principales, atajar la corrupción; caso de la UNGRD, entidad donde desde años atrás vienen entregando dinero para obras que no se realizan y se roban los corruptos, que se repitió tristemente en este gobierno; escándalo que regocija a los uribistas, que los reconforta diciendo que en la izquierda también hay bandidos.
La corrupción hace parte de nuestra realidad ciudadana por varios factores: 1- se volvió paisaje, la gente dice, yo voy a votar por ese candidato ¿pero no dicen que es corrupto? No importa “ese roba, pero hace obras”; un ejemplo es el de uno de nuestros políticos regionales, reelegido permanentemente y conocido popularmente por una cifra que sería la comisión que cobra en las obras que gestiona o ayuda a gestionar: “30%”; otro caso, es la creencia que el alcalde o gobernador tienen el derecho al 10% de los recursos conseguidos por ellos para obras en sus territorios, yo aceptaría ese cuento en el caso de un alcalde como Carlos Toro, que en su primer mandato obtuvo del gobierno nacional para obras en el municipio 16.000 millones, y no lo aceptaría en el caso de la alcaldía de Rodrigo Toro, de quién se dice dejó hipotecadas las vigencias futuras del municipio en más de 12.000 millones de pesos, mi explicación: en el primer caso son recursos del estado, obtenidos por su capacidad de gestión; en el segundo no hay gestión, solo endeudamiento, dineros que los santarrosanos pagaremos de nuestros bolsillos durante muchos años.
Un segundo aspecto de la corrupción es la capacidad de direccionar dineros hacía contratistas específicos, a dedo, caso de la UNGRD; otro caso es el de Odebrecht, que causó hasta el suicidio de Alan García en el Perú y, que aquí las autoridades judiciales venales han tapado y engavetado para favorecer a los implicados con padrinos poderosos como es el caso de Oscar Iván Zuluaga “el muñeco de Uribe” (ver caricaturas anexas).


Un tercer aspecto que alienta la corrupción, es que aparte de poder comprar fallos de inocencia, o preclusión de procesos por vencimientos de términos (culpa de un sistema judicial corrompido), al corrupto se le permite negociar su aceptación de culpa y quedarse con gran parte del dinero robado, de manera que pagada la pena puede salir a presumir sus millones y a posar de empresario, emprendedor o político honrado; el caso de Alejandro Lyons y el “cartel de la hemofilia” demuestra que a las EPS se las han robado siempre los politiqueros; también sucede que, por incapacidad del Estado, el denunciado no es declarado culpable, luego demanda al Estado y es indemnizado, caso de Germán Aguirre después de ser alcalde de Dosquebradas; es decir, ser corrupto en Colombia es un gana-gana.
Habría otro aspecto a tener en cuenta, el gobernante elegido no puede renovar toda la nómina, hay personal de carrera que no renuncia, y que, al no ser del resorte del nuevo mandatario, suele actuar como ruedas sueltas y entorpecer su mandato. Como la impunidad es altísima, no hay ladrones de izquierda o derecha, hay ladrones dispuestos a unirse al partido que patrocine o permita sus raterías; algo similar ocurre en los casos de ex guerrilleros, que luego cambiaron a paramilitares, o viceversa, esos son solo narcotraficantes ubicándose en el lado que más les convenga, fíjese en el caso de alias Otoniel, salido de la guerrilla y líder de la banda de narcotraficantes del clan del golfo, los que haciéndose llamar “autodefensas gaitanistas” pretenden conseguir carácter político. Gaitán debe revolcarse en su tumba por el uso perverso de su legado.
No intento decir que la corrupción en nuestro país solo es de estos últimos años, por desdicha es una vergüenza histórica para nosotros los colombianos, que sin importar edades, ideologías y religiones hemos pasivamente participado en ella, permitiendo el desangre a las finanzas de nuestra nación, eligiendo bandidos como gobernantes. No tenemos disculpa para seguir votando por corruptos, acolitando o callando su rapacidad.
Un viejo recorte de prensa denuncia, que, aunque el gobierno giró 25.000 millones de pesos para atender a 218.000 damnificados del invierno en la costa, la plata no llegó a su destino: “La emergencia invernal duró más de seis meses. Las aguas de los ríos Cauca, Magdalena, Sinú y San Jorge inundaron las calles y las casas de 127 municipios de la Costa Atlántica”, “Las vías de comunicación quedaron destrozadas, los cultivos de arroz, maíz, sorgo, yuca, plátanos y pastos se perdieron entre el fango. Y las enfermedades como el tifo, la hepatitis B, la leptospirosis, la cólera, el dengue hemorrágico, la encefalitis equina y el paludismo se convirtieron en la peor amenaza para los 218 mil damnificados”, “El gobierno reaccionó y puso en marcha el “plan torniquete” y giró 25 mil millones para contrarrestar la emergencia que afectaba a los departamentos de Bolívar, Sucre, Magdalena, Atlántico, Córdoba, Cesar, la Guajira y San Andrés. Pero apareció la corrupción y la ayuda comenzó a naufragar”. (“El Tiempo”, “Contraloría reabre investigación por ayuda a damnificados: Naufragan 25 mil millones” domingo 22 d agosto de 1999, página 9A).
En la martirizada Costa Atlántica, hay una zona que hace varios años origina noticias tristes, la Mojana: “La subregión de La Mojana es un ecosistema de 800 kilómetros de caños naturales y 80.000 hectáreas de ciénagas fundamentales para el equilibrio ecosistémico de Colombia” (“El Tiempo”, La lucha en La Mojana por cerrar dique que genera fuertes inundaciones. Miguel Ángel Espinosa Barrera, 20/03/ 2023).
Por desgracia, el dique de Caregato se rompe cada año en la temporada invernal, cosa que ocurrió por primera vez el 27 de agosto del 2021 y origina grandes pérdidas en los cultivos de los campesinos de esa región; según un informe de noticias Caracol, la Contraloría habría ordenado el embargo de las cuentas de los contratistas de esa obra, por presuntas irregularidades en la construcción de la barrera de contención, causa risa el anuncio, si la obra no se ha hecho, o se hizo mal ¿Cuáles presuntas irregularidades?
En Colombia, por lo visto, las obras públicas aunque no se entreguen a dedo y cuenten con estudios técnicos y sus respectivos planos, se contratan por debajo de su valor real, valor que se va ajustando a punta de adiciones presupuestales; otras veces la obra contratada queda abandona y debe terminarla otra empresa, y en no pocos casos, los contratistas reciben adelantos en contubernio con funcionarios de la entidad territorial, en todos estos casos, las obras generan gigantescos sobrecostos, o se hacen con materiales de baja calidad. Obras, como el Metro de Bogotá, se construyen en medio de polémicas, después de años de interminables y costosos estudios técnicos.
El paradigma de ese estilo de contratación es el ingeniero Francisco Javier Cisneros (Foto1), a quien el Estado de Antioquia contrató en 1874 para construir un ferrocarril que uniera Medellín con el rio Magdalena. En 1880 el gobierno estaba interesado en la construcción de una vía férrea entre Bogotá y Girardot, una parte de la vía a Buenaventura: “El contrato con Cisneros se formalizó al año siguiente, pero al poco tiempo, concluidos los primeros 27 kilómetros, se rescindió el contrato a pedido del contratista por dificultad financiera. En el año de 1885 también Cisneros suspendió la construcción en el ferrocarril de Antioquia ya concluido el tramo de Puerto Berrio a Pavas. Y en cuanto al ferrocarril de Girardot con la disculpa de la guerra civil, ocurrió lo mismo.

Cisneros era un empresario, su empresa contrataba ingenieros norteamericanos para el trazado y la construcción; era un dandy perfumado e intrigante. Habiendo hecho el presupuesto global de la obra cuya construcción proponía, dividía el costo total por el número de kilómetros que un reconocimiento inicial proporcionaba y contrataba la obra a razón de tantos pesos el kilómetro, la iniciaba por un tramo fácil desde uno de los extremos. Puestos en servicios los primeros kilómetros, cobraba lo correspondiente; pagaba dividendos a los accionistas que habían suscrito acciones que eran ofrecidas en las bolsas de Nueva York y Londres… Y como no le faltaba alguna guerra civil de excusa, suspendía la obra, rescindía el contrato, cobraba indemnización, y que otro hiciera la parte difícil de la obra y la concluyera” (Revista credencial historia # 257, El vacilante avance de los ferrocarriles colombianos (1836-1930).
A propósito “El primer ferrocarril que se construyó en Colombia fue el de Panamá, y esto no mucho después de haberse construido en Inglaterra el primero de todos” (Revista credencial historia # 257, El vacilante avance de los ferrocarriles colombianos (1836-1930).
En conclusión: la corrupción en la contratación es una vieja práctica en el país; la corrupción política es culpa de los ciudadanos que eligen narcos y rateros como gobernantes, no podemos votar por aquellos que ya han gobernado con corruptos, ni equivocarnos creyendo que los que han demostrado ser enemigos de los trabajadores y del pueblo humilde (como los que aplaudían y gritaban “ganamos”, cuando hundieron la Reforma Laboral), ahora si serán nuestros redentores…Y, no hay corrupción buena, todos los ladrones de cuello blanco sean de derecha o izquierda deben pagar cárcel y devolver la totalidad de los robado.
¡Quien acepta al corrupto, es corrupto ¡
Danilo Salazar Ríos.



Buen día Danilo. Gran escrito el cual comparto plenamente desde el repudio argumentado a través de las cifras y hechos esbozados en este documento.
Lo más tenaz para mí es la figura de «Vencimiento de Terminos», figura legal que motiva y cubre al corrupto en su accionar ( Así cualquiera) y a eso se le suma este detalle en el cual las elecciones se han vuelto un proyecto económico de inversión el cual se recupera en el ejercicio político del mandatario elegido, en el cual el inversor es el verdadero gobernante y dueño del accionar del elegido por parte de los votantes, con el agravante de que el elegido se compromete con su firma (esa bobadita no más ).
Realmente el ciudadano no sabe a quien le debe cumplir la persona ganadora en las votaciones y a eso sin ser un dato menor que muchas instituciones se volvieron botín de guerra para los ganadores , teniendo que obedecer al inversor o inversores que creyeron en la persona elegida porque ese billete se tiene que recuperar, además , ganar más dinero porque para eso se invirtió.
Soy un cauteloso convencido que los cargos deben ser obtenidos por los concursos de méritos y no ser un botín de guerra como lo mencioné en el párrafo anterior, porque es muy díficil y hasta algo ilógico prestarse para la corrupción, ya que el arriesgar un cargo ganado de esta manera complejiza las prácticas corruptas.
Gracias Danilo y siga escribiendo.
Cierro con esta frase que la vi en un escrito de un compañero de este medio : » Hay algo más reprochable que un político corrupto y es el ciudadano que lo defiende «.
Feliz día Danilo.
Hola Isdaen: muy bueno su comentario, tocó un aspecto fundamental de la política colombiana, no puede ser que los narcos sean los financiadores de los políticos y, ellos deban devolverles el dinero y utilidades entregando su gobernabilidad, esto es insólito, por desdicha te ocurrio muchas veces con los gobernantes y la guerrillas, luego con los paras y ahora con los narcos; tenemos una clase politiquera que con tal de tener dinero y conservar el poder es capaz de aliarse hasta con el demonio.