jueves, febrero 5, 2026

CUANDO EL MATECAÑA LATE FUERTE: EL ESTADIO COMO ESCUELA DE VIDA

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“Recuerdo cuando era niño y mi papá y mi abuelo me llevaban al estadio. Era más que un partido: era un rito, una cita familiar, una promesa entre generaciones. En esa gradería de oriental, donde el cemento olía a lluvia y sudor de pueblo, aprendí que el fútbol no se mira, se siente.”

El estadio Hernán Ramírez Villegas no es solo un lugar donde se juega fútbol. Es un santuario del pueblo, levantado con convites y esperanza cuando Pereira soñaba en grande. No lo construyó un contratista multinacional ni lo diseñó un arquitecto de renombre mundial, fue el nuestro, el de acá. Lo levantó la gente con sus manos, con sus domingos entregados, con tejas, cemento y corazón.

Ahí vivieron y viven leyendas populares como Chila, la hincha que no necesitó micrófono para hacerse sentir, Aníbal, que convirtió la tribuna en hogar, o GusPelao, cuya voz retumba aún en la memoria de quienes entendemos que al estadio no se entra: se regresa.

Uno de los momentos más lindos que recuerdo fue durante un partido de la Selección Colombia. A Céspedes y a mí se nos ocurrió en RCN una locura hermosa: vestir al estadio de amarillo, azul y rojo. Pedimos por las emisoras como altoparlantes, que cada tribuna llevara camisetas de un solo color, y ese día, desde la curva sur hasta la occidental, el estadio se convirtió en bandera. Una bandera viva, ruidosa, unida.

Porque eso es el fútbol en Pereira: no una guerra de hinchadas, sino un acto de comunidad. Y ahí entra Lobo Sur, la barra que ha sabido convertir la pasión en barrismo positivo. Con presencia en todo el país, con gestos solidarios, campañas comunitarias y una energía que contagia sin violencia, representan lo que muchos aún no entienden: que ser hincha también es cuidar, es sumar, es educar. Soy un Lobo en Bogotá y me siento orgulloso de serlo.

¿Un estadio para mirar o para vivir?

Hoy se habla de remodelar el estadio. De ponerle el techo completo, mejores accesos, más iluminación. Y claro que hace falta. Pero que no se nos olvide lo más importante: que no se remodelen solo las tribunas, sino también el alma de lo que allí pasa. Que no se pierda lo que ese lugar enseña sin cobrar matrícula: lealtad, respeto, identidad, resistencia, amor por la tierrita.

Porque el estadio ha sido también aula sin muros. Allí muchos jóvenes han encontrado refugio en la barra y no en la esquina. Allí se aprende que perder no es rendirse, que se puede gritar con fuerza sin agredir, y que el orgullo local no necesita títulos para ser legítimo.

El balón que también transforma

En una ciudad que necesita referentes, el Deportivo Pereira ha vuelto a convertirse en símbolo. No por sus victorias, sino porque nos recuerda que el fútbol, cuando se vive con sentido de comunidad, es escuela de vida.

¿Y si el balón también sirviera para reconstruir tejido social?

¿Y si el estadio fuera, además de cancha, espacio de reconciliación, arte y cultura juvenil?
Tal vez, el verdadero gol no sea el que se grita, sino el que se construye juntos. Hagámoslo!

 

Referencias

– Archivo histórico del estadio Hernán Ramírez Villegas – pereira.gov.co

– Testimonios de barristas, redes de Lobo Sur y medios locales.

– Crónicas sobre figuras populares como Chila, Aníbal y GusPelao.

– Reportes de medios sobre remodelación y fútbol como herramienta comunitaria.

3 COMENTARIOS

  1. Los hinchas del Quindío, lo único que nos queda es recuerdo del equipo milagroso…Hoy es el cajero principal de Hernando Ángel, dizque el dueño.

  2. No soy hincha de equipo alguno, pero vivo cerca del estadio y cuando Pereira juega, si es de día con sol o lluvia se siente la luz y energía de los hinchas. Si es de noche se ilumina el cielo con la sensibilidad de sus hinchas. Aquí hago una interpelación: he bajado la linea por las noches y desde el alto se ve la iluminación del estadio y Fernando Sánchez me dice que es imposible y lo ratifico…que SI es cierto!.. es la vibra de los pereiranos. Retomando el texto, para mí el estadio con su historia de construcción solidaria por convite, es «única» y tal como lo escribe Fernando Sánchez, «llena el alma» ….vibra la emoción de los pereiranos y nada más un paseo por la calle de la Villa, a un lado del estadio, vibra la calle lobo sur con sus murales, cada pincelada y sus colores amarillo y rojo resaltan, vibran y agarran a hinchas y no hinchas…se siente el grito de goooool. Finalmente, el texto, con palabras llenas de alma deportiva futbolera, identidad y sentido de pertenencia por la tierrita nos invita también al respeto y el amor por lo que se hace en una ciudad donde no hay forasteros, todos somos pereiranos. Felicitaciones Fernando. Qué buen texto

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