lunes, febrero 16, 2026

CUANDO LA POLÍTICA SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

OpiniónCUANDO LA POLÍTICA SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

No soy médico, psicólogo ni sociólogo. Soy un ciudadano común que camina por las calles, conversa con vecinos y escucha lo que se dice en las tiendas, en los buses y en las reuniones familiares. Y lo que percibo es preocupante, este 2026, año de elecciones presidenciales y legislativas, la política ha dejado de ser un tema de debate democrático para convertirse en un factor que está afectando la salud de los colombianos. 

La contienda política se siente como un ruido constante. El gobierno progresista, el primero de izquierda en dos siglos, enfrenta una oposición que no da tregua. La derecha, la ultraderecha y sectores de centro han radicalizado el debate, y eso se refleja en la vida cotidiana, familias que ya no se hablan, amistades que se rompen, conversaciones que terminan en gritos. 

En lugar de propuestas claras, abundan los ataques personales y las difamaciones. Las redes sociales amplifican ese ruido, convirtiendo la campaña en un espectáculo de agresiones más que en un debate de ideas. 

Lo que más me preocupa es que esta crispación no se queda en el terreno político, está enfermando a la gente. 

Conozco vecinos que ya no duermen bien porque se angustian con lo que leen en redes. 

He visto amigos que dejaron de hablarse por diferencias políticas y ahora cargan con la tristeza del distanciamiento. 

Y no son pocos los que sienten cansancio físico, dolores de cabeza o problemas de presión, producto del estrés constante. 

La política se ha convertido en un detonante de enfermedad emocional y física, no es un fenómeno aislado 

Lo que ocurre en Colombia no es único. 

En Estados Unidos de Norteamérica, la polarización ha derivado en ansiedad, depresión y hasta episodios de violencia política. 

En Europa, el auge de extremismos ha debilitado la cohesión social y aumentado el estrés colectivo. 

En Brasil y México, las campañas polarizadas han fracturado familias y comunidades, generando un ambiente de tensión que repercute en la salud mental. 

Hace unos días, dos amigos discutían acaloradamente sobre política. Uno defendía al gobierno, el otro lo criticaba con dureza. La conversación subió de tono hasta que uno de ellos se levantó y se fue, dejando al otro con el café intacto y la mirada perdida. Lo curioso es que ambos habían llegado juntos, como lo hacían cada semana, para hablar de temas afines al arte y de la vida. Ese día, la política les robó la amistad y la tranquilidad. 

Esa escena me quedó grabada porque refleja lo que está pasando en todo el país, la política se ha metido en nuestras rutinas, en nuestros afectos y hasta en nuestra salud. Y ahí está el verdadero peligro.

Los gobiernos cambian, los partidos se disputan el poder, pero nuestra salud permanece.

Por eso, más allá de quién gane las elecciones, lo que debemos cuidar es cómo vivimos, cómo nos relacionamos y cómo protegemos nuestra paz interior.  Porque al final, lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino cómo sobrevivimos como sociedad.

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