Harold Salazar A
Los avances en los desarrollos tecnológicos, específicamente en el área de las comunicaciones, han llegado hasta un punto crucial que permite a la mayor parte de la población mundial tener acceso casi inmediato a cualquier información que se genere en el planeta. Lo anterior conlleva a que explote un volcán reprimido desde los inicios de la civilización, expulsando aires de libertad, de expresión de pensamiento, de democratización, haciéndonos pensar que hemos llegado a un sitio preferencial del desarrollo de la sociedad.
Esos avances tecnológicos han permitido entre otras la aparición de las redes sociales, a través de las cuales los influenciadores se apoderan y monopolizan la “verdad” y la “información”. Hoy en día se tiene más fe y credibilidad en lo que dicen y pregonan los “influencers”, que en lo que se opine por cualquier otro medio.
Las emociones humanas pueden en algún momento desestabilizar toda una sociedad, una comunidad, dividirla, pero de igual forma pueden ser utilizadas para generar actos positivos, solidarios. Para los de pereza mental y poco dados a utilizar el pensamiento crítico, analítico, es un campo fértil en el que estos denominados “influencers”, les pueden moldear las emociones a su antojo. Por ejemplo, generarles emociones políticas negativas o dirigir su discurso contra ciertos grupos sociales como las mujeres, la comunidad LGTBIQ+ o exasperarles el miedo como frecuentemente lo hacen los grandes medios de comunicación. Las emociones manipuladas permiten hacer sentir una sensación de desahogo de la marginación y la exclusión, crear falsas esperanzas sobre mejores condiciones de vida y justica que por siglos la mayor parte de la humanidad ha deseado. Entonces, el miedo y la ira estimulados desde las redes sociales, crean un estado de violencia que cada cierto tiempo hace que las dinámicas sociales exploten en eventos terroríficos de enfrentamiento a gran escala y dan paso al autoritarismo y al populismo tan de moda en los tiempos actuales.
La mayor parte de los “influencers”, apoyan desde sus mesiánicas e ignorantes opiniones, el populismo, las dictaduras, el autoritarismo, la creencia en falsas corrientes negativistas de la ciencia, la difusión permanente de noticias falsas, con la gravedad que esas nuevas generaciones decantadas del periodismo tradicional, están siendo manipuladas en sus emociones básicas.
Lo esencial del análisis es tratar de entender la razón por la cual los grandes medios tradicionales perdieron su norte y dejaron de lado el verdadero rol de periodismo. En realidad, hoy en día esos grandes medios de comunicación, solo son verdaderos panfletos ideológicos de los partidos de derecha (y existirá el medio que sea panfleto de otros partidos), lo que ha permitido que su misión pluralista y de objetividad se pierda y la confianza de sus lectores desaparezca, pues ese matrimonio entre poder e ideología los llevó a transitar por el camino que las nuevas generaciones no están dispuestas a recorrer y de esta forma el verdadero periodismo pierde el espacio para expresarse.
Lo importante hoy en día es saber evaluar quienes trabajan con honestidad, ética y objetividad, sin importar los medios que utilicen.
Harold Salazar A


