Por Jorge Cardona
Dicen muchos al momento de preguntarles si apoyan a Israel o a Palestina que “eso no les importa”, que “ese conflicto es muy lejano”, que “no entienden”, que “apoyan a Israel porque EEUU está contra Palestina”, que “estoy en contra de Palestina porque el grupo extremista Hamás ataca a Israel”, en fin, lo cierto es que más allá de las distintas razones que todos puedan ofrecer, es verdad incontrovertible que Israel con el apoyo de los Estados Unidos están masacrando niños y matando de hambre a miles de palestinos que intentan escapar de la muerte mientras luchan por acceder a la comida enviada por los países que sólo quieren proveer alimentos.
No pretendo con esta opinión dejar la sensación de apoyar al grupo extremista Hamás, sino de llamar la atención de la insensatez que nos genera la ignorancia; esta semana fui a uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad, famoso por preparar autóctona comida de mar y antes de ordenar tuve que retirarme porque no soporté que izaran una bandera de Israel; no pude tolerar que aún ante la evidencia de la crueldad de los líderes que asesinan niños, mujeres y hombres sin distinción, continuaran apoyando un estado que ha utilizado todas las formas para lograr exterminar a una población entera so pretexto de la defensa.
Recordemos que Israel ha superado todos los límites éticos y morales utilizando todo el arsenal de guerra para bombardear hospitales, escuelas y cientos de miles de civiles inocentes mediante la inanición, los cuales asesinan con la complicidad silenciosa de quienes no entienden o no quieren entender la gravedad de los actos atroces que comete Israel ante los ojos inertes del mundo entero.
Del actual panorama en Gaza uno podría admitir que Adolf Hitler es la inspiración de Netanyahu; un líder radical que pretende exterminar a toda Palestina bajo la falacia del derecho a la defensa sin que medie ningún tipo de estructura política internacional y coercitiva que le ponga freno a la barbarie, más allá de las tímidas posturas de los países que como Francia, Canadá, Reino Unido o Portugal se han sumado en el último año contra Israel en una posición más diplomática que real.
Este 21 de septiembre de 2025 por primera vez la ONU reunida en Ginebra acusó a Israel de estar cometiendo un genocidio, después de que una Comisión Internacional Independiente de investigación, concluyera mediante pruebas irrefutables que la intención del estado de Israel en Gaza es “destruir al pueblo Palestino”.
Mas de 65 mil muertos en tan sólo dos años, demuestran la contundencia de los ataques perpetrados por Israel patrocinado por los Estados Unidos a quien el mundo ha sido incapaz de rechazar con vehemencia; sin embargo, más de 150 de los 192 países miembros de la ONU actualmente han manifestado su apoyo a Palestina, generando una ligera esperanza de solidaridad que deberá procurar más temprano que tarde el cese de las múltiples masacres.
Ese es el problema del capitalismo salvaje que como dogma de fe mueve a los Norteamericanos, apoyan a países en todas partes del mundo motivados por intereses económicos y militares más que por intereses humanitarios; de hecho el Presidente Donald Trump ha considerado que Gaza podría convertirse después del exterminio en un destino turístico de lujo, reconociendo sus intereses sobre dicho terreno.
La “Vuelta a España” visible evento deportivo del ciclismo mundial fue objeto de un pacífico sabotaje por activistas pro palestina que llamaban la atención ante las cámaras del mundo frente a aquellos indolentes que aún no se conmueven con la aniquilación del pueblo palestino.
Es por esto y de todas las formas que necesitamos una revolución, pero no una movilización militar porque no podemos promover lo que tanto censuramos, pero si una revolución pacífica, que levante las voces de protesta no sólo ante crímenes de lesa humanidad, sino también ante delitos ocultos o de menor impacto; recordemos que quien calla está del lado del opresor, quien no denuncia, está del lado del victimario y quien guarda silencio se hace cómplice del crimen; solo cuando entendamos que la indiferencia es complicidad podremos evolucionar como seres humanos.
Jorge Cardona



¿Revolución pacífica? Eso es algo que he escuchado desde niña. “¡Viva la Revolución Bolivariana!”, escuché decir a los vecinos, a mi madre e incluso a mi padrastro, en un tono burlón. Cuando tomé conciencia de unas elecciones de candidatos para la gobernación, recuerdo estar en casa de una tía que visitábamos todos los diciembres porque era la temporada perfecta para que mamá trabajara allí. Estábamos todos pegados al televisor esperando que anunciaran quién había ganado en Miranda, y recuerdo que ganó el lado opositor. Mi primo, que era contemporáneo conmigo, gritó por el balcón a todo pulmón: “¡Ganamos!”.
Mi prima, su madre, le gritó con una risa un tanto fingida: “No hagas eso, recuerda que al frente vive ese señor”, lo que me generó curiosidad y pregunté: “¿Cuál señor?”. De todo lo que mencionaron, entendí que era un ministro del partido revolucionario (chavista) de ese entonces. El chico de 14 años replicó diciendo: “¿Y mi libertad de expresión, qué?”. Todo aquello era nuevo para mí. Así fui viendo cómo la libertad de expresión se debilitaba cada vez más, hasta hoy en día.
No comparto para nada lo que está pasando en esos países y me sorprende, a medida que me sumerjo en las lecturas, sentir un nudo en la garganta al darme cuenta de que, ante la “evolución” que ha tenido la sociedad y el sistema, la guerra, el hambre y la tiranía siguen latentes. No con esto quiero decir que la violencia sea el único medio para frenar todo esto, pero he perdido la fe ante discursos y treguas que terminan siendo la utopía de una nación.
¡Saludos!