jueves, febrero 5, 2026

DEL TRANVÍA DE LISBOA AL MEGABÚS DE PEREIRA

OpiniónActualidadDEL TRANVÍA DE LISBOA AL MEGABÚS DE PEREIRA
A pesar de que era fría y lluviosa la mañana de mediados de enero, la fila de espera a la llegada del Tranvía crecía.  La emoción me invadía como cuando estaba niño y a mi pueblo aparecía como gran novedad de cada año, una de las atracciones mecánicas envejecidas por tantos años de estar viajando de ciudad en ciudad divirtiendo a chicos y grandes.  A una cuadra del paradero de transporte público urbano, el minúsculo y restaurado tranvía apareció haciendo sonar su campanilla anunciando que era el momento de abordarlo.  Logré subir a uno que ya se encontraba casi repleto de pasajeros, en su mayoría extranjeros, que nos confundíamos como en una diminuta torre de Babel, con el barullo de lenguas que nos identificaba en el asombro por lo que se alcanzaba a ver a través de las ventanillas que fueron abiertas en su totalidad a merced del viento helado que se estrellaba contra la cara de asombro de los ocupantes, mientras que el vehículo se desplazaba con gracia por los rieles de aquellas calles estrechas de la pendiente, entre edificios antiguos con sus grandes fachadas tapizadas de baldosas con sobresalientes azulejos que le dan un toque único a su casco histórico, subiendo por el icónico Barrio Alfama y el Barrio Alto hasta alcanzar uno de los miradores desde donde se tiene dominio de la ciudad, de su puerto y sus barcos; desde donde se consigue divisar también parte de la urbe moderna que, a pesar de que crece con sus nuevas construcciones, no alcanza a opacar el embrujo que la envuelve, el olor a mar y sabor a poesía.  Sí, me refiero a Lisboa, Portugal.  Lisboa, una ciudad con muchos siglos de magia e historia.  La cuna de inspiración de Fernando Pessoa y última morada de José Saramago…
Los tranvías están rodando en Lisboa desde 1873.  Los primeros, tirados por caballos hasta 1901, cuando se pone en funcionamiento el tranvía eléctrico, que tuvo mayor auge en la década de los 50 del siglo XX y entró en crisis su existencia con la construcción del Metro de la ciudad en 1959, reduciéndose el número de rutas, aunque introduciéndose, a la vez, modernos tranvías articulados que ruedan por las líneas en los recorridos más largos y llanos.  El viejo y tradicional sistema de tranvías restaurado logró sobrevivir y en los actuales momentos es uno de los encantos del turismo internacional, conservando las populares carrocerías de comienzos del siglo pasado, muy similares a las que hubo en la ciudad de Pereira, Colombia, que fueron sinónimos de prosperidad por tres décadas y que murieron en 1957, para ser reemplazadas por buses…
Una de las mejores cosas para disfrutar de las ciudades europeas es su Sistema Integrado de Transporte Público Urbano y Regional; desde el espectacular Metro automatizado de Copenhague, Dinamarca (ni siquiera llevan conductor), que desplaza sus silenciosos trenes subterráneos con una frecuencia y puntualidad que seguirán siendo una lejana ilusión para ciudades caóticas como Bogotá  (en especial ahora que se levantan las columnas de lo que puede llegar a ser un Metro elevado); alternando dicho servicio con eficientes y modernos buses padrones y articulados (eléctricos e híbridos), flamantes tranvías (sencillos y articulados), trenes de cercanías y hasta trolebuses; acoplado todo esto a un hermético programa de puntualidad, cumpliendo los estándares internacionales de calidad y las normas de emisión de partículas por millón de gases tóxicos; con parques automotores que distan de los deteriorados buses de Transmilenio de Bogotá o el obsoleto parque automotor de las mayorías de los buses de MEGABÚS de Pereira.
Ya había señalado yo en el artículo publicado el 27 de octubre de 2023 «SANTA MARTA TIENE TREN, PERO NO TIENE TRANVÍA», en el portal digital elopinadero.com.co/new/, como en forma irregular la empresa MEGABÚS, administradora del transporte masivo de Pereira y Dosquebradas, el día 25 de agosto de 2023, había firmado un otrosí para extender uno de los contratos de usufructo al operador de la CUENCA DE DOSQUEBRADAS, sin que se hubiera celebrado licitación alguna y sin tener que hacer reposición de ninguno de los buses que venían rodando (buses que casi en su totalidad debían ser chatarrizados), elevándose denuncia penal por parte del otro operador de Megabús, al sentir vulnerados sus derechos de igualdad para hacer puja por la prestación de un mejor servicio público de transporte.
Dentro de los compromisos del gobierno nacional para el fortalecimiento de los sistemas masivos de transporte público del país, los adjudicatarios de la Cuenca de Dosquebradas, recibieron $28.000 millones de pesos el mismo año 2023, pero no hicieron reposición alguna de su parque automotor.  Aaah, eso sí, recibieron condecoraciones por parte de la Corporación Autónoma Regional CÁRDER, por su liderazgo ambiental y promocionaron a través de las redes sociales la traída a Pereira de nueve articulados que entraron a reforzar su flota, olvidaron un pequeño detalle: que los nueve (9) buses traídos a Pereira, eran automotores viejos desechados de Transmilenio de Bogotá, porque ya habían cumplido su ciclo de vida útil y deberían irse como chatarra.
De esa historia con Megabús, con la actual administración de Pereira que lleva más de un año, ya se va acercando la fecha de término de la prórroga del contrato (25 de agosto de 2025), y hasta el momento nada que se tienen luces sobre la nueva licitación para la adjudicación de la Troncal de Dosquebradas, teniendo en cuenta que el proceso licitatorio de este tipo de contrato es complejo y que quien sea el ganador, necesita de un tiempo no menor a un año para poder adquirir los vehículos solicitados.
De las ciudades que visité de Europa y que tuve el gusto de «patonear» y conocer haciendo uso de su organizado sistema de transporte público urbano, en ninguna vi el sistema de las plataformas de estaciones o paraderos como los que se tienen en Bogotá y Pereira, para sus buses articulados, pero sí un muy eficiente sistema de paraderos en donde, inclusive, se puede saber a qué hora exacta pasa determinada ruta por el lugar, con un bono adicional: da gusto desplazarse en cualquiera de los medios de transporte masivo de esas ciudades.  Aquí se tienen las «estaciones de Megabús», pero produce grima tenerse que subir a semejantes armatostes.
Pereira, que con su civismo ha logrado consolidar proyectos, no pudo preservar su casco histórico y ya casi no quedan en pie casas que nos cuenten su historia, como pasó igual con el tranvía perdido.  La casa del poeta Luis Carlos González, debía haberse conservado como casa museo del poeta de La Ruana, tal y como sucede con la casa museo del poeta portugués Fernando Pessoa, en Lisboa, visitada permanentemente por estudiantes y por turistas de todos los rincones, al igual que su bello tranvía que ayuda a contar que por más que nos invada la modernidad, nunca podemos perder nuestra esencia.
Jorge D. Hernández

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