miércoles, febrero 4, 2026

DEL VERBO HACER, ¿HACEMOS EN PEREIRA O SOLO CRITICAMOS?

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(Inspirada en la columna “Pereiranos criticamos, opinamos y no gestionamos ni ejecutamos” de Jorge Eduardo Murillo)

En Colombia hablamos mucho. Nos apasiona opinar, debatir, teorizar, diagnosticar. Somos un país que vive entre los sustantivos y los adjetivos, pero que a menudo se olvida del verbo más necesario: hacer. Nos acostumbramos a creer que la palabra lo resuelve todo, que el discurso sustituye la acción y que basta con tener una opinión fuerte para ser parte del cambio.

Pereira, ejemplo reciente de este fenómeno, encarna una historia que se repite en muchas regiones del país: la de una sociedad que opina más de lo que ejecuta. Durante años, el espíritu cívico que levantó la ciudad —el que construyó avenidas, aeropuertos, parques, universidades y hospitales— se fue diluyendo entre la crítica fácil, la envidia y la falta de acuerdos. Las gestas colectivas dieron paso a la vanidad individual, y los proyectos de largo aliento se empantanaron en discusiones eternas.

Sin embargo, ese no es un destino inevitable. En Pereira, como en tantas ciudades de Colombia, resurgen hoy colectivos cívicos, gremios empresariales y liderazgos públicos con visión. Lo que falta es que los ciudadanos, en lugar de ser comentaristas desde la tribuna, vuelvan a ser protagonistas en el campo. Que entendamos que el desarrollo no nace del desacuerdo constante, sino de la acción coordinada.

Es hora de dejar de satanizar todo lo público y de desconfiar por sistema de lo privado. Ambos sectores son indispensables y, cuando trabajan juntos, el resultado es progreso real. Las alianzas público-privadas no son una concesión: son un imperativo para el desarrollo. Pero también lo es la vigilancia social: la ciudadanía debe ser garante de que lo planeado se cumpla, de que las promesas no se diluyan en el tiempo y de que los recursos se ejecuten con transparencia.

En Pereira, los proyectos que hoy avanzan —desde la prospectiva Pereira 2054 hasta el hospital de cuarto nivel o las dobles calzadas hacia Cerritos y La Romelia— pueden ser un punto de inflexión si todos remamos hacia el mismo lado. Y ese “todos” incluye al ciudadano común, al empresario, al político y al gremio.

El país necesita menos diagnósticos y más obras; menos estudios eternos y más decisiones. Necesita retomar la confianza en su capacidad de ejecutar. Porque el desarrollo no se decreta, se hace. Menos sustantivo, menos adjetivo, y mucho más verbo. El verbo hacer.

Fernando Sánchez P.

2 COMENTARIOS

  1. Claro mas no puede decirse, tenemos esa brecha abierta entre los que ejecutaron esas obras y las actuales generaciones, algo de heredad de nuestra parte para los que vienen.

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