martes, marzo 3, 2026

DESDE LA ÓPTICA DE UN LIBERAL

OpiniónDESDE LA ÓPTICA DE UN LIBERAL

Los partidos tradicionales vienen perdiendo espacio en el universo político colombiano. En cada elección disminuye su presencia en el Congreso y se apaga su discurso frente al electorado. De hecho, hoy no son opción para la presidencia de la República. Resulta muy claro que a la segunda vuelta llegarán Iván Cepeda y el que gane la Gran Consulta del próximo domingo, que no será precisamente un liberal o un conservador y tampoco un representante de la U o de Cambio Radical. El «outsider», Abelardo de la Espriella, perderá en primera vuelta su opción de ir a la segunda y tendrá que sumarse entonces a Paloma Valencia.

Sí, a Paloma. Ella será sin duda la ganadora de las consultas de este domingo y su candidatura subirá como espuma en los ochenta días siguientes, con nueve jefes de debate incluido el expresidente Uribe.

En el panorama presidencial Paloma es de lejos la mejor candidata, con el mejor discurso, con una coherencia demostrada y con resultados legislativos impresionantes. Llena el vacío que dejan los partidos tradicionales, reemplaza el flojo discurso de los cándidos del «Centro» y se convierte en una opción transparente, de manos e intenciones limpias, una opción ganadora. Conoce el aparato de gobierno, a los políticos, al Congreso, los avatares del poder. Lo tiene todo para ser la próxima presidente de Colombia.

No soy uribista ni lo he sido después de su segundo mandato, tampoco soy de «derecha» y como liberal, que he sido siempre, voté con Petro cuando la opción que nos dejaron fue la del desquiciado Rodolfo Hernández. Ahora el panorama es claro para el liberalismo ideológico (y ojalá lo sea para el desdibujado Partido de Gaviria). Hay que acompañar a Paloma Valencia. El país está listo para la revolución que significa una mujer en el poder. Ya lo intentaron varias de ellas como María Eugenia Rojas, Noemí Sanín, Martha Lucía Ramírez y Gloria Gaitán. El machismo afincado de los colombianos tiene una oportunidad histórica para reivindicarse.

Si la izquierda gana las elecciones presidenciales de este año muchas cosas de la democracia representativa, del estado social de derecho y del marco constitucional que nos rige están en peligro. Los «zurdos» en nuestra patria están adoctrinados para optar por el poder, aunque para ello sea necesario arrasar con las instituciones. No son hoy los dueños absolutos del Estado porque no tienen mayorías en el Congreso ni las alcanzarán en estos próximos comicios. Lentamente se han venido apoderando de las cortes para garantizarlas de su lado pero están muy lejos de dominar el legislativo. Después del próximo domingo la izquierda (Pacto Histórico más algunos afines) solo tendrán un poco más del 40% de este poder.

Vendrían entonces, con absoluta certeza, nuevas intimidaciones para cerrar el Congreso, la convocatoria de una asamblea nacional constituyente o la apelación a figuras como el referendo, el plebiscito o la consulta popular para violentar las instituciones y saltarse la Constitución. Incluso volverían a exacerbarse los odios de clase, los paros ciudadanos con cierres de vías, las amenazas de dictadura, el rumor subrepticio de la cancelación de elecciones, los llamados a la «primera línea», etc., y tantos otros amagues que se usaron en estos cuatro años.

La izquierda colombiana equivocó el camino. Está muy lejos del pensamiento y de las realizaciones de Mujica en Uruguay o Lula Da Silva en Brasil y mucho más aún del Estado que soñamos los colombianos. Por eso los liberales tenemos la obligación de enderezar el rumbo y para lograrlo la opción se llama Paloma Valencia. No se equivoquen.

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