Este 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer en un contexto que dista de ser alentador.
Aunque se han logrado avances históricos en los derechos de las mujeres, el panorama global actual evidencia que muchas de estas conquistas están en riesgo, mientras que la violencia y la desigualdad persisten con una crudeza alarmante.
El 2024 marcó un hito preocupante en el reconocimiento a la labor de las mujeres en el ámbito académico, cultural y científico.
En la industria cinematográfica, la exclusión de mujeres en premiaciones clave reavivó el debate sobre la falta de equidad en el reconocimiento de su talento y aportes.
Esto no es una coincidencia. Los avances que por décadas han sido impulsados por el feminismo enfrentan hoy una reacción adversa, con movimientos ultraconservadores promoviendo la idea de un «retorno a los valores tradicionales» que en la práctica significan un retroceso en los derechos adquiridos.
La narrativa de «volver a la esencia», con discursos que buscan reforzar estereotipos de género, está ganando tracción en varias regiones del mundo.
Mientras tanto, la violencia contra las mujeres sigue en ascenso. Las cifras de feminicidios, violaciones, desapariciones y maltratos evidencian una crisis de derechos humanos.
En Colombia, según el Observatorio Colombiano de Feminicidios, 884 mujeres fueron asesinadas en 2024, 44 de ellas menores de edad.
Casos de abuso y violencia de género han salpicado incluso a diplomáticos y políticos, muchos de los cuales continúan en el poder sin consecuencias reales.
A nivel mundial, la situación también es grave.
En Afganistán y Pakistán, las mujeres han sido excluidas de la educación y la vida pública.
En Estados Unidos, los retrocesos en derechos reproductivos han limitado el acceso al aborto en varias regiones.
En Ucrania y Gaza además de otras zonas de conflicto, las mujeres y niñas se enfrentan a violencia extrema y condiciones inhumanas.
A pesar de estos retrocesos, el movimiento feminista sigue vivo y en resistencia.
Mujeres en todo el mundo siguen alzando la voz, exigiendo justicia, igualdad y el respeto a sus derechos.
Las protestas, la organización social y el activismo continúan siendo herramientas clave para enfrentar la ola ultraconservadora y la violencia estructural.
La lucha no ha terminado. Hoy, más que una celebración, el Día Internacional de la Mujer es un recordatorio de que la igualdad de género no es un destino alcanzado, sino una batalla constante que exige acción, conciencia y compromiso colectivo.
La historia nos ha enseñado que los derechos pueden ganarse, pero también pueden perderse si no se defienden.
Este 8 de marzo, el llamado es claro: no bajar la guardia y seguir luchando por un mundo donde las mujeres no tengan que temer por su vida, su libertad o su futuro.



Maravillosa columna para poner de relieve un gravisimo problema que lejos de mejorar, esta empeorando a la luz de las estadísticas.
Desde hace años, un colectivo ciudadano integrado por hombres y mujeres de diversas creencias políticas y religiosas, realizamos plantones en las afueras de la fiscalía para protestar por la impunidad en los casos de feminicidio y de acoso sexual porque creemos que una de las peores causas de este mal es PRECISAMENTE la IMPUKIDAD.
No olvido el repugnante episodio registrado por la prensa cuando en el juicio por la violación de la niña embera en Pueblo Rico, Risaralda, por parte de 8 soldados, se estuvo ventilando la posibilidad de declararlos inocentes porque había indicios de que la niña, desde su bicicleta les sonrío. En la cultura machista de quienes así pensaban, el que una niña no cualquier mujer sonría, justifica que pueda ser violada. Simplemente ¡Horroroso!