jueves, febrero 5, 2026

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE HOY -2-

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«Hasta que la muerte los separe» es una frase que va perdiendo sentido poco a poco. La mayoría de los jóvenes de hoy no entienden ni aceptan el matrimonio como un compromiso de vida que solo concluye con la muerte. En la modernidad cada miembro de la pareja decide hasta cuándo quiere estar al lado del otro y no se trata del divorcio como solución cuando las cosas no funcionan, sino también de la posibilidad de vivir cada uno en su casa después de contraer matrimonio. Todo eso hace parte de la revolución que viven los romances de los últimos años.

 

En esta segunda entrega ahondaré en las causas de los profundos cambios que ha tenido el amor para las últimas generaciones. Fue quizás la sexualidad la que contribuyó con mayor fuerza a esta metamorfosis. Se transformó extraordinariamente. La mojigatería de antaño desapareció: las parejas se sienten libres de hacer el amor sin compromisos, casi nadie llega virgen al matrimonio, si es que lo hay, e incluso las parejas prefieren convivir algún tiempo antes de decidir si se amarran legalmente. En logros sin precedentes en la cultura occidental se igualaron los roles de cada miembro de la pareja en el acto sexual, se posicionaron los juguetes sexuales y proliferan las tiendas que ofrecen todo tipo de artículos para que los individuos disfruten la sexualidad solos o en pareja. La masturbación perdió los prejuicios y dejó de ser «pecado» y el orgasmo femenino adquirió su verdadero valor y dejó de ser un tabú. Y lo más increíble es que hablar de todo esto se hizo parte de la cotidianidad y tema obligado de conversación entre los jóvenes.

 

Pero toda esta transformación sucede en medio de la exacerbación del individualismo. Los muchachos de hoy no quieren compromisos. Quieren vivir la vida sin ataduras y en absoluta libertad. No pretenden una pareja que los amarre y han materializado sus sueños y las metas de vida. Quieren viajar, conocer otras culturas y recorrer el mundo. Incluso prefieren trabajos y actividades laborales virtuales, que no los aten geográficamente. No se quedan en un puesto por años, prefieren gastar sus ahorros en actividades lúdicas, preferentemente físicas, como montar en bicicleta, ir al gym o a pilates, hacer ejercicio, etc.. Los hombres ingresaron al mundo de la «vanidad». Se hacen la «lipo», cirugías reparadoras, depilaciones, implantes de pelo y muchas cosas más que antes eran exclusividad de las damas.

 

Los jóvenes no quieren hijos. Los ven económicamente insostenibles y piensan que les «encarcelan » su existencia y su libertad. Si se casan, quieren hacerlo estrambóticamente. En la playa, en una isla, en el paraíso, en cualquier sitio que sea mejor que el de fulanita y perencejo. El matrimonio ahora es cuestión de status.

 

Tampoco leen, han desarrollado un culto al dinero, no quieren estudiar, anhelan ser ricos, millonarios al instante. Todos se ven «influencers», expertos en «coaching» o en «trading», creen en pirámides y otras formas de dinero fácil sin importar si otros pierden. Los valores también cambiaron y la ética pasó a un segundo plano. En este marco, imaginen entonces lo que le sucedió al amor.

 

Desaparecieron las dedicatorias, los novios, los piropos, los enamoramientos y las serenatas. El modernismo, con afanes puramente mercantiles, reemplazó el «día de los novios» por el de «amor y amistad».  Definitivamente en el amor todo cambió. ¿Imaginan ustedes a un par de jóvenes bailando un bolero?. Imposible, ¿cierto?

 

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