Una tilde mal puesta puede cambiar una vida. Y una coma fuera de lugar puede desatar una tormenta. Corregir no es solo una cortesía gramatical: es una obligación ética y profesional.
Corrección, sin concesiones
Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador, si detectaba una palabra inexacta que alterara el sentido del texto., interrumpía la rotativa (de linotipos) sin dudarlo. Le importaba más la precisión que el costo. Así se construye la credibilidad: corrigiendo, aunque sea incómodo o impopular. Cano hizo de la corrección un acto de responsabilidad editorial.
Colofón: corregir cuesta, pero no corregir puede costar mucho más.
El general Francisco Franco, ¿murió…, o no?
Radio Televisión Española RTVE, reportó solemnemente que el dictador había muerto… pero añadía en la misma frase que “el caudillo sigue en estado crítico”. Un titular que parecía sacado de una tragicomedia: un muerto aún en cuidados intensivos. Otros medios titularon: “Franco mejora de su grave estado de muerte”. Aunque Franco haya muerto, el gazapo sigue vivito y coleando.
Colofón: España no sabía si llorar al dictador… o seguir esperando un buen desenlace.
Gardel, ubicuidad natal
Revista cultural argentina informó “El más grande cantante argentino nació en Uruguay, pero era francés de nacimiento”. Un intento de abarcar todas las teorías acerca de la nacionalidad de Carlos Gardel… en una misma línea.
Colofón: El único artista que logró nacer en tres países al mismo tiempo.
Maremoto en Bolivia
Caracol Radio publicó: “Última hora: se registra tsunami en Bolivia”. El titular fue corregido minutos después, pero… ya había recorrido las redes. Olvidaron un pequeño detalle: Bolivia no tiene mar.
Colofón: antes que hacer olas en una geografía imaginaria, hay que revisar el mapamundi.
La fríjolada de Castro
Un despacho internacional traducido por El Tiempo informaba que “Castro se dirigió al pueblo con bríos”, pero apareció publicado como: “Castro se dirigió al pueblo comiendo fríjoles con entusiasmo”. Un falso frijol patriótico por culpa de un término incorrecto.
Colofón: cuando un idioma se traduce mal, se traiciona el mensaje.
Gazapo celestial
Rodrigo Fernández Chois, un colega del diario Occidente de Cali, quiso evocar “La purísima Virgen María”, pero en el título se coló una ‘t’ en lugar de la ‘r’. El titular que salió impreso decía: “La putísima Virgen María”. Cambio monumental de sentido. El comunicador, bastante abrumado y apenadísimo, pidió tras el desastre tipográfico una licencia por seis meses.
Colofón: los dedos también rezan cuando escriben.
El papa embarazado
El diario Il Giornale de Italia publicó el titular “Il Papa è incinta” (El papa está embarazado), refiriéndose a Benedicto XVI. La confusión gramatical entre el artículo masculino “Il” y el adjetivo femenino “incinta” hizo el resto, generando risas e indignación masiva. Concordancia y artículos incorrectos. La noticia fue tan insólita como viral.
Colofón: hasta en latín, el género importa.
La perfección sí existe, cuando la ética edita
De la revista Selecciones del Reader’s Digest, que leo ininterrumpidamente mes a mes desde hace seis décadas, puedo dar testimonio de que solo ha incurrido en un error: en una ocasión publicó un artículo inspirador… con signos de interrogación, en vez de admiración. La fe de erratas se publicó al mes siguiente. Y años después, Selecciones tomó otra valiente decisión: suspendió toda publicidad de cigarrillos tras relatar el caso de un médico enfermo de cáncer quien, por el orificio traqueal que le hicieron para alimentarse, se fumaba a escondidas sus «puchos». Contradicción entre contenido y anunciantes. Publicidad vs. ética. Hasta ahí llegó la publicidad de cigarrillos Camel y Marlboro.
Colofón: una coma salva el tono; una decisión ético periodística, la coherencia editorial.
El papa Francisco, ¡beatificado… en vida!
CNN, en español, anunció que el papa Francisco había sido beatificado; contradiciendo frontalmente el proceso canónico de la Iglesia Católica. Algo imposible mientras la persona esté viva, Error teológico.
Colofón: Fue tan milagroso el error que casi lo suben a los altares antes de tiempo.
Muere Mandela
El canal Fox News anunció la muerte de Nelson Mandela y, segundos después, un presentador añadió que “continúa en estado crítico”.
Colofón: Más que error, fue una resurrección instantánea en vivo.
Maduro, maduró biche
Venezolana de Televisión anunció como ganador a Nicolás Maduro en las elecciones del 2013, con un 75%. Pero… con el 30% de votos escrutados. El cálculo se adelantó al escrutinio.
Colofón: La matemática revolucionaria predice resultados antes del conteo.
Mataron a “Gabo”
El diario La República de Perú, entre otros, anunció la muerte de Gabriel García Márquez con titulares lacrimógenos y poemas que ni eran suyos. En ese momento seguía vivo. Días después, el Nobel, con su humor, desmintió desde México la noticia.
Colofón: verificar es más importante que una primicia.
Mario Vargas Llosa, deceso macondiano
TVPerú, al anunciar el fallecimiento del autor de Cien años de soledad, confundió a Gabriel García Márquez con el Nobel peruano.
Colofón: Macondo fue trasladado de Colombia a Perú… por un error de la pantalla chica.
Nupcias con mucho culo
Durante la transmisión de la boda de Meghan Markle y el príncipe Harry, el canal argentino Crónica TV tituló en pantalla: “Boda real con mucho culo”, en vez de “con mucho celo”. Se filtró una ‘u’ en lugar de la ‘e’. Una sola letra bastó para convertir la elegancia real en un escandaloso trasero. El error tipográfico brutal se viralizó en minutos.
Colofón: el teclado también tiene su sentido del humor.

Vacuna moderna
La Comunidad de Madrid envió, en la pandemia un boletín recomendando la “nueva vacuna de Moderna”, pero adjuntó por error el gráfico de una miniván (furgoneta escolar marca “Madrina”). El equívoco se corrigió al día siguiente.
Colofón: una imagen mal pegada, una credibilidad despegada.
Corregir es guardar la verdad
Los garrafales errores aquí reseñados (cómicos y trágicos) son auténticos: están plenamente documentados en archivos de prensa, capturas digitales, declaraciones oficiales y fuentes verificables. Ninguno es una leyenda urbana, demuestran la fragilidad del proceso editorial. Son lapsus reales que, al ser corregidos o no, dejaron una huella en la historia del periodismo; para reír, aprender y corregir.
Gazapo
Sustantivo travieso y reincidente.
Fugitivo léxico que se desliza entre letras y sílabas cuando el autor pestañea o confía demasiado en su ingenio. Brota por descuido, ignorancia o soberbia creativa y siempre escoge el momento exacto en que el escritor suspira: «¡Ahora sí me quedó perfecto!».
Como conejillo hiperactivo, se multiplica a la velocidad del bostezo, se camufla en cada párrafo y organiza una fiesta clandestina de erratas que nadie advierte… salvo el corrector de estilo, ese temible Gran Inquisidor de la Sintaxis; armado con lupa, ceja en alto y lápiz rojo, levanta actas de herejía gramatical, sentencia el gazapo a la hoguera tipográfica y deja una nota al margen que reza, con tono de exorcista: «¡Sal de este texto impuro, criatura del caos!»
En esencia, el gazapo es un tropiezo lingüístico que logra que el texto no diga lo que se quería ni como se debía expresar; dejando al autor sonrojado, y al corrector relamiéndose de satisfacción profesional. Así, el gazapo se confirma como la travesura definitiva: burlón, prolífico y eternamente condenado a la mirada inquisidora del guardián del estilo.
Conclusiones
- Corregir es custodiar el sentido y la dignidad de la información. No basta con revisar tildes o comas: implica preservar el contexto, el tono y el respeto al lector. La corrección bien hecha es invisible; la mala, escandalosa.
- La prisa y la confianza excesiva son aliadas del gazapo. Desde titulares equívocos, puntuación desplazada hasta traducciones precipitadas sin contexto o imágenes mal puestas, los dislates florecen donde falta la segunda lectura.
- Los errores editoriales son huellas digitales. Cada lapsus revela desatinos, descuidos, omisiones precipitaciones. A veces, una sola coma cambia todo.
- La corrección exige humildad profesional. Leer dos veces puede salvar reputaciones, publicaciones y –sobre todo– la credibilidad del medio.
- Los gazapos son inevitables, pero no incurables. Admitirlos, corregirlos y aprender de ellos es lo que distingue un periodismo serio de uno superficial.
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* Periodista y corrector de estilo


