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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEL EMPLEO NO NACE DEL DECRETO

EL EMPLEO NO NACE DEL DECRETO

 

Es imperativo entender una verdad que para algunos resulta incómoda, y para otros simplemente desconocida: el Estado no crea riqueza; la redistribuye. La riqueza —y con ella el empleo formal, masivo y sostenible— nace en otro lugar: en el tejido empresarial.

 

La historia de Jair lo explica mejor que cualquier discurso técnico.

Jair estudia electrónica. Tiene talento, disciplina y ganas de trabajar. Pero no logra acceder a un empleo formal. No porque no sepa, ni porque no quiera. La razón es más cruda: para una pequeña empresa, contratar hoy es demasiado costoso. Cada nuevo puesto implica cargas, riesgos y obligaciones que muchas veces superan la capacidad real del negocio. Resultado: la empresa no contrata y Jair sobrevive en la informalidad. Sin seguridad social, sin ingreso fijo, sin estabilidad. Vive del rebusque.

 

 

 

En paralelo está Breixon. Estudia lo mismo que Jair. Pero su historia es distinta. Breixon sí accede a un empleo formal. No porque la empresa haya crecido o creado un nuevo cargo, sino porque reemplaza a otro trabajador. Entra a un puesto ya existente. Se integra al ecosistema de la formalidad: salario, seguridad social, estabilidad relativa.

Dos jóvenes, misma formación. Dos resultados opuestos. La diferencia no está en ellos. Está en el sistema.

Aquí es donde conviene desmontar una idea popular pero peligrosa: subir salarios por decreto, sin sustento en productividad, no crea empleo. Tampoco crea empresas. Mucho menos riqueza. Lo que sí hace —aunque no siempre se quiera admitir— es reducir la capacidad de contratación, empujar a más personas a la informalidad y frenar la generación de nuevos puestos de trabajo.

Desde la economía es simple: el salario es un costo. Si ese costo crece más rápido que la productividad, el margen empresarial se reduce. Cuando el margen desaparece, la empresa no contrata, automatiza, informaliza o cierra. No por maldad, sino por supervivencia. La empresa no es una caja infinita; es una ecuación.

Desde la lógica cotidiana también es evidente: nadie contrata para perder. Nadie amplía su nómina si cada nuevo trabajador representa un riesgo financiero insostenible. Las pequeñas y medianas empresas —que son las que más empleo generan— no operan con discursos, operan con caja.

Por eso, pagar más sin producir más no es progreso; es ilusión. El verdadero camino pasa por aumentar productividad, reducir barreras a la formalización, aliviar costos no salariales y crear un entorno donde contratar no sea un acto heroico.

El empleo formal no se decreta. Se construye.

Y a todas estas, usted, ¿qué propondría?

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