Si hablas a un hombre en un idioma que entiende, va a su cabeza. Si le hablas en su lenguaje, va a su corazón.
-Nelson Mandela.
Tardé varios días en concebir las ideas que plasmaría en este escrito. Puesto que no quería entrar en el mismo discurso de siempre. Así que, después de meditarlo muy bien, me dispongo a relatar, lo que mi mente sugiere.
Son parte esencial de la vida de una mujer, si se tiene en cuenta que la presencia de esa figura masculina desde la concepción, en un futuro garantizará decisiones acertadas para la vida, en especial para el género femenino. Un padre es el mejor referente en el desarrollo de los hijos. Sin embargo, las circunstancias por las que tiene que atravesar el ser humano, cambian dichos planes y con ellos se pueden distanciar e ir esos propósitos al traste.
Pero, más allá de dicha perspectiva, los hombres son seres humanos y aunque aparenten rudeza, en el fondo hay una explosión de sentimientos que, al ser manifestados, convierten la situación más compleja, en actos mágicos.
Es lo que vemos diariamente, tal vez sea un fenómeno cultural, quizás idiosincrasia, lo que no significa que, al detener la mirada, hallemos a alguien musculoso, ya que la testosterona le permitió ganarla como para marcar diferencias con el género femenino, también es una forma de garantizar seguridad ante una situación inesperada y que no estaría dentro de nuestras posibilidades, como muejres, realizarla a cabalidad.
Se concentra en su labor diaria para cumplir metas, alcanzar altos desempeños, olvidándose de ser él. Tal vez, por ello poco sonríe, lleva sobre sus hombros una carga que sobrepasa su emoción. Sólo bastaría unos minutos para brindar en un abrazo, esa oxitocina con la que restaría peso, recargaría su mente y cuerpo con la calidez que se da y se recibe en ese pequeño acto. Aquí hago mención de una de las tantas hormonas depositadas en nuestro organismo y que no usamos.
Tenemos a nuestra disposición 50 hormonas que trabajan para lograr en nosotros reacciones apropiadas para liberarnos de lo que guardamos en la mente y en el cuerpo, y que nunca descargamos.
Quizá nos limitamos a verlo como aquella persona que sale de casa para dirigirse a cumplir responsabilidades laborales. Un ser que regresa a ella muy cansado y ávido de atención porque sólo anhela ser atendido y con relación a nuestra diversidad ocupacional, irrita. Más allá de esa explosión, no comprendemos que, somos diferentes.
Hoy, leo la historia del hombre, paso a paso. Leo al prehistórico, pero también del actual y sin ir muy lejos, admiro que haya tomado la iniciativa de realizar una misión espacial llegando a la luna, evento memorable para la humanidad. En nuestro espacio, el femenino, nos puede llevar al cielo.
He visto hombres maltratadores, pero, también maltratados, he visto hombres que son capaces de sonreír y expresar felicidad al recibir su proyección, un hijo. Ahí la dopamina actúa de manera racional, lo lleva a esa explosión de felicidad. He visto héroes librando batallas en el medio Oriente, en el Cauca, en casa. Hombres que batallan con su identidad y se sumergen en un abismo de inseguridades, hombres que, como José el padre adoptivo de Jesús, han comprendido, que ese sustantivo se hace verbo cuando se tiene el verdadero amor y comprensión ante lo que exige la vida.
Ellos, son fuerza, vida, columna vertebral de la familia, compañía en la oscuridad, consuelo en las adversidades, calma ante el peligro. Conocen la ternura, son cristales finos que se fracturan en minúsculos pedazos, porque la rudeza usada a diario en ciertas circunstancias como la pérdida o proximidad al peligro, se vulnera dejando al descubierto su realidad; grandes cocineros; excelentes amos de casa; magníficos pilotos; ingeniosos, … en fin, parte esencial de la vida.


