Miscelánea
La voz del pueblo es la voz Dios, al pueblo le fascinan las fiestas, luego, no cabe duda de que Dios nos acompaña en el jolgorio; cuando vamos a las fiestas tenemos autoridad para juzgar si fueron buenas o si fueron malas, según la predilección y la calidad de los artistas, pero, si no le paramos bolas a las convocatorias, aun cuando la oferta sea amplia y variada y además al «gratín», posiblemente, por amargados, diremos que fueron terribles y otros hasta dirán que no hubo fiestas.
Cuando celebramos, le perdemos el paso a las preocupaciones, olvidamos las deudas y las penas; lo que suelen ser problemas, durante dos semanas, dejan de serlo. No sé cuanta popularidad puede dejar a un gobernante unas buenas fiestas, y no tengo ni idea cuánto puedan costar, en realidad ni lo uno ni lo otro me importa, fiestas siempre van a haber, de hecho, en Pereira, terminadas las de agosto empiezan las de fin de año, por aquello de que «desde septiembre se siente que viene diciembre«, y octubre y noviembre no existen.
Después del COVID, parrandear y pasar bueno se volvió prioridad y, por eso, la alcaldía seguro ya está considerando qué artistas va a traer en 2026 y qué nuevos eventos va a promover. Todo eso está muy bien, y que se haga con nuestros impuestos, pues, es apenas lógico, porque en este mundo nada es gratis y de alguna parte la plata tiene que salir. Pero toda esta bacanería no puede volvernos ciegos y sordos frente a algunos detalles que tenemos que cuidar y ciertos desatinos que no pueden volver a suceder.
La seguridad es muy importante, claro que sí, y para garantizarla, fácil, todos con cédula en mano, que a los eventos no vayan los menores. La apertura con Silvestre, El planchazo, el sinfónico, la rumba en la Independencia, la monumental concentración con el show de la FMS y Alcolirycoz, todo eso estuvo muy bien, pero faltaron los chicos, que también querían ver, ellos que son herederos de la cultura, tienen derecho a participar un poco más, no solamente el Bulevar de la Circunvalar
Podemos decir que esta administración, cuyo mérito ha sido rescatar las fiestas de Pereira, devolverles el atractivo y la importancia para la población local y los turistas, con los beneficios que ello tiene para la economía, ha sido víctima de su propio éxito y me refiero puntualmente al Superconcierto de la Cosecha. En 2024 fue una apoteosis, todo salió perfecto, la logística, el público, los artistas y los fuegos artificiales; por ende, en 2025 todo estaba servido para repetir y superar lo hecho; con mayor entusiasmo y más patrocinadores; nada podía salir mal, pero …
La expectativa por Arcángel, el gancho, resultó exagerada, el artista está fuera de forma y no canta, solo balbucea; El Niño de la Salsa, discreto, una presentación más, y Calibre 50, para olvidar. Salvaron la patria, Johnny Rivera, a quien lo que le falta en talento le sobra en carisma, y los Gigantes del Vallenato que nunca fallan. Todo eso, vaya y venga, puede ser cuestión de gustos, falta lo grave, lo que no puede volver a pasar, el caos de la logística; la logística, que se puede equivocar, pero que jamás se debería corromper, como sucedió. No es culpa suya alcalde, pero vale la pena revisar.
Adenda. A futuro, hay que pensar en mejores y más justas formas de repartir las entradas.


