martes, febrero 3, 2026

EL MIEDO COMO ESTRATEGIA POLÍTICA

OpiniónActualidadEL MIEDO COMO ESTRATEGIA POLÍTICA

 

Por JORGE CARDONA

En las últimas elecciones presidenciales en Colombia el común de los electores ha votado en contra de un candidato; cuando votaron por Rodolfo lo hicieron para votar “contra Petro”, y muchos de los que votaron por Duque, lo hicieron para votar “contra Petro”, y así es la política, se ha convertido en el juego del miedo, en tableros diferentes, dividido entre quienes tienen un tipo de “miedo con fichas blancas” y los que tienen otro de tipo de “miedo con fichas negras”; el asunto es que un número muy reducido de electores sabe votar sin miedo, mientras otro número más reducido aún de electoreros sabe causar el miedo como estrategia política.

 

El miedo en términos generales es una emoción que puede ser real, aunque en la mayoría de las ocasiones es imaginario, deviene biológicamente de nuestra estructura evolutiva, diseñada naturalmente para advertir las amenazas y eludir el peligro, sin embargo, en la época actual, ese mecanismo instintivo sigue motivando decisiones políticamente incorrectas.

 

Ese miedo ficticio causa un sesgo de negatividad, en virtud del cual todo ser humano tiene la tendencia de inclinarse instintivamente hacia las cosas negativas que a las cosas positivas, es decir, que reaccionamos y recordamos con más intensidad las cosas malas que las cosas buenas de la vida.

 

En la pasada campaña electoral a la presidencia de la república era común escuchar frases como: “nos vamos a volver como Venezuela”, …“el dólar va a subir a $6.000 pesos”, …“nos van a expropiar” sin embargo, pasados más de tres años y estando en la recta final de esta administración, podemos confirmar que nada de esos mensajes de campaña resultaron ciertos, que sólo fueron artificios de engaño a partir del miedo para mover al elector en uno o en otro sentido.

 

Lo cierto es que los candidatos que menos creatividad y conocimiento tienen del Estado son los que más acuden a estas prácticas mañosas de convencimiento del elector, por lo fácil que es causar miedo en una sociedad desinformada, polarizada e incentivada con la ansiedad constante al futuro; nótese como Vicky Dávila desde que lanzó su campaña presidencial, el eje central ha sido su oposición al presidente Petro y el miedo colectivo que irradia el personaje, estrategia que la posicionó en los primeros lugares de preferencia del elector.

 

Pero pasaron los días y la campaña se desinfló porque los electores fueron encontrando bajo la directriz del miedo otros candidatos que les causaron mayor “seguridad y confianza”, de tal forma que corrieron temerosos a refugiarse en la campaña del “tigre”, que basaba su estrategia en el mismo miedo a Petro, pero a diferencia de Vicky, Abelardo es un “macho” y tiene la voz más fuerte para gritar que “erradicará y destripará” a toda la izquierda, lenguaje violento y agresivo que fue recibido como bálsamo tranquilizador por quienes ven en la violencia política un mecanismo de defensa, así esa misma violencia los termine eliminando a ellos mismos.

 

Pero si de infundir miedo se trata, los candidatos de la izquierda no se quedan atrás, Daniel Quintero con su discurso anticorrupción pretende que el elector le tenga miedo a “los de siempre”, a la “oligarquía” de este país que se ha robado el erario, pero que en últimas este candidato también hace parte de los de siempre, elegido a través del miedo, con un discurso de víctima que ya llega a niveles de risibilidad por la incoherencia de sus palabras, demostrado en las caóticas condiciones en las que dejó a Medellín al final de su mandato.

 

En fin, como van las cosas, tenemos dos campañas fuertes del miedo, en cualquiera de las dos, no se augura un buen pronóstico para el país; por el lado del tigre, su inexperiencia y sus estrechos vínculos con paramilitares y estafadores no dan confianza y por el lado de Quintero, sus múltiples investigaciones y el enriquecimiento de su hermano mientras estuvo en la Alcaldía de Medellín, no garantizan la honestidad que le es ajena pero que reclama de sus contendores.

 

A nuestro país le conviene una postura sensata, tranquila y conocedora del Estado, sin estratagemas del terror como la que nos venden los candidatos con más tendencia, sólo así podremos salir de esta polarización alimentada por sesgos de negatividad en ambos sentidos; ni nos volvimos como Venezuela ni nos han gobernado los mismos de siempre, Colombia tiene una democracia madura con instituciones sólidas que nos han permitido vivir transiciones partidistas pero que al reseñar al que piensa diferente como un enemigo, no nos permite crecer juntos como país.

 

Es hora de respirar y controlar el miedo para ver el panorama con el color de la esperanza, existen muchos candidatos que tienen gran experiencia y conocimiento para manejar el Estado y que no necesitan amenazar a quien piensa diferente para ganar electores; hacia esas propuestas es a donde debemos girar, de lo contrario, continuaremos posicionándonos como un país de extremos, en donde siempre queremos ver al contrario eliminado, pero eso es una utopía, siempre habrá gente que piense diferente y eso no nos hace enemigos, solo nos hace diferentes y en la diferencia también nos podemos encontrar.

 

Recordemos que el miedo distorsiona la realidad y anula el juicio.

 

 

1 COMENTARIO

  1. Buen día Don Jorge. Gran escrito

    En un país en el que ha predominado el mismo discurso y la misma estrategia, el cambio genera expectativa y miedo, el cual no justifico ya que se debe permitir que las nuevas decisiones hagan lo suyo y se viene demostrando que este cambio ha logrado cosas muy buenas a pesar de tanto oposición y engaño por desestimar la buena labor. Me hace acordar del mito de la caverna, donde la luz es dañina para el que ha vivido en la oscuridad pero el pueblo Colombiano se debe acostumbrar a la luz, a la transparencia y al cumplimiento responsable del deber de los funcionarios.

    El buen trabajo no traiciona, ya que las cosas malas caen por su propio peso.

    Llegó el momento de dejar la indecisión y ser lo suficientemente serios para informarnos de los candidatos a la futura presidencia para decidir correctamente.

    Feliz día.

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