miércoles, febrero 25, 2026

EL NORTE MORAL PERDIDO

OpiniónEL NORTE MORAL PERDIDO

Leyendo la noticia sobre la suspensión provisional de un funcionario de la alcaldía de Pasto, la semana pasada, dentro de una investigación por presunta  participación indebida en política, adelantada por la Procuraduría General de la Nación, vino a mi memoria la amonestación al entonces Presidente Carlos Lleras Restrepo, impartida por el Procurador de ese entonces; Mario Aramburo Restrepo, por haber cometido la falta disciplinaria de intervención en asuntos políticos en 1970, en pleno Frente Nacional, cuando avanzaba la campaña electoral y crecían las huestes de la Alianza Nacional Popular (Anapo), lideradas por el General Gustavo Rojas Pinilla. Eran otros tiempos, marcados por un talante moral, como acostumbraba a decir Álvaro Gómez Hurtado, talante que ha desaparecido y, por, sobre todo, en el ejercicio de la política y en el de la administración pública,  cuya degradación es una evidente y pasmosa realidad. Hacerlo en esos momentos, armado solo del valor civil y en irrestricto apego a las normas que rigen tan elevado cargo, contra un hombre de las calidades humanas e intelectuales de las del presidente Lleras Restrepo, solo por transgredir la norma constitucional que como funcionario público le estaba prohibido, así fuese el primer mandatario de la nación, es algo sorprendente y desde luego, un acto irrelevante hoy para la inmensa mayoría de ciudadanos, por razones obvias. Al más mínimo desliz, a la menor falla ética advertida por ellos mismos, aceptaban las consecuencias y se apartaban del poder, conscientes de haber quebrantado una norma contraria a la ética y a la moral. Señalar a un presidente de ineptitud e ineficiencia, pudiera ser algo normal en el pasado, incluso, cuestionarlo por fallas humanas, pero tacharlo por fallas a la ética y la moral, por irrespetuoso y grosero en el trato a los partidos, u órganos del poder, eso era inimaginable en esos tiempos. Hoy, todo eso ha desaparecido. Un presidente que asiste a su posesión cogido de la mano de quien el país conocía como su esposa, para después aparecer cogido de la mano con un travesti, en el casco antiguo de Panamá, y  tranquilamente, violentando a su compañera, aducir que su matrimonio hace años está disuelto, pero no para seguir representando al país en actos internacionales como primera dama, pagada con los impuestos que los colombianos pagamos, es algo normal que el país debe aceptar. Graduar a los congresistas o magistrados de HP. cuando no aprueban sus proyectos de ley, o cuando sus decisiones son cuestionadas o suspendidas por las Cortes, o presentarse indebidamente con vestimentas por fuera del exigente protocolo presidencial o en estado de alicoramiento o bajo el efecto de sustancias alucinógenas, en las que sin ton ni son habla de coordinar el clítoris con el cerebro, o que su desempeño en la cama es de un macho alfa, imposible de olvidar, o que María Magdalena mantuvo sexo con Jesús, la figura central del cristianismo, reconocido por la inmensa mayoría de católicos en el mundo como el hijo de Dios, y que todas esas bestialidades el país “tiene  que normalizarlas”, nos está diciendo queestamos indefectiblemente ante un estado anormal, que vive y se interrelaciona en una sociedad quebrada y sin principios morales ni éticos. La muerte del niño Kevin Acosta, condenado a  muerte por una decisión “asesina” del Presidente y su Ministro de Salud, produjo una condenable respuesta del procurador Eljach, quien pidió “sensibilidad” a estos altos funcionarios, cuando lo que debió iniciar es una investigación por asesinato, ordenada desde la Casa de Nariño a todos los colombianos, con su maltrecha reforma a la salud. Alberto Zuluaga Trujillo.                                                      Alzutru45@hotmail.com

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