Aprovechando que el último día de este año cae en miércoles, estaba ya listo para hacer mi balance de lo destacado de este 2025, que pasa, y mis expectativas del 2026, que llega, estaba en esas cavilaciones cuando, de repente, así, como de la nada, nos cae la noticia de que el presidente Gustavo Petro había dispuesto el decreto con el nuevo salario mínimo legal, con cipote incremento del 23,5%. Me imagino al finadito Pacheco diciendo ¡veintitrés punto cinco por ciento! alargando las sílabas y al final rematando con la frase ¡Quiere cacao!
Ni los más optimistas, y tampoco los más pesimistas, hubieran imaginado un incremento de semejante magnitud, aunque este gobierno desde que se instaló ya venía siendo muy generoso, reivindicando a la clase trabajadora con la dignificación del salario mínimo que siempre fueron migajas y ahora se ha elevado a la categoría de Vital.
De Petro se pueden decir muchas cosas y, la principal, la que menos me gusta, su forma de comunicar, que enrarece el ambiente sin necesidad, porque levanta permanentes polvaredas de noticias, noticias dominadas por los medios de comunicación tradicionales, cooptados por los grupos económicos, que les cuentan a los ciudadanos de a pie sólo lo que les conviene. Pero también de Petro hay que decir que ha dado un golpe de mano con la decisión más audaz jamás tomada en materia laboral y económica, en clara coherencia con su sensibilidad social.
Yo no entiendo mucho de cosas técnicas ni de números y no sé cómo carajos llegó Petro al 23.5%, pero, ya está, que pase lo que tenga que pasar con la economía y que se rompan las vestiduras los empresarios, que perdieron la oportunidad de quedar bien y hacer patria negociando sobre el 16% que pidieron las organizaciones sindicales, en vez del pírrico 5% que pusieron sobre la mesa, para que al final Petro, con su ultra petita salarial, los hiciera quedar como un cuero, como los tacaños que siempre han sido.
Ha sido tan impactante lo del 23.5%, que de alguna emisora llamaron a dos prestigiosos exministros, quienes, aun aturdidos por el golpe, solo atinaron a repetir como loros que el país se iba a acabar de arruinar, que ahora si había llegado la hecatombe que tanto nos habían vaticinado, pero sin un argumento que no fuera la mera amenaza de la inflación que, entre otras cosas, ha tenido un comportamiento estable en los últimos 3 años, igual que el dólar, precisamente cuando más ha subido el SMLMV en Colombia. Tuvo la cachaza, uno de esos exministros, de decir que el buen momento de la economía del país se sustentaba solo en el incremento del narcotráfico, en el auge de la minería ilegal y en el aumento de las remesas, ocasionada por el millón ochocientos mil colombianos que en los últimos años han abandonado el país; pero sin evidencias, sin explicar cómo es que toda esa economía criminal ha impactado en la prosperidad de todos los ciudadanos, especialmente de los que madrugan y trabajan 15 horas diarias.
Los ignorantes podemos quedarnos pensando que la economía se va a desfondar, como nos repiten en Blu Radio, en RCN y en Caracol, o podemos pensar que el mayor ingreso de los pobres, que no empobrece a los ricos, puede potenciar la capacidad de consumo de los colombianos y fortalecer el aparato productivo. En fin, como lo queramos ver.



Excelente columna dice lo que tiene que decir ni de un lado ni del otro…… Felicitaciones a Don James Cifuentes Maldonado y a el director de El opinadero.com Fernando Cardona….