Dos palabras que dicen muchas cosas irregulares o malas.
En el momento que se encuentra el país, es un titulo apropiado para describir el cómo se encuentra el llamado ambiente electoral; el ciudadano común que ve con gran asombro cómo se tejen los hilos políticos tiene en su mente una paleta de colores que habla de la gran cantidad de imágenes, títulos, textos y rostros que, bien podría decirse, son poco conocidos y confiables, y los discursos que empiezan a resonar en los muchos frentes de las redes sociales, medios de comunicación y otros puntos focales, no pareciera que vislumbraran soluciones a los muchísimos problemas que enfrenta la nación.
En este correr tan rápido del tiempo, cuando recién pisado el presente calendario, está implicando que las ideas y pensamientos se tornen en un maremágnum de campañas, que solo hablan de lo mal que otras campañas realizan para captar la aceptación de sus propuestas, que desdibujan con todo atrevimiento a quienes se les enfrentan en un constitucional derecho y deber, de elegir a las personas que proclaman que en sus manos está la respuesta al desorden, con que el estado mismo ha manejado la vida ciudadana.
Los colombianos de aquí y de allá, solo ven en estas tremendas difusiones, una incoherencia en las propuestas que manejan los llamados adalides que hablan y hablan de acusaciones mutuas, porque solo ellos tienen el arreglo del desorden que por años se ha ido incubando, y que es precisamente por el mal habito de no saber cómo tomar la decisión correcta, de saber depositar su confianza que como votante puede ejercer, llenándose de un entusiasmo pasajero que bien se ha visto articulado desde una clase ciudadana llamada LOS POLITICOS, para lograr su cometido de llegar a tener un poder legislativo y ejecutivo, que en su clímax, se considera es el adecuado para poner a funcionar la vida institucional de la que habla nuestra Constitución.
Pero han olvidado tanto los ciudadanos electores como los elegidos (candidatos por ahora), que un país como el nuestro lleva sobre sus espaldas una carga inmensa de mentiras, engaños, fraudes y otros desmanes, que sería largo enunciar en estas líneas, que es de larga duración y alcance desproporcionado, que de un modo y otro se ha tolerado por ambas partes, por aquello del desconocimiento de los principios, y valores que son la riqueza de una nación, que habiendo dejado a un lado la verdad objetiva de reconocer que hay una autoridad mayor, que para muchos no existe o solo es una idea utópica, que las gentes de todas las latitudes, definitivamente siguen desconociendo. Esta es una certidumbre que emana de mentes de personas que saben que el poder tal y como realmente es, es factible de endurecer los corazones, convertirlos en corruptos, deshonestos y sagaces personalidades, quienes vestidos con trajes de pulcritud, elegante prosapia y un buen musculo financiero, encumbran a los menos preparados a que lleven sobre el sí, la responsabilidad de dirigir los destinos de las regiones donde se levantan prácticamente altares para que sus platicas, conferencias, ruedas de prensa, reuniones en espacios cerrados o abiertos, proclamando que en sus manos están las soluciones tan esperadas por todos los habitantes de la linda Colombia.
Es así como la extrema incoherencia se ve retratada en estas radiografías instantáneas que a cada momento se ven y se sienten por todas las latitudes nacionales. Y los ciudadanos de a pie, los que esperan que esos otros también ciudadanos, inmiscuidos en este tan bien denominado panorama de las elecciones, que invade sin mayor respeto y consideración la vida ciudadana, se conviertan en los líderes que salven la situación y traigan PAN, PAZ Y POSIBILIDAD de poseer una patria que brille por su prosperidad, progreso y sanidad de unos territorios divididos en minas de oro representadas en cultivos no solo de alucinógenos, sino con el tráfico de influencias, de armas camufladas a través del odio, la venganza, la amargura y el desdén por no tener a su haber un mundo espiritual correcto, que el Gran Dios siempre ha querido para la humanidad, pero que lo han dejado de lado por voluntad propia, al escoger salvadores cuya doctrina venden al mejor postor programas leídos y aprendidos en las academias, poco aplicables, y que hoy los ciudadanos de ayer, de hoy y aun de mañana sobrellevan las consecuencias una mala elección en todos los campos.
Como columnista que busca hablar o escribir de estas extremas necesidades que se palpan día a día, espera que estas grandes incoherencias que tenemos no se sigan repitiendo y se paren de una vez por todas estos delitos, fallas y errores que hacen de la existencia de los ciudadanos en general, el vivir el más temible desorden, que gritan en plazas, calles y pueblos, que CESE LA HORRIBLE NOCHE como reza el himno nacional de la tierra colombiana.
CON USTEDES,
AMPARO BUSTAMANTE OSORIO.
PERIODISTA CONCEPTUAL INDEPENDIENTE.



Amparito excelente artículo, con dos palabras se resume, donde podemos ver reflejada la situación electoral actual, poca moral, divisiones, odio, contradicciones, pero ninguna propuesta real, clara para sacar este hermoso país adelante, sólo prima el ímpetu de poder y el dinero.
Gracias a Sandra nuestro compañera y amiga del Colectivo ASCER por su apunte respecto al artículo.. Cordial saludo
Completamente de acuerdo con Amparo Bustamante, el ilógico que personas verdad y preparadas tengan dentro de sus campañas los argumentos de hablar en contra de otro.