En un mundo lleno de percepciones, dedícate a observar, se objetivo y atento, no te dejes engañar; a veces el cuento es diferente a como te lo vienen a contar, de hecho, ocurre de una forma en que no puedes imaginar. Nada de lo que vemos acaba siendo real, terminamos construyendo imágenes que en nuestra mente previamente están, patrones repetidos que no podemos mirar, la forma aprendida de vivir e interactuar.
Nuestra percepción es errónea, porque está cargada de engaño, esta no es una nueva revelación, es información de antaño; parece increíble como lo hemos ignorado por tantos años, lo que no sorprende es que después de todo por lo que ha pasado la humanidad, continuamente nos estemos autoinfligiendo daño. Creemos la historia del héroe y el villano, obviamente estamos del lado de la luz, ¿cómo podríamos equivocarnos? El engaño se arraiga en la visión subjetiva sujeta al estado emocional de quien está observando, entonces el que percibe, con su visión, todo está contaminando. El mundo no es como lo estamos percibiendo, el mundo es modificado por nuestra percepción y termina siendo lo que estamos pensado. Si quieres cambiar el mundo, has de cambiar la forma como tu existencia estás experimentando, empieza por dejar de percibir y prepárate para continuar observando.
Verás entonces que más allá de las fronteras que habías dibujado, existen hechos que antes no habías contemplado. Etiquetas que no son necesarias, creencias que se vuelven carga porque vienen del pasado, significados vacíos, guerras sin causa, embarazos sin parto; la gestación completa de una ideología sin motivo, sin inicio ni conclusión, una seguidilla de sufrimiento y decepción, la cadena perpetua a la que nadie más nos condenó.
En un mundo de percepciones, elige ser observador, para que aceptes que el mundo no es lo que vemos, sino de nuestra mente, una proyección.


