miércoles, febrero 18, 2026

ENTRE LA FRAGILIDAD Y LA CORRUPCIÓN

OpiniónDenunciasENTRE LA FRAGILIDAD Y LA CORRUPCIÓN

Una velada que casi termina en tragedia

Diciembre de 2004. En un pequeño apartaestudio del barrio Guadalupe, en Dosquebradas, una pareja celebraba una noche romántica: velas encendidas, música suave y la promesa de un futuro compartido. Lo que parecía un recuerdo destinado a la ternura estuvo a punto de convertirse en una escena marcada por el dolor.

Al amanecer, mientras ordenaba la habitación, ella intentó abrir un cajón de la alacena. Un vidrio oculto le cortó profundamente la mano. El dolor fue inmediato, desgarrador. La sangre brotaba sin cesar. “Sentí que perdía parte de mi brazo”, recuerda.

Su novio, hoy esposo, reaccionó con serenidad: la cargó en brazos hasta el centro de salud, ubicado apenas a unos metros de la vivienda. Allí, los enfermeros lucharon por detener la hemorragia. Tras varios intentos, lograron suturar y cubrir la herida. La recuperación fue lenta, pero exitosa.

Diez años después, la explicación llegó con un diagnóstico inesperado: hemofilia. Una enfermedad huérfana, poco conocida, que afecta la coagulación de la sangre. En su caso, se trata de una deficiencia del Factor VIII. No es grave, pero obliga a vivir con precauciones permanentes: evitar deportes extremos, prevenir accidentes y, en caso de cirugía, recibir tratamiento especializado para no correr el riesgo de desangrarse en el quirófano.

La historia, que comenzó como un episodio doméstico, revela la fragilidad de la vida y la importancia de la atención médica oportuna. También expone la realidad de quienes conviven con enfermedades raras: condiciones silenciosas que, de un momento a otro, pueden transformar una noche de ensueño en una lucha por sobrevivir.

El otro rostro de la hemofilia: corrupción y abandono

En Colombia, la hemofilia es tristemente célebre por el llamado Cartel de la Hemofilia, uno de los episodios más escandalosos de corrupción en el sector salud. Entre 2012 y 2016, en el departamento de Córdoba, se montó un esquema fraudulento que desvió más de 40.000 millones de pesos mediante la falsificación de pacientes y la creación de IPS ficticias.

El mecanismo era perverso: se inventaban enfermos de hemofilia, se facturaban tratamientos inexistentes y los recursos públicos terminaban financiando campañas políticas y enriqueciendo a funcionarios. La Contraloría calificó el entramado como una “alianza criminal” entre políticos y empresarios de la salud. Gobernadores como Alejandro Lyons y Edwin Besaile, junto al respaldo del senador Musa Besaile, fueron señalados como protagonistas de este saqueo institucional.

El Cartel de la Hemofilia no solo fue un fraude económico: significó una burla a los pacientes reales que padecen esta enfermedad y que dependen de tratamientos vitales. Mientras los recursos se desviaban, quienes realmente necesitaban atención quedaban expuestos a la negligencia y al abandono.

Una tragedia que se repite

El tema volvió a las primeras páginas recientemente con la muerte de un niño en Pitalito, Huila, a causa de la mala atención en una EPS intervenida por el gobierno. Como sucede a menudo, las EPS —intervenidas o no— niegan la atención a los pacientes de hemofilia aduciendo la falta de un contrato con el operador. Mientras tanto, la vida de los pacientes pende de una decisión administrativa o de una gestión burocrática.

¿Dónde queda entonces el derecho fundamental a la vida?

Aunque es cierto que el paciente —o el cuidador, en el caso de menores— debe tomar precauciones, también es claro que aquí se configura un caso flagrante de negación del servicio de salud. La hemofilia, más allá de ser una condición médica, se convierte en un espejo de las fallas estructurales del sistema: corrupción, negligencia y un Estado que, en ocasiones, parece olvidar a los más vulnerables.

Reflexión final

La hemofilia desnuda dos realidades paralelas en Colombia: la intimidad de quienes conviven con la fragilidad de su sangre y la crudeza de un sistema que ha permitido que esa fragilidad sea usada como excusa para el saqueo. Entre la historia personal y el escándalo público, la pregunta sigue vigente: ¿cuándo dejará de ser la salud un botín político y volverá a ser, como debería, un derecho inviolable?

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