“Una noche, después de un sueño intranquilo Gregorio Samsa se despertó convertido
En un monstruoso insecto”
FRANZ KAFKA LA METAMORFOSIS
Corría el año de 1915 cuándo un joven Franz Kafka escribiría la que no es la más extensa de sus obras literarias y tampoco la más compleja, pero sí la que lo circunscribe en el podio de la fama de los grandes escritores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La
Metamorfosis
Kafka vivió en una Europa convulsa, donde el fantasma de la primera guerra mundial signaba los destinos humanos, la revolución rusa mostraba ya sus primeros fragores y el mundo estaba en un reordenamiento geopolítico y económico que supondría el inicio de uno de los siglos más difíciles en la historia de la humanidad, pues la transformación de la sociedad humana en occidente y oriente fue tan veloz, que su asimilación social, emocional y psicológica aún nos cuesta entenderla, los siglos XX y XXI han supuesto un desarrollo tecnológico e industrial tan acelerado que apenas si estamos comprendiendo que pasó, cuándo otro acontecimiento colma de nuevo la agenda de discusión mundial y nos distrae del anterior.
La prensa escrita, la radio, la Televisión en la primera mitad del siglo fueron la tribuna expresiva por excelencia las noticias del mundo y la localidad llegaban en un formato que prometía un ritual, sentarse al final de la tarde después de la oficina o el trabajo a leer el diario, (costumbre burguesa de oficinistas) o llegar de la fábrica y prender el transistor, dejar que entre música y noticieros mediados solo por la voz fluyeran durante el descanso al calor de la chimenea o mientras se cenaba en familia, permitían enterarse de lo que pasaba en el mundo, querer ver una escena de guerra filmada, solo podía hacerse en un cine pagando la entrada, generando una acción de exclusividad para quienes podían darse ese lujo. Tiempo después vendría la televisión y el mundo pudo conocerse desde la comodidad del sofá
Sin embargo, Kafka, que vivió en este contexto, tuvo varías circunstancias que lo pusieron siempre al borde del colapso esquizoide. Judío, en una Europa profundamente antisemita tuvo que sobrevivir con esta circunstancia cuando comenzaba a gestarse la más grande persecución europea a esta población perpetrada años después por el partido Nacional socialista al mando de Adolf Hitler. El checo no sufrió en rigor la mano dura del dictador austríaco, pues murió de tuberculosis en 1924, pero dejó sentadas las bases de una crisis sociocultural y humana lo que Freud llamaría un “malestar de la cultura” en su obra LA METAMORFOSIS, un breve relato que partiendo de una premisa sencilla contiene en si misma un poder simbólico que aún hoy, conecta con las preocupaciones del ciudadano joven habitante de la digitas actual. Un hombre amanece convertido en un monstruoso insecto.
Esta idea fundamental, desarrolla una historia de una transformación física y emocional profunda y traumática, que aísla al personaje y lo pone en crisis de identidad. Pero Samsa no sólo se convirtió en insecto y ya, no fue un truco sacado de un sombrero de mago para escribir algo fantástico, pues La metamorfosis lejos está de ser una obra de ficción, y está más cerca que nunca a ser una novela realista, una novela filosófica o una novela testimonial que se reactualiza hoy más que nunca; pues el inminente surgimiento de una nueva especie de ciudadano, ciudadano digital, inmerso en pantallas y mediado por la multimedia y la inmediatez, nos ofrece un sujeto antropológico en crisis y nos deja ver el espectro de un no sujeto meramente digital, construido a partir del dato duro y desintegrado en su psique, en su sociabilidad, modificando poco a poco su estructura ósea, cada vez andan más con la cabeza gacha por las pantallas, incomunicados, incapaces de articular un argumento medianamente sólido, una sociedad rara y con una profunda e insondable crisis de
identidad. Una supresión del sujeto antropológico por el surgimiento de un sujeto virtual sin carne, sin hueso…
Ya no deambulan esporádicos Kafka perturbados y perseguidos por ser judíos, la crisis de nuestro tiempo es más extraña, casi ininteligible… es la crisis de las crisis…
Hiperconectado, con información al instante, con ansiedad permanente de la red, el hombre del siglo 21 el ciudadano de la digitas y la pospandemia, carga en sus espaldas una crisis de identidad y de propósito que lo desliga espiritual, mental y filosóficamente del mundo. La lenta reflexión de la filosofía no es para nada una prioridad del hombre actual, la aparente facilidad de la red, la rapidez con la que pasamos de un bombardeo en Irán a la Isla de Epstein donde la Élite mundial ejercía el más crapuloso de los vicios humanos, no hay ni siquiera contradicciones que valgan la pena para vivir como Kafka en 1915, la angustia lenta de una sociedad en la que no encajas, la sordidez de un tumulto que habla y habla y no dice nada, el absurdo de no encontrarle sentido a la vida, no ni siquiera para eso servimos, ya no sabemos ni siquiera angustiarnos o volver arte nuestros más hondos dilemas, todo se diluye en un presentismo y banalidad que ridiculiza la tristeza, la nostalgia y la melancolía.
El problema hoy es que si la vida Samsa fuera una novela escrita en 2026, terminaría convertido en un mínimo hombre, lo monstruoso del bicho o el insecto, es ya e si misma una virtud que desde la perspectiva futura sería para bien, ¿En que algo más monstruoso, hosco o terrible puede convertirse el Gregorio Samsa de hoy que no sea un hombre? ¿Qué monstruo o bicho supera la futilidad humana, que criatura terrible se devora si mismo y a los de su especie?…
Hace mucho tiempo que el hombre actual ha sufrido como Samsa una metamorfosis sin retorno y sin embargo, la aparición del fenómeno de los Therian, no es el inicio de una crisis de identidad y de sentido, es el inicio del final de una metamorfosis que empieza a transitar de lo horripilante a la bobada, a una performancia sin poder simbólico afincada en la melosería de lo políticamente correcto y la aceptación per se, sin conflicto y contradicción sin oposición de la sociedad y los demás,
Samsa es poderoso no por su metamorfosis sino por la resistencia que esta genera en su entorno humano, por la transformación que genera en su familia y amigos, por el mensaje de resiliencia ante los cambios inevitables que vienen en nuestras vidas, Samsa se trasforma, pero transforma a su vez todo a su alrededor, es juzgado, rechazado y reprimido, y es allí donde adquiere sentido ser ese monstruoso insecto…
El Therian de hoy exige aceptación sumisa, no quiere ser cuestionado, ni rechazado, su transformación no permite oposición y resistencia y por ende no se transforma a si mismo ni a su entorno, es mal teatro, es fingimiento, es exacerbación de los sentidos y de las emociones, es una moda y una tendencia que morirá pronto, que se olvidará con una nueva ola de temas que embolaten al nuevo ciudadano de la digitalidad, esa si sería una pesadilla insufrible para Gregor, despertar con una máscara suave, una cola de felpa y sonidos guturales que no parecen ni gato, ni perro, ni nada que genere miedo o rechazo…
No hay Samsa sin insecto, que transforme su entorno y su mundo, los therians de hoy no despiertan de un sueño intranquilo….



