Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadFRAUDES CIBERNÉTICOS

FRAUDES CIBERNÉTICOS

 

 

En el vasto universo digital, donde un meme viaja más rápido que un noticiero, también circulan cadenas tan falsas que ni el mismísimo internet quiere hacerse responsable. Sin embargo, siguen reenviándose como si fueran mandamientos digitales tallados en piedra. Vale la pena, entonces, desenmascararlas con calma… antes de que nos prometan el paraíso, nos maldigan por ignorarlas o nos pidan reenviarlas “por si acaso”.

 

Los mensajes (corruptos o dañinos), tipo cadena, que circulan y abundan en las redes sociales y en la internet, son muy fáciles de identificar. Se distinguen por tener cualesquiera de estas características:

 

1.- Se refieren a cesión de fortunas multimillonarias, devastadoras tragedias naturales, modalidades de atraco, adultos extraviados o niños robados, memes políticos y polarizadores, alertas de virus, cobros o suspensión de servicios en las aplicaciones, favores de solidaridad, consejos para la salud, y… hasta hermosos mensajes religiosos y de superación personal.

(Una curiosa mezcolanza: tragedias, recompensas, moralina… y la eterna promesa de una iluminación exprés).

 

2.- Están plagados de errores ortográficos, de puntuación, morfológicos, semánticos y de sintaxis; predominando su pésima redacción.

(Una redacción tan mala que hace llorar incluso al corrector automático).

 

3.- Los teléfonos de contacto siempre son falsos.

(Parecen números inventados a la carrera, como si el hacker hubiera cerrado los ojos y tecleado al azar).

 

4.- Llegan con mezcolanza de colores (colorinches) y emoticones; y con diversidad de fuentes y puntajes.

(Como si los hubiera diseñado alguien que descubrió el teclado ayer… y lo usó todo al mismo tiempo).

 

5.- Presionan para que sean reenviados a determinado número de contactos.

(Nada tan obvio de estar frente a una “información no confiable” como una cadena que exige ser reenviada antes de que se acabe la batería).

 

6.- Finalizan con intimidaciones, amenazando con padecer desgracias si no se reenvían; o con lisonjas y halagos de obtener beneficios si se hace.

(Si un mensaje promete fortuna, reencarnación mejorada o protección eterna, sospeche: ni los santos trabajan por WhatsApp).

 

7.- Quienes los reenvían aseguran (sin verificar su autenticidad): “A mí me sucedió”, o “A mí se me cumplió”.

(Y siempre es el primo del vecino, el cuñado del amigo: nunca alguien verificable).

 

Los inescrupulosos –llamados hackers– que inician esas cadenas fraudulentas lo hacen para clonar cuentas, usurpar claves y acceder a datos financieros; bloqueando, de paso, celulares y computadores.

 

Lamentablemente, quienes los reciben hacen caso omiso de estas evidencias y de los riesgos que se corren. Se ha vuelto una testarudez (¡fraudomanía!) la práctica de reenviar a todos los contactos esas perjudiciales cadenas, la inmensa mayoría… ¡sin siquiera haberlas leído! Y si se les comparten estas evidencias llegan hasta enojarse.

 

Lo importante es distinguir entre las comunicaciones reales y las falsas retahílas. A veces pareciera que existe un premio secreto al que más reenvíe basura digital.

 

Mi modesta recomendación es la de no responderlas, por bonitas o convincentes que parezcan, y –por seguridad para no caer en artimañas– eliminarlas de inmediato; pero… ¡sin reenviárselas a nadie! Ni siquiera a ese contacto que vive reenviando cadenas: no hay que halagarlo).

 

Resulta más beneficioso difundir estas recomendaciones, alertando familiares y amigos acerca de esta modalidad delictiva.

 

En resumen: si un mensaje promete fortuna, amenaza tragedia o parece escrito por alguien que peleó con el diccionario… lo más seguro es que sea fraude. Y lo más sensato es borrarlo sin piedad. La seguridad digital empieza, literalmente, con el dedo que evita el “reenviar”.

 

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* Periodista y corrector de estilo

 

www.ogil.info

+ 57 318 881 1133

ogilcorrectordeestilo@gmail.com

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