«¿Qué desean las mujeres por encima de todo?»
Pregunta de Sir Groomer a Arturo para que éste pudiera conservar su vida.
Historia de Gadwin y Lady Ragnell.
Empecemos por aclarar que nos significan las palabras erotismo y equidad. Hagámoslo simple, el erotismo es la capacidad que tienen los seres humanos de sentir y provocar deseo sexual y la equidad es un principio ético asociado a la idea de justicia. Sigamos por dejar clara la intención de estas líneas: visibilizar lo que se vela cuando de erotismo se trata, sobre todo si se habla de erotismo y soberanía femenina, un derecho que hasta hace relativamente pocas décadas, era exclusivo del hombre. Terminemos con unas líneas inspiradas en esto último, la soberanía del cuerpo y de los sentidos.
Ave Fénix
De entre mis cenizas llegas y me tomas,
tu lengua se pierde en mi piel y suspiro
tu aliento en mi boca susurra deseo,
lúbrico mi centro se enciende a tu ritmo.
Mis pechos inquietos, esperan pacientes
frente al espejo me desnudas toda,
tus ojos hambrientos recorren mi cuerpo
“no soy una mujer, soy un mundo”[1], recuerdo.
Candente mi vientre se abre, te aguarda
vibrante tu carne penetra la mía
se aviva ese fuego de entre mis cenizas
somos uno ahora ¡Dulce Ave María!
Ávida de placer estallo primero
tus fuertes gemidos dan vida a mi orgasmo
sosiega mis llamas tu arroyo potente
tímido otro orgasmo llega lentamente
Tu beso se posa en mis labios, sonrío
yacen nuestros cuerpo temblando, agotados
y se siente vivo este cuerpo mío
tu mundo y el mío se encuentran, renazco.
Lina Alvarado
Escribir poesía erótica es un reto, ya desde el inicio sabía que me enfrentaba a una sociedad, que aunque aparenta ser liberal, en su interior dista mucho de serlo. Han sido preguntas recurrentes: por qué el erotismo, quién me inspira, si mis vivencias son las que plasmo en mis escritos, qué piensa mi familia, mis amigos, mi pareja, el perro, el gato de que escriba “eso”, y hubo una, que recordaré siempre por lo gracioso de su fondo: ¿se viste usted de una manera especial cuando escribe?, y todas esas experiencias solo me han llevado a preguntarme si a Cortázar alguna vez le hicieron ese tipo de preguntas. Ahora bien, no voy dejarlos con la duda: la verdad es que cuando me decidí a escribir, lo hice para un ejercicio en la universidad, lejos estaban mis pasiones, fue simplemente un tema académico. No, no son solo mis vivencias, no es solo mi voz, es la voz de la mujer, de muchas mujeres, las que intento plasmar en mis letras para la catarsis de la femineidad de muchas otras mujeres. Y la verdad es que no, no uso ningún atuendo especial, por lo general estoy despeinada, tomando café y en los andrajos que me permite vestir la intimidad y seguridad de mi hogar.
Vamos al punto, en cuestiones de equidad, la historia se muestra en deuda con el género femenino y aquí vale la pena aclarar que yo no me considero feminista, creo que me hace falta mucho para tener el valor de serlo, creo que soy más bien del tipo machista (por tradición ancestral de esa, mi familia de raíces antioqueñas y costumbres santandereanas que venera al hombre), pero aspiro algún día contribuir a la creación de una conciencia colectiva que transforme las relaciones sociales y que nos permita sentirnos a nosotras, las mujeres, con el mismo derecho de disfrutar de nuestro cuerpo tanto como ustedes, los hombres, disfrutan del suyo; tal vez la escritura me ayude a alcanzar ese fin. Aclarado lo anterior, me permito continuar.
El mito de la manzana cargó de culpa a las mujeres desde el principio de los tiempos, éste nos desplaza y nos pone a parir con dolor, no somos dueñas ni de nuestro cuerpo, ¿y el hombre?, echándole la culpa a su creador responde: “La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”, su castigo, a pesar de haber cuestionado a Dios, se le arrojó del paraíso y se le puso el papel de ser proveedor, pudiendo así ejercer soberanía sobre él y sobre la mujer que le fue dada. Los antiguos griegos dieron vestigios de una cierta reivindicación de la mujer, al menos en cuanto a la capacidad de realizar ciertas tareas se refería, las veían como sus iguales, inclusive en el arte de la guerra; sin embargo, en sus maravillosos textos poco encontramos sobre la mujer y su rol en su propia sexualidad y erotismo, pero si mucho sobre la sexualidad y erotismo masculino; si no fuera por Safo, una de las pocas poetisas que consagraba sus escritos a la mujer y su poderío sexual, el rol de la sexualidad femenina habría pasado desapercibido. Al transformarse la sociedad, con la aparición del cristianismo, estos avances en cuestión de equidad, quedaron en el último lugar de la fila. Si ya nuestros padres griegos habían invisibilizado la sensualidad femenina, nuestros padres cristianos la terminaron de hacer polvo y la dispersaron sobre la faz de la tierra. Pusieron como ejemplo de mujer virtuosa a la Madre de Dios, una mujer de pureza de mente, corazón y cuerpo, fiel al esposo, devota a los hijos y al hogar, leal, casta, sumisa, recatada, y tan abnegada, que aceptó concebir al Hijo de Dios: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho”. Esta respuesta admirable, marcó una época en la que la mujer estaba lejos de ejercer señorío sobre sus bienes, pensamientos y qué decir de su cuerpo o su femineidad, mucho menos de su erotismo.
La dicotomía en la visión de mujer permaneció por mucho tiempo, ni siquiera el culto a la Virgen María, nos sustrajo del estado en el que nos dejó la tentadora primera mujer. El cambio de paradigma no acaba de darse, ni siquiera con la incorporación de la mujer al campo laboral, lo cual tuvo lugar en la segunda guerra mundial; no hace falta leer entre líneas, la publicidad en esa época hacía ver a la mujer como una especie de ser que no solo podía si no que debía concebir hijos para que fueran soldados que sirvieran a su país, esto puede evidenciarse en las historias contadas sobre los muros de La Topografía del Terror, en Berlín, Alemania; ¿el factor común una vez más?, mujeres sin soberanía sobre sí mismas. Pero la semilla de la soberanía estaba a punto de eclosionar y a tan solo 15 años de la finalización de la segunda guerra mundial, en la década de los 60, empezaron a ponerse sobre la mesa conceptos como libertad económica, independencia física, discriminación sexual, igualdad de género, derechos de las mujeres. Fue ésta, la época que marcaría el comienzo de la reivindicación del papel de la mujer en la sociedad, milenios después del génesis. Por supuesto, no puede desconocerse que hay culturas en la que la mujer es respetada y considerada un igual desde el principio de los tiempos, pero tampoco puede desconocerse que son la excepción a la regla.
En la actualidad, a pesar del cambio en la visión del rol de la mujer en la sociedad, aunque nos han sido concedidos derechos, si bien hemos sido reconocidas como seres independientes y capaces, llevándonos todos estos fenómenos a que nuestra auto percepción haya evolucionado y trascendido a movimientos sociales y culturales de empoderamiento femenino, el yugo inequitativo se encuentra difuminado de manera casi imperceptible. Liss Pereira, una comediante colombiana, en una de sus rutinas, describe de manera jocosa la relación que tienen hombres y mujeres con su cuerpo. Según la comediante, las mujeres, así sean bellas, no se reconocen frente al espejo, frente a éste, aparece su némesis, parecieran estar reflejando en ese espejo sus más profundos miedos: estar viejas, gordas y feas en una sociedad que demanda juventud, esbeltez y belleza. Los hombres en contraste, frente al espejo ven reflejada la imagen de un adonis y cual Narciso, se enamoran de ese reflejo, que en muchas ocasiones se asemeja a un dios calvo y barrigón, pero feliz de ser quién es. Y es ese el quid del asunto, de manera imperceptible se nos ha vuelto inseguras. Constantemente nos encontramos bombardeadas de publicidad que hasta para vender algo tan inocente como una puntilla, muestra una mujer joven, esbelta y bella y con un cabello que envidiaría cualquier deidad olímpica. Lo anterior parece chiste, pero es anécdota para la mayoría de las mujeres, se nos ha cosificado tanto que perdimos hasta el derecho de reconocernos en el espejo, ya no podemos ver en éste, el reflejo de nuestra imagen con objetividad y amor.
Hasta ahora solo se ha mostrado un panorama desalentador. La pregunta del epígrafe, fue respondida de manera simple por Lady Ragnell: Lo que la mujer desea por encima de todo es el derecho a su soberanía, el derecho a ejercer su propia voluntad. Y así como han sido muchos los ejemplos de la falta de soberanía que tiene la mujer sobre sí misma, son numerosos también los ejemplos de aquellas valientes mujeres que han dado pasos en pro de que todas podamos ejercerla y no nos percibamos más como la mujer del espejo. Gracias entonces a aquellas que se han rebelado a usar las etiquetas impuestas por la historia y nos han abierto las puertas, gracias a aquella faraona del Antiguo Egipto[2] y a la mujer que se entregó a la vida monástica por amor al conocimiento, gracias a la escritora y a la pedagoga que en una sociedad dominada por hombres abrieron el camino a la escritura erótica, gracias a la única mujer ganadora de dos Premio Nobel y a la primera matemática, que aunque ignoradas en su época, influyeron en el trabajo de otros y cambiaron la percepción del mundo, gracias a aquella que se negó a ceder su puesto en un bus, a la primera ministra elegida en un país islámico, a la líder indígena y a la activista pakistaní ganadoras del Premio Nobel de Paz, pero por encima de todas ellas, gracias a la mujer que parió con dolor y que nos enseñó que el cuerpo es nuestro y que podemos sentirlo como tal, explorarlo, conocerlo y disfrutarlo.
Me despido con palabras de Safo y anhelante de leer sus respuestas a la pregunta que dio pie a mi opinión de esta semana: ¿hay equidad en el erotismo?
Viniste e hiciste bien, porque yo te deseaba;
Me refrescaste cuando ardía de pasión.
Safo
Poesía Portátil
[1] Reina de Saba a San Antonio, Las Tentaciones de San Antonio, Flaubert, Gustave, 1086, Hyspanamérica Ediciones,Barcelona, España.
[2] En orden de aparición: Cleopatra, Sor Juana Inés de la Cruz, Safo, Gabriela Mistral, Marie Curie, Hipatia, Rosa Parks, Benazzi Bhutto, Rigoberta Menchú, Malala Yousafzai.


