domingo, febrero 8, 2026

HOJA Y RAMA

Hay quienes eligen ser hoja mientras otros permanecen siendo rama; la hoja que vuela, la hoja que viaja, la rama que cubre, la rama que es casa, el hogar de un ave que ha hecho nido buscando refugio, al que siempre regresa, aunque sus alas lo llevaran a la montaña. Hay quienes eligen dejarse llevar por el viento y hay quienes se aferran al suelo para que el viento no los pueda vencer, con raíces profundas se mantienen de pie a pesar de la tormenta y la borrasca.

Aquellos que son hojas sueñan y viven su vuelo, son libres, pero, sobre todo, valientes. Las ramas en cambio, conocen otro tipo de libertad y viven su propia valentía. Se quedan para hacer de guarida del ave que ha hecho nido, del viajero que pasa por el camino, de la ardilla que espera que la tormenta pase, del fruto que no debe asolearse. No pueden irse, aunque quisieran, hacen parte del tronco, del todo. La rama envidia a la hoja, y la hoja añora la rama. De ella se desprende, de ella nace, en ella crece y de ella se deshace.

No se puede ser hoja sin haber tenido una rama; hojas hay muchas, en cambio, la rama es más escasa. Cada árbol tiene raíces, un tronco y varias ramas, y en ellas cientos de hojas, que, aunque no quisieran desprenderse, serán arrancadas por la fuerza del viento, es su naturaleza y no pueden negarla. No se puede vivir queriendo ser rama si naciste para ser hoja, porque, aunque quieras aferrarte no tienes la capacidad para ser sujetada; tampoco se puede vivir queriendo ser hoja si ya has nacido como rama, podrás caerte del árbol, pero el viento no te elevará, no eres liviana.

No es algo que se pueda elegir, es una misión que nos fue dada, que quedó guardada en el alma, pero tenemos olvidada. Por eso hay quienes sufren, porque no pueden vivir como lo que quieren, sin conocer la esencia que les fue impregnada. No tiene caso compararnos, hay que aceptar nuestra naturaleza humana, y la misión de cada quien, que nunca es igual por más que algunas sendas se compartan. Venimos por razones diferentes, para dar amor, locura y calma; sonrisas, guerra y lucha; ilusión, dolor e incluso desesperanza. Pero todos somos maestros y nuestras acciones una gran pizarra, las palabras que entregamos vienen cargadas de enseñanzas que no son buenas ni malas, corresponden a un plan, una materia que tiene que ser aprobada. Hay que entender lo que somos, hay que integrar lo que aprendemos, todos queremos el vuelo, pero si fuésemos aves necesitaríamos la rama para descansar del cielo. El cielo es hermoso, se le ve tan placentero, es tentador conquistarle y permanecer libres y abiertos, pero ningún ave vuela eternamente, todas descienden en algún momento, y cuando lo hacen, en las ramas de un árbol encuentran consuelo.

Así vamos por el mundo, conociendo a quien vuela y a quien ofrece una parada, a quien te lleva al cielo y quien te brinda sombra cuando la tarde es soleada. Y también nosotros vemos el verde de nuestro follaje o la madera en nuestros huesos, entendemos lo que somos y por qué anhelamos lo que no tenemos. De eso se trata la vida, de admirar el vuelo de los que viajan lejos y la gallardía de aquellos que se quedaron para servir de refugio cuando el invierno llega y se queda un tiempo. Mientras me deleito en el sonido de las hojas arrancadas por una ráfaga de viento, me siento un poco como ellas, siento que me llama el firmamento; entonces miro el imponente roble tan sabio, fuerte y viejo, plantado serenamente, aunque lo sacuda inclemente la brisa, inamovible y seguro, que cualidades tan sorprendentes. Quiero estar rodeada de hojas que vuelen y de ramas que me devuelvan el aliento, aceptando sus lecciones en cada momento, aunque unas traigan sonrisas y otras, descontento. Me encanta aprender, aun cuando el dolor haya sido varias veces mi maestro, lo sigo recibiendo con los brazos abiertos, pues siendo implacable, son las lecciones de las que más me acuerdo. Estoy parada frente al árbol, intentando comprender mi naturaleza, viendo en mis venas los tallos, escuchando el crujir de la madera en mis huesos. Aún no se lo que soy, lo estoy reconociendo, sincronizando mi mente, mi alma y mi cuerpo, para aprender mis lecciones y cumplir mi mandamiento.

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