Preámbulo
¡Huy, qué vergüenza robar!, expresión de obligatorio empoderamiento desde lo ético, lo legal y lo moral durante cada una de las etapas y por ende durante toda la vida de las personas, teniendo presente que la palabra “vergüenza “es un referente de buen comportamiento desde toda la amplitud dimensional del ser humano, siendo la vergüenza aquella turbación del ánimo ocasionada por la conciencia castigadora al llevarse a cabo faltas cometidas en contravía de los marcos de orientadores del ser humano ( ético, legal y moral), conducentes a la deshonra y humillación con incidencia no solamente al autor material de la acción cometida sino también a todo su entorno inocente cercano, afectando la imagen y la reputación de los mismos con un radio generacional no calculable según la falta realizada, ya que la vergüenza desde su apropiación, pretende evitar señalamientos, enlodamientos y el respectivo castigo a través de la evidencia comprobada, ya que el robo como elemento propio del título de esta columna, es un delito, al ser un acto de tomar ilegalmente la propiedad de otra persona, de otras personas o entidades, mediante fuerza violenta o la amenaza de dicha fuerza y en el peor de los casos, a través de aquellas acciones “ por debajo del radar de los entes vigilantes” a través del sigilo y la maña, aprovechando aquellos resquicios propios de las falencias presentes por los sistemas vigilantes o las personas encargadas de la misma o aquellos resquicios provocados intencionalmente para llevar a cabo dichas fechorías, ya que dichos sistemas no son productos terminados sino productos por mejorar, praxis inevitable desde la carencia y formación en valores pero evitable y con tendencia a atenuarse si se lleva a cabo la antítesis de lo previamente mencionado, ya que alguna vez lo expresaba un agente de la policía: “ Los ladrones son tan inteligentes que se debe hacer inteligencia para descubrir las cosas nuevas que han implementado o quieren implementar “.
Esta columna pretende que el lector sea factor multiplicador del mensaje abordado, siendo la vergüenza aquel freno moral y ético para no llevar a cabo estas prácticas tan malas y nocivas para cualquier en sociedad desde la dimensión espacio-temporal (en cualquier lugar y en cualquier momento), erosionadora del presente y con la destrucción en el futuro. Cabe destacar que la vergüenza necesita de elementos endógenos y exógenos para que irradie de la mejor manera tanto en el actuar como en el no actuar, elementos que serán mencionados en el desarrollo de este escrito.
Desarrollo
El Robo es un problema social porque destruye la confianza tanto de los cercanos como de los lejanos, de los conocedores como los desconocedores de dichos actos, además, causa daño económico porque deja a las personas y a las instituciones sin recursos que estaban para ejecutarlos y ya no están pero que se deben ejecutar, afectando la seguridad y el bienestar de la sociedad, además, el robo crea un ambiente de miedo y desconfianza en la comunidad ya que va en contra de la justicia, atentando contra la propiedad y la dignidad de las personas. Todo lo previamente mencionado es una invitación desde la cordura y la inteligencia para no llevarlo a la práctica y no permitir que sea viral dicha mala práctica.
Roba el trabajador que no trabaja en su sitio de trabajo, roba el estudiante que asiste a las aulas de clase a molestar y a perturbar al docente para no cumplir con sus deberes para la formación y crecimiento como persona, roba el que a toda hora llega tarde a su labor y sale antes de su horario legal establecido, roba el que omite informes, roba el que tergiversa información, roba el que no cumple con su deber, roba el que no paga sus impuestos, roba el que no sabe administrar las finanzas públicas, roba el que no cumple con los requisitos de la meritocracia y consigue su cometido, es decir, las maneras de robar son muchas pero las buenas personas se avergüenzan de todo lo mencionado, ya que la conciencia “los martilla” con , «Huy, qué pena robar»
¿Y entonces? – La frase «Huy, qué pena robar» pretende ser un antídoto desde el presente y un agente desde la minimización, la atenuación e idealmente de la erradicación del robo en el futuro cercano en todas sus dimensiones para la evasión e impunidad.
La frase «Huy, qué pena robar» puede ser vista desde diferentes perspectivas. Por un lado, puede ser una expresión de sorpresa o ironía ante una situación en la que alguien se siente tentado a tomar algo que no le pertenece y por otro lado, puede ser una crítica a la sociedad que nos rodea, donde el deseo por aprovecharse se ha venido naturalizando por esa falta de cimentación moral y ética, al ser aquel referente que “nos habla y nos dice “ lo que no debe llevarse a cabo así las condiciones para realizarlas y quedar impunes estén dadas , momento en el cual los fundamentos morales y éticos deben ponerse en práctica, siendo la verdadera “prueba de fuego” de los mismos, todo ello reforzado con los marcos legales, referentes de “castigo si la comete” y sin obviar claro está, “el castigo por fuera de la ley”, situación real que no debería existir pero existe, hacen que el ser humano sea íntegro desde el convencimiento y desde el temor.
En la sociedad actual, el consumismo y la competencia pueden llevar a las personas a priorizar sus intereses personales sobre los demás, generando sentimientos de «robar» o aprovecharse de los demás, ya sea en el ámbito laboral, social o económico, sin embargo, también es importante reconocer que la empatía y la solidaridad son valores fundamentales en cualquier sociedad y la frase «Huy, qué pena robar» es un recordatorio para ser conscientes de nuestras acciones y considerar el impacto que tienen en los demás cuando se es orientado por la brújula de los antivalores (práctica contraria al valor) y disvalores (ausencia de valores) como fruto de la ignorancia o la decisión consciente reconociendo o negando el riesgo y las consecuencias de dicha praxis.
Llevando a cabo la respectiva amplitud cognitiva del tema esbozado, cabe destacar las diferentes miradas que puede tener la idea central de este escrito, siendo una de ellas la ironía mordaz, como una crítica sátira a la sociedad que normaliza el aprovechamiento y la deshonestidad; otra mirada es el reconocimiento de la realidad, en la cual se identifica y terriblemente se acepta la tentación de aprovecharse de los demás como algo común, siendo una invitación a reflexionar sobre nuestros valores y su praxis a partir de la fortaleza y la valentía, es decir, el vencer las dudas y los temores para no llevar a cabo actuaciones turbulentas y “mal olientes” y por último es un llamado a la conciencia y la activación del “botón de pánico “ ante la presencia de agentes tanto endógenos como exógenos nocivos de los buenos principios y los buenos hábitos para ser puestos en práctica tanto como persona como ciudadano.
Enseñar «Huy, qué pena robar» a los niños es el comienzo del fin de este tipo de experiencias al ser una herramienta valiosa para fomentar la honestidad porque les enseña que robar o aprovecharse de los demás no es aceptable; la empatía ya que ayuda a entender cómo se sienten los demás cuando se les quita algo y la reflexión porque les permite pensar en las consecuencias de sus acciones y para nuestra amada Colombia, es importante porque refleja la percepción de la sociedad sobre la corrupción y la deshonestidad, siendo un reconocimiento lamentable acerca de la puesta en práctica de todos aquellos compartimientos en torno a la ilegalidad desde lo cotidiano y lo común, ya que la honestidad es vista como algo excepcional y propio de personas “extrañas”, lo cual no debe y no tiene que ser así, en aras de evitar el desmoronamiento de la sociedad, convirtiéndose en un “Sodoma y Gomorra” desde lo corrupto, deshonesto e ilegal.
Dando cierre al escrito, la institucionalidad debe hacer lo suyo desde «Huy, qué pena no hacer nada ante el robo», lo cual implica proceder con vehemencia ante este tipo de situaciones y sobre todas las cosas, dar garantía desde la seguridad ante la denuncia por parte de todos los buenos ciudadanos que desean hacerlo pero desafortunadamente no lo hacen al evidenciar las falencias ante la protección de la integridad, honra, buen nombre y por supuesto de la vida del denunciante ante este flagelo.
Colofón
«Huy, qué pena robar» pretende acorazar a las personas desde el caparazón de la “vergüenza y de la pena al actuar con ilegalidad, estando todas las condiciones para no ser descubierto”, todo ello para evitar “el martilleo de las campanas conciencia”, martilleo que se “desnutre y no vuelve a sonar” a través de las buenas prácticas, todas ellas sustentadas en la honestidad, la transparencia y la credibilidad, inscritas en el marco de la rendición de cuentas ( “ a mí que me esculquen “) y el cuidado tanto de la imagen como del buen nombre en el presente como en el futuro, sin obviar el entorno familiar inocente de dichas actuaciones, el cual es irradiado desde lo positivo y constructivo como desde lo negativo, destructivo y nefasto.
Cuando el ser humano pierde la vergüenza y no reconoce la palabra “pena”, ese ser humano ha llegado a la oscuridad y al fondo de todo lo “peor” que un ser humano pueda experimentar ya que no le importa nada lo que haga y a quien se lo haga, siendo “el fin y la hecatombe existencial” para cualquier persona porque no le importa las consecuencias de sus actos, no le importa ni le interesa “el qué dirán”, lo cual implica que “no le importa vivir con la buena sociedad”.
Mención para el lector
Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino. Es una invitación a la reflexión y el debate para la construcción colectiva ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.
A partir de lo mencionado:
¿Por qué es importante las palabras vergüenza y conciencia en nuestro actuar, además “del que dirán “ ? Opine en el Opinadero.
¿Qué opina de la expresión “la justicia por mano propia ante los ladrones aparece cuando la institucionalidad no hace presencia? Opine en el Opinadero.



Es muy cierto lo que dices Isdaen. Yo creo que los gobernantes y los dirigentes del país tienen mucha responsabilidad en que el robo se vuelva común y cotidiano, pues todos los días nos estamos enterando de la forma como se apropian de los dineros del Estado. Esta práctica se convierte en un ejemplo para el resto de los ciudadanos y como el ejemplo educa, la gente del común decide seguir el ejemplo de sus gobernantes y el robo se vuelve habitual en todas partes y a todos los niveles.