A lo largo de ese extenso período de inmadurez llamado niñez, acompañado del crecimiento constante y permanente hacia “la madurez o supuesta madurez”, se suele transferir idealizaciones con distorsiones a maestros, amigos y a todos aquellos referentes que irradian de manera positiva el entorno porque inspiran metas y valores, siendo modelos a seguir al demostrar cómo superar las adversidades para lograr el éxito, proyectando todo lo que queremos y necesitamos ver. Cabe destacar que la opinión de la gente se satura de emociones diversas: veneración, admiración, amor, necesidad, enojo, entre otras, pero en la etapa de la adolescencia se comienza a percibir un lado menos que noble en muchas personas, incluidos los padres, debido a la disparidad entre la imaginación y la realidad.
A lo anteriormente mencionado se denomina perspectiva ingenua, la cual es natural en la infancia, siendo peligrosa en etapas posteriores de la vida ya que envuelve al ser humano en ilusiones infantiles sobre las personas, deformando la perspectiva del mundo, la cual se puede reflejar en hipersensibilidad, dureza de corazón, vulnerabilidad y el término coloquial “empeliculamiento o montarse en la película”, enredándose en batallas y dramas que consumen la mente y distraen el aprendizaje al invertir las prioridades, concediendo demasiada importancia a las cuestiones sociales y políticas por no manejarlas de la mejor manera al no tomar las precauciones debidas, llevando estos patrones a la fase siguiente de la vida, la fase creativa-activa, en la cual se ocupa una posición más pública y si en este nivel se es socialmente inepto, este tipo de ineptitudes conllevan a la fatilidad profesional porque con esas actitudes infantiles rara vez las personas son capaces de alcanzar el éxito que merecen por su talento, afectando de manera severa las facultades empáticas.
La inteligencia social es el proceso de desechar la perspectiva ingenua y abordar las situaciones en forma realista, lo cual implica dirigir la atención al exterior y no al interior, en aras de pulir las habilidades de observación y empatía que se tiene por naturaleza, superando la tendencia de idealizar o satanizar a las personas a partir de la compresión de la perspectiva ingenua, etapa en la cual el ser humano se opera a ciegas y en la oscuridad, lo cual implica esa falta de conexión con los demás, evitando el frecuente error de hacer juicios con base en las propias impresiones iniciales hacia la gente, las cuales en muchas ocasiones son engañosas, ya que la primera impresión por parte de las personas son una segunda o tercera piel para aparentar lo que se quiere lograr en sintonía con las exigencias sociales que exige dicho escenario para la consecución de dichos fines.
A todo lo largo del registro histórico pueden detectarse patrones de comportamiento humano que trascienden la cultura y el tiempo, lo cual indica que ciertos rasgos universales nos pertenece como especie y es a través de la inteligencia social, superando la perspectiva ingenua, se puede detectar y comprender la naturaleza de las siete verdades destructivas en condiciones grupales, cuya pretensión inicial es no provocarlas, caso contrario, detectarlas para no salir salpicado por el alcance de las mismas, siendo las siguientes:
- Envidia: Es un mecanismo de obstrucción o sabotaje hacia la persona que lo provocó, producto de la baja autoestima o esa sensación de desventaja, anhelando y admirando con ira el éxito ajeno, con el agravante de derribar lo enviado por la frustración generada.
- Conformismo: Es el repudio al cambio, inhibiendo el crecimiento personal, profesional y la autenticidad, llevando al estancamiento vital, la pérdida de oportunidades y la supresión de la identidad individual, al preferir la comodidad de lo conocido y la aprobación grupal sobre la superación y el cambio, lo que puede generar frustración, dependencia y una vida sin propósito o mediocridad. Impide enfrentar desafíos, tomar decisiones propias y puede perpetuar injusticias sociales, ya que se acepta la realidad sin cuestionarla.
- Rigidez: Es la incapacidad individual que se presenta a la hora de adaptarse a las novedades que las circunstancias demandan,siendo un patrón de pensamiento y comportamiento que lleva a actuar de una forma determinada y constante a pesar de que los resultados que obtenemos no son los deseados o requeridos.
- Autobsesión: Es un enfoque mental excesivo y perjudicial en uno mismo, donde la persona se centra de manera desmedida en sus propias necesidades, deseos y pensamientos, ignorando a menudo a los demás y la realidad externa, lo que puede llevar a una falta de empatía, sentimientos de derecho y aislamiento, asociado con patrones de resentimiento, ira y miedo que afectan negativamente la vida personal y las relaciones públicas.
- Pereza: Es la falta de ganas o motivación para hacer cosas que requieren esfuerzo, manifestándose como negligencia, desidia o lentitud, impidiendo el progreso personal y profesional, generando ansiedad, estrés y culpa.
- Inconstancia: Carencia de estabilidad, permanencia y perseverancia, manifestada como una tendencia a cambiar fácilmente de opinión, afectos, planes, o costumbres, lo que genera falta de fiabilidad y dificultad para alcanzar metas a largo plazo, por la falta de firmeza para mantener una meta u objetivo.
- Agresión pasiva: Es el temor a la confrontación directa, a expresar sentimientos negativos (enojo, resentimiento) de forma indirecta en lugar de afrontarlos directamente, usando tácticas como sarcasmo, procrastinación(posponer tareas importantes y prioritarias por tareas no tan importantes y no prioritarias) , sabotaje o el silencio (ley del hielo) para dañar sutilmente a otros y es mala porque erosiona la confianza, dificulta la comunicación, daña la autoestima ajena, genera confusión, conflicto en las relaciones personales y laborales, siendo una forma de violencia emocional.
Colofón
La inteligencia social es la capacidad de tener una mirada sin carga de ingenuidad ni de perspectivas demasiado “infladas” frente a la realidad y frente a las personas, sin caer en los extremos de la “idealización no sustentada” y “el pesimismo imaginario”, además y al mismo tiempo, el poder identificar patrones de comportamiento propios de la naturaleza humana en la interna de los grupos, los cuales son complejos de cambiar, pero se debe “aprender a navegar en este tipo de torbellinos y de vorágines”, ya que la inteligencia social no es una mirada inicial hacia nuestro interior sino una mirada hacia el exterior en el cual estamos inscritos y a través de ese comparativo de lo que somos y lo que tenemos con lo que estamos rodeados, tomar las mejores decisiones para el bien personal y el bien grupal, tarea titánica y nada fácil, pero esto hace parte de la vida y es la vida misma.
Mención para el lector
Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino. Es una invitación a la reflexión y al debate para la construcción colectiva, ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.
El Opinadero “pregunta:
- ¿Cómo evaluaría su inteligencia social en el trasegar de su vida?
- ¿Por qué “las expectativas infladas y el pesimismo imaginario” erosionan el comportamiento del ser humano?



Ciertamente, hay que tener en cuenta estas verdades destructivas que afectan el desarrollo personal e impiden una convivencia sana y enriquecedora con las demás personas. Una buena reflexión y muchos motivos para meditar!
Buen día y muchas gracias Doña Consuelo.
La ingenuidad y las expectativas por encima de la lógica y la realidad nos conduce a una visión equivocada de la vida, generando desilusiones buscadas por nosotros mismos.
Gracias y un feliz día Doña Consuelo.
Muy buena su charla apreciado Isdaen: compartiré con nietos y personas jóvenes su buen consejo, aunque loro viejo, si puede aprender, mejor no intentaré con ellos. Mil saludos y bendiciones .
Buen día.
Muchas gracias Danilo. La inteligencia social es el antídoto de las falsas y exigentes expectativas.
Feliz día Danilo.