El salón del hotel Movich estaba dispuesto para la confidencia. Luis Fernando Cardona, director de El Opinadero, había preparado una entrevista privada con José Durges Espinoza Martínez, recién elegido representante a la Cámara por Risaralda. Pero la política, como el arte, rara vez se deja encerrar en un marco. Apenas iniciada la conversación, simpatizantes irrumpieron con abrazos y felicitaciones. La intimidad se transformó en escenario público, y Espinoza, con sonrisa paciente, alternaba entre responder preguntas y atender a quienes lo reclamaban como suyo.
En medio de esa tensión entre lo privado y lo multitudinario, emergieron los trazos de su perfil. Espinoza habló de la sorpresa que le causó la fuerza del Pacto Histórico en Risaralda, de su convicción de que “no nos debimos haber dejado arrebatar las banderas de las conquistas sociales”, y de la incomodidad que le genera ser tildado de izquierdista por defender derechos laborales. Sin embargo, reafirmó su identidad sin titubeos: católico desde la cuna, conservador por escogencia, uribista por convicción.
La conversación derivó hacia las grandes discusiones nacionales. Espinoza se mostró crítico frente a la política de “paz total”, el alto endeudamiento del país, las políticas irresponsables y la corrupción. También cuestionó la transición energética impulsada por el presidente Petro, a quien reprocha por haberse inclinado ante Donald Trump. En contraste, anunció su entusiasmo por la candidatura presidencial de Paloma Valencia, ganadora absoluta de la Gran Consulta por Colombia.
No todo fue política dura. El dirigente recordó sus orígenes como gestor cultural y su orgullo por haber contribuido a la creación de la Secretaría de Cultura Departamental, un logro que devolvió dignidad a un sector antes relegado. “La cultura es la raíz de la identidad de un pueblo”, dijo, como quien reivindica que la política también puede ser un acto creativo.
Finalmente, entre las interrupciones de los simpatizantes, Espinoza delineó su agenda legislativa: el hospital de cuarto nivel, la plataforma logística de La Virginia, la PTAR y los proyectos recogidos por la Sociedad de Mejoras de Pereira junto al Comité de Competitividad. Su aspiración es que Risaralda tenga una bancada fuerte, capaz de defender los intereses regionales en el Congreso.
La entrevista, pensada como un diálogo íntimo, terminó convertida en escena coral: un político que intenta hablar de futuro mientras la realidad lo arrastra al presente. Como un pintor frente a su lienzo, Espinoza parece dispuesto a trazar su obra en medio del ruido, convencido de que cada trazo, aunque interrumpido, puede dar forma a la representación de un departamento entero.


