miércoles, febrero 4, 2026

LA AGONÍA DEL «CUARTO PODER»

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Durante los siglos XIX y XX el sistema político denominado «democracia» se extendió por todo el mundo. Desde cinco siglos atrás del nacimiento de Cristo ya se venía adoptando en varias naciones. La Atenas antigua, la República Romana y algunos países del norte de Europa tuvieron sistemas de gobierno representativo y separación de poderes. Este último concepto se perfeccionó en el siglo XVII con los tratados de John Locke y del barón de Montesquieu y fue modelo universal a partir de la Revolución Francesa y de la Constitución de los Estados Unidos de América. Los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial se convirtieron en los pilares de la democracia.

Pero a partir del siglo XX y durante décadas, el periodismo fue el contrapeso esencial frente a estos poderes, hasta ser denominado «el cuarto poder», una fuerza no institucional pero decisiva para el equilibrio democrático. Su tarea era clara: fiscalizar, denunciar, informar y formar ciudadanía. Desde redacciones activas y rigurosas, los medios de comunicación ocuparon un lugar central en la vida pública. Diarios, radios y noticieros eran los principales mediadores entre el poder y la ciudadanía. Investigaciones periodísticas lograron revelar escándalos de corrupción, influir en decisiones judiciales e incluso derrocar presidentes. El caso Watergate, que llevó a la renuncia de Richard Nixon, es apenas uno de los múltiples ejemplos del impacto que podía tener la prensa libre y comprometida. Los medios de comunicación eran también formadores de opinión, marcaban la agenda nacional y cultivaban audiencias críticas. La objetividad, la verificación de datos y la ética periodística eran los cimientos del oficio.

Sin embargo, ese rol se está debilitando. El cuarto poder agoniza ante el avance implacable de las redes sociales, la desinformación y la pérdida de confianza de la sociedad. Enfrenta en la actualidad una crisis de credibilidad, sostenibilidad y relevancia que amenaza su existencia misma. La llegada de internet y de las redes sociales, modificó los hábitos de consumo de información. El acceso inmediato y gratuito desplazó a los medios tradicionales, muchos de los cuales no lograron adaptarse ni financieramente ni editorialmente a los nuevos tiempos.

La información verificada compite ahora con rumores, teorías conspirativas y noticias falsas que se expanden a gran velocidad. En este nuevo ecosistema, los medios luchan por sobrevivir, atrapados entre la inmediatez, la necesidad de clics y la escasez de recursos.  Y a esa transformación digital se suma otro fenómeno igual de preocupante: la desconfianza creciente de la sociedad hacia los medios. En muchos países, parte de la ciudadanía percibe al periodismo como un actor más del entramado político o empresarial, perdiendo así su legitimidad como fiscalizador imparcial. Esto ha sido alimentado por campañas de desprestigio desde el poder, pero también por errores editoriales, sesgos ideológicos y la precarización de la profesión.

El resultado es alarmante: en una era en la que se necesita información rigurosa y veraz, el periodismo pierde influencia frente a voces anónimas o sin formación que dominan las redes.

La pregunta clave es si la sociedad está dispuesta a defender el periodismo de calidad como bien público. Porque sin prensa libre, los abusos se multiplican, la corrupción crece y se disimula y la democracia se debilita. El cuarto poder está herido. Su vigencia depende tanto de quienes lo ejercen como de quienes lo consumen.

Están surgiendo algunos proyectos independientes, sostenidos por suscripciones o donaciones, que buscan recuperar la profundidad, la ética y la conexión con las audiencias. Nuevos formatos como los podcasts y documentales digitales buscan explorar formas más íntimas y honestas de narrar la realidad. Pero, ¿si es eso lo que quiere nuestra sociedad?, ¿o son simplemente estertores?

5 COMENTARIOS

  1. El poder económico absorbió al periodismo y lo dejó sin credibilidad alguna, por esa razón algunos, recientemente, están siendo condenados por la justicia; a ella también la atacan desde otras aristas, pero aún queda alguna esperanza.

  2. Buen día señor Diego. Gran escrito.

    Donde hay comunidad hay de todo y el periodismo como comunidad no está fuera del comentario inicial.

    Creo y estoy convencido que el lector, televidente y/o escucha del periodismo debe formarse en la noticia para no comer cuento, dejarse llevar hasta el fanatismo o lo contrario , ser defensor de ese periodismo serio, crítico y proactivo.

    La pregunta es : Cómo formarnos en la noticia, a dónde ir y quiénes son los idóneos para este proceso ?.

    La vorágine de noticias con y sin fundamento es lo peor y lo estamos viendo y viviendo. Anhelo y quiero ser participe de la mejora.

    Feliz día y gracias por permitirme opinar.

  3. Hola Ernesto que gran artículo y es una gran verdad, nuestra prensa está herida y se necesita acciones contundentes para revivirla. Espero que en un próximo escrito puedas proponer acciones que permitan seguir adelante y nosotros los fieles de la prensa bien sustentada podamos apoyarte.
    Un saludo especial .

  4. No podía dejar pasar por alto este artículo tan importante sobre la acción del periodismo, al que una vez aprendí que es el cuarto poder
    Lo cierto es que el ejercicio cierto y real de una profesión que en algun momento se le ha calificado como peligrosa, en el momento tenga su presencia tan desgastada, porque ha recibido permealizacion de otros factores, y pierde a cada instante, credibilidad y seriedad en su trabajo, bien sea en los medios tradicionales como este del que ahora hacemos uso, el virtual, que ha desparramado toda esa esencia de la información de modo siniestro, y y no con la misión de formar e informar al público en general.
    Se ha perdido la idoneidad y acuciosidad del periodismo de antaño y generar con autoridad conceptos de gran valía, que permitan dar con las anomalías de la desinformación. El periodista era considerado en antaño un generador de ideas y valores, y con ello casi un dictamen sobre el actuar de los gobiernos, las entidades estatales, la sociedad y en muchos otros frentes, dada su actuación de periodistas de gran calado, ejerciendo ciertamente un cuarto poder. Hoy donde esta esa gracia y ese autoridad para hablar sobre las cosas de mala calidad y procedencia? Se nos ha ido diluyendo y recogemos los pedazos de lo que significó EL FOUR POWER.

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