miércoles, febrero 4, 2026

LA CIUDAD QUE ENVEJECE CON DIGNIDAD

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En el viejo café Anarkos de la 18, cada mañana se dan cita los veteranos de la ciudad. Le dicen «la vieja guardia». Ocupan las mismas mesas desde hace años, entre tintos largos y recuerdos de juventud, mientras la ciudad bulle afuera. Ahí, entre anécdotas de cuando Pereira tenía tranvía, de los cines en el centro y las primeras emisoras, surge una conversación más íntima. Lisímaco, que fue maestro y sindicalista, rompe el silencio y dice con orgullo: “Hoy, por fin, siento que me escuchan… que mis nietos entienden que uno no solo envejece, también acumula sabiduría”.

Pereira está envejeciendo, y eso no debería verse como un problema, sino como una realidad que merece respeto, adaptación y visión de futuro. Según cifras recientes, más del 14 % de su población ya supera los 60 años, y esa proporción irá en aumento. Somos una ciudad que empieza a caminar hacia una longevidad visible, y esa es una buena noticia si sabemos acompañarla.

Envejecer con dignidad implica mucho más que tener EPS o subsidios. Implica que las calles estén pensadas para quienes caminan más despacio, que el transporte público permita moverse sin miedo, que los parques sean espacios de conversación y movimiento, que las universidades abran sus puertas también a mayores y que la cultura rescate esas voces que aún tienen tanto por decir.

Porque el problema no es tener más adultos mayores, sino invisibilizarlos. El riesgo está en relegarlos a la nostalgia sin reconocer su rol en la sociedad: cuidadores de nietos, guardianes de memoria, mediadores de conflictos familiares, sabios anónimos que aún quieren servir.

 

Pereira puede ser una ciudad amigable con las personas mayores. Y de hecho, ya hay avances: centros de día, clubes de vida, programas de recreación, formación digital y redes solidarias. Pero falta mucho por hacer: más vivienda digna, atención gerontológica integral, oportunidades para el emprendimiento senior, espacios intergeneracionales y campañas para erradicar la discriminación por edad.

Imaginemos por un momento que cada comuna tuviera un “Consejo de Sabios”, donde las personas mayores asesoren proyectos comunitarios. O que cada empresa incentive el empleo y la mentoría de adultos mayores con experiencia. ¿Cuánto podríamos ganar como ciudad si dejamos de ver a los mayores como carga y los reconocemos como activo vital?

Volvamos al Anarkos, a la mesa de Lisímaco y sus amigos. Ellos saben que los tiempos cambian, pero también que hay cosas que no deberían cambiar: el respeto, la escucha, el afecto y el derecho a ser parte activa de la ciudad hasta el último día. Que así como nos enseñaron a andar, nosotros sepamos acompañarlos a caminar sin prisa, pero con dignidad.

2 COMENTARIOS

  1. Que gran pregunta esta: ¿Cuánto podríamos ganar como ciudad si dejamos de ver a los mayores como carga y los reconocemos como activo vital?… me parece maravilloso cuestionarnos en estos aspectos para construir una sociedad donde todos cabemos y tenemos un rol para desempeñar

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