Han Kang Premio Nobel de Literatura 2024, es la primera mujer asiática en obtenerlo. Resalta la Academia al otorgarle el premio que tiene una prosa poética en donde expone la fragilidad de la vida humana y confronta traumas históricos, destaca como su obra conecta el cuerpo y el alma, a los vivos y los muertos, con un dominio exquisito de la pluma basado en la observación de la sociedad surcoreana, de su historia. Utiliza la metáfora para contar historias, algunas ficticias, dando forma a una literatura excelsa.
Los libros de Han Kang no son para leer de tiro largo, hay que leer y releer, se debe hacer un esfuerzo mental. Inicia su carrera como poeta, tiene una manera diferente de percibir el mundo y de escribir. Usa lenguaje figurado y con metáforas.
“La clase de griego”, novela publicada en 2011. Han Kang es creativa al mostrarnos la comunicación entre dos personas con patologías bien particulares. En esta novela el tono es más melancólico y poético. Lo hacen a través de un idioma antiguo. Cuenta la historia de una mujer, una madre divorciada que “no es joven ni especialmente atractiva”, que de un momento a otro deja de hablar y luego “se mueve y lo comprende todo sin acudir a la lengua”, sin que existiera razón le impidiera hablar fuerte. En La clase de griego dictada por un profesor que, está a punto de quedar ciego por una enfermedad hereditaria, una alumna invitada a leer que es incapaz de pronunciar palabra alguna. “… un silencio anterior al habla, anterior incluso a la existencia, absorbía el fluir del tiempo y la envolvía por dentro y por fuera como una esponjosa capa de algodón”.
Con una narración pausada, bien hilvanada, nos lleva a conocer en la edad madura a una mujer que vive sola, la reciente muerte de su madre, su divorcio y sin la custodia de su único hijo en favor de su ex esposo, pues la consideran incapaz de cuidarlo y velar por él debido a su difícil situación económica. Retrata el vínculo entre dos personas que creían haber perdido la capacidad de comunicarse con el mundo, y lo buscan a través del aprendizaje de una lengua muerta. “Por las noches, el lenguaje penetraba en sus sueños como un punzón, provocando que se despertase sobresaltada. El no poder dormir le ponía los nervios de punta y a veces un dolor inexplicable le atenazaba la boca del estómago como un hierro candente.”
Las historias de los protagonistas se van desenterrando con la narración pausada, Han Kang muestra cómo en las vidas de ambos ha sido la incapacidad de comunicarse con el mundo. El profesor relata su preocupación que lo persigue desde hace años, la pérdida de su vista es inminente, y una alumna atravesando por un periodo de pausa selectiva por segunda vez en su vida. El mutismo es una instintiva reacción a una serie de tragedias. El dolor que ella siente no es fruto de un momento concreto de su vida, sino un sentimiento que la ha acompañado desde que era una niña. “Desde que ha perdido el habla le parece que sus inhalaciones y exhalaciones se asemejan al lenguaje, pues inoportunan al silencio con el mismo atrevimiento con que lo hacía su voz”. Mientras que el profesor va asumiendo la pérdida de la vista a raíz de su temprano diagnóstico, y aceptándolo.
“La[1] decisión de utilizar el griego antiguo como nexo entre estas dos vidas nace, en palabras de la autora, de una conversación sobre del estudio de la filosofía griega que le hizo plantearse la lengua empleada en este caso como una totalmente ajena a la propia, con una conceptualización de la realidad distinta y que permitía formas de percibir y acercarse al mundo desconocidas. El griego clásico, considerado una lengua muerta, se entra en la novela como una posibilidad de conquistar el lenguaje perdido, como si para expresar ciertas emociones no alcanzara la lengua propia y fuera necesario, a veces, recurrir a herramientas de difícil uso, acceso y no práctica. La única esperanza de recuperar el habla está en cultivar esta lengua muerta y revivirla en el espacio del aula que ambos comparten, y a la vez, ejerce como una separación material entre los dos.”
El dolor no desparece si no lo sueltas, no se absorbe aunque lo intentes, ella lo intenta, no a través de su propia lengua, sino a través de una lengua muerta. Las palabras y las frases se han separado de su cuerpo. El ritmo lento y pausado de Han Kang, propio en la literatura oriental, encaja con esta historia, en la que ambos personajes se aproximan, con mesura, cordura y delicadeza, con una fragilidad emocional tan inestable que no pudieran soportar un ritmo un poco más acelerado, como si la ceguera de él y la mudez de ella les obligaran a limitar sus movimientos, quizá esperando a encontrar algo. La Nobel nos acerca a sentimientos envueltos de soledad a través de personajes que reclaman a grandes gritos de un inmenso silencio, la compañía de un ser amable que comparta su singular situación. Es una compañía que necesitamos aunque a veces no seamos conscientes de ello.
Gran reflexión sobre la posibilidad o imposibilidad de comunicación a través de lenguaje, de lo sensorial. La comunicación no verbal ni visual.
El siguiente párrafo para reflexionar, dice en la página 101, “… ,da como ejemplo que una inflación ocular daña la vista y puede provocar ceguera, y que el óxido destruye el hierro y lo desmenuza. Mi pregunta es por qué el alma humana no se destruye a pesar de tantas cualidades malas y necias.” (Subrayas son mías)
[1] https://papelenblanco.com/la-clase-de-griego-de-han-kang-f16154552e83


