miércoles, abril 1, 2026

LA DANZA LITERARIA VI: LA MUJER, MATRIZ DE FUERZA Y RESISTENCIA EN PATIO DE BRUJAS

OpiniónLiteraturaLA DANZA LITERARIA VI: LA MUJER, MATRIZ DE FUERZA Y RESISTENCIA EN PATIO DE BRUJAS
  • Hoy no danzo; lloro, resisto y espero por la paz junto a Erika y el grupo Teatro La Memoria
  • Jhonattan Arredondo, te abrazo

Vivimos en un país de sentimientos viscerales, atravesado por su historia álgida en la que sus hijos más vehementes se embeben en el cometimiento de desafortunados actos contra la dignidad y la vida, y sus más sensibles hijos, a su vez, resultan en la posición de víctimas de los primeros. Vivimos en un país que ha sido históricamente fragmentado bajo los intereses de mecanismos de poder. Los defensores de la vida, históricamente, nos hemos jugado la existencia en un campo aparte al atrapado por una minoría oligarca.

Es la historia de la escritora, poeta y docente Erika Gómez Sánchez y la de su linaje femenino; pero también la de miles de colombianos en todas las regiones del país. En “De mujeres, putas, brujas y otras bendiciones”, la poeta escudriña en las historias de sus mayoras las afrentas que, como en su familia, fueron cometidas con naturalidad aterradora en los rincones más apartados de Colombia. En formato de monólogo y actuado por ella misma, es incluido en el Baúl de la Esperanza de la Comisión de la Verdad, y, más tarde, adaptada por el dramaturgo y director Miguel Ángel Rodríguez a obra de teatro convirtiéndola en la hoy célebre Patio de brujas.

En grandes ciudades del país, el grupo Teatro La Memoria, ha encontrado eco en públicos que, en sus sentires, resultaron ser uno solo disgregado. El pasado miércoles 18 de marzo, el turno fue para el público de Santa Rosa de Cabal.

Cayendo el día, y en reiteración de la cualidad de verídica de esta obra, la noticia del asesinato del hijo del poeta pereirano Jhonattan Arredondo precedió mi rezo contra la violencia y la apertura de los telones en el Parque del Machete. De manera abierta y en perfecta sincronía de situación, tiempo y lugar con su público, el grupo Teatro La Memoria cruzó los telones que surcaban el parque y con la voz de su autora, dieron inicio a la obra de teatro:

«Soy de Patio de Brujas. De allá, del cañón del río Cauca, que divide a los conservadores de los liberales. De allá, de lo poco que queda de Tacurumbí. Mi bisabuela Evangelina enviudó cuando tenía 12 hijos, a causa de la macheteada que los conservadores le metieron a don Ángel. Poco después se casó con un Gómez, godo hasta el tuétano»

Erika Gómez Sánchez

La vereda chinchinense que hoy lleva por nombre La cachucha es la misma que en otrora se llamara Patio de brujas, el mismo patio de las mujeres que Erika evoca, recuerda y conmemora. En sus escenas, la obra enseña momentos en el Club Machete, que recuerdan el porqué del nombre del lugar: para cada nueva cosecha se estrenaban dos o tres viudas, que se sumaban al grupo de viudas que llegaron al lugar desplazando sus dolores y sus ausencias y tomaron, y seguirían tomando, por oficio la prostitución y las artes adivinatorias para sobrevivir, y sobrevivir a sus crías, en los momentos lejanos a las cosechas.

La obra avanza alternando sorpresas, risas y llanto entre ramadas, cafetales y lugares de la casa. Lejos de magnificar, como es hoy convencional, los escenarios cafeteros elevando odas a su apariencia, la representación expone y denuncia realidades muy diferentes a las de gozo, magnificencia y gloria; el miedo por la amenaza, el dolor por la muerte, la nostalgia por la ausencia, son entre el mazo las cartas que les toca, sin opción de cambio, a quienes habitan y viven el día a día en Patio de brujas.

Miguel Ángel Rodríguez y Marsh Taparkay

Luego, entre obreros que van y vienen, marineros de la vida, del cafetal y del río Cauca que ruge sus muertos, quedan siempre las mujeres, as de hombres honrosos y de canallas. Mujeres llevando una insufrible carga sobre su humanidad, la de su validación en tanto su servicio: no entendida de otra forma para las gentes su razón de ser. Mas, víctimas del abuso, la violencia y del pacto social de silencio ante el vilipendio diario, se sostienen en la fuerza de su cofradía construida sobre la maternidad y el cuidado, cuidado incluso de sus agresores, pasados, presentes y futuros, porque el peligro nacía ipso facto de cualquier lugar del plantío, o de la casa. Y la indiferencia, roca con filo, actuaba como candente cicatriz.

La violencia, y la mala muerte, no daban respiro a la vida. Vaticinios, jarabes e infusiones eran suministrados por las brujas a inquietos, madres y enfermos, mientras se mantenía y se expandía el único mal tras cuyo paso no hay remedio: la violencia. Y eran las mujeres, al final del día, de llanto fuerte, quienes salvaban y edificaban, sobre escombros morales, un nuevo día para vivir; una nueva vida cada día.

Erika Gómez, Marsh Taparkay y Omaira Díaz

Son y han sido, como estas mujeres representadas, las mujeres, el pilar de la resistencia y la matriz de la fuerza: de la memoria; del territorio; del hombre; de la vida.

Su paradoja: es ocupar tal importancia social e histórica desde un lugar de menosprecio.

El llamado: no es a la conmiseración, sino a la defensa y dignificación de las mujeres, y a la visibilización de sus luchas. Tal es el ansia que provoca esta obra, que es reconstructiva, que se retroalimenta de sí, de la violencia maldita que no cesa y del testimonio y resistencia valiente de miles de mujeres que identifican en ella su historia, la de su hermana, tía, abuela y tátara.

Erika Gómez, Omaira Díaz y Marsh Taparkay  frente a su público

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Gracias: Omaira Díaz, Marsh Taparkay, Miguel Ángel Rodríguez, Erika Gómez, Santiago Guaqueta, Andrea Guarnizo, Tomás Lopera Sánchez, por sostener, reinventar y ofrendar – en esta oportunidad en Santa Rosa de Cabal – la obra de teatro Patio de bruja

Erika Gómez, Marsh Taparkay, Omaira Díaz, Santiago Guaqueta y Miguel Ángel Rodríguez junto a La Danza Literaria

Las fotografías de esta entrada son propiedad y autoría del columnista bajo la marca Jesús Foto-bitácora (@jesus_fotobitacora)

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