Poco importa el sufrimiento de la madre y su hijo, ambos con el llanto de la desesperanza y el hambre.
Un cuadro de dolor que se agiganta cuando la respuesta a ese llanto y al hambre es respondida por balas, pues el trofeo para el ejército israelí está en registrar el mayor número de crímenes. Así es Gaza hoy, con la complacencia, la indiferencia y a veces el aplauso de la mayor parte del mundo.
La deshumanización consiste en mirar al otro como si no tuviera cualidades humanas tales como las propias. La deshumanización en parte explica los conflictos en casos extremos como el genocidio del pueblo palestino. Cuando se lee o se escuchan palabras como “perros”, “simios”, “ratas”, “insectos”, “gusanos”, para describir otros grupos sociales, se está cayendo en la descalificación, el prejuicio, la discriminación y la justificación para desaparecer todo un pueblo.
Los discursos de grandes organizaciones internacionales sobre democracia, derechos humanos, inclusión social, son una mera retórica para engatusar a los incautos, pues sus verdaderos intereses están enfocados en el beneficio económico por encima de cualquier consideración humanística.
El autoritarismo que campea el mundo actual, representado por las victorias populistas en Estados Unidos, Argentina, Turquía, Rusia, Italia, Hungría, entre otros, más el avance sostenido de una extrema derecha que con su discurso antinmigrante, o “volver a ser grandes”, es decir regresar a los tiempos oscuros de la edad media, cautiva a las “masas”, pues el actual modelo de “democracia” no resuelve sus problemas básicos de sobrevivencia, ni las condiciones de vida cada vez más complejas. La libertad de expresión, las restricciones a las libertades civiles, la persecución, marginación y asesinatos de opositores y, el apoyo sostenido a las guerras por la conquista de territorios con riquezas naturales, son algunos de los comportamientos deshumanizantes que a diario se observan.
En países como La República Checa, Austria, Hungría y Alemania, se ondea la bandera de Israel en edificios gubernamentales, apoyando su campaña militar y evitando las críticas por la matanza indiscriminada de niños y mujeres indefensas. Ningún país de la Unión Europea ha izado banderas palestinas ni ha condenado enérgicamente la ocupación israelí ni su devastadora ofensiva en Gaza. Alemania, los Países Bajos y el Reino Unido, continúan suministrando armamento a Israel, sin importar que esa política de exportación de armas exige detener dichas transferencias cuando exista el riesgo de contribuir a violaciones del derecho internacional humanitario.
Los 55.000 muertos palestinos, la destrucción de sus escuelas, hospitales, viviendas, la matanza de personas cuando reclaman una ayuda alimentaria, la imagen del niño desnudo, totalmente famélico y con su llanto de terror, no importan nada para muchos organismos multilaterales, lo que prima es defender los intereses económicos.
El canto en forma de coro casi celestial “venganza, venganza”, es entonado en la mayor parte del mundo, remplazando las voces sobre democracia, derechos humanos, inclusión social, igualdad, palabras huecas para oídos a las que solo les interesa el tintineo de las monedas. Quienes claman venganza por la incursión de Hamas en Israel se están comportando peor que los terroristas a quienes pretenden condenar. No es un conflicto entre buenos y malos, sino el genocidio de un pueblo al que han obligado a vivir en el encierro y la amenaza.
Harold Salazar Arboleda



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