martes, marzo 17, 2026

LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

OpiniónLA INDEFENSIÓN APRENDIDA

 “Romper la voluntad ciudadana para exigir lo que se merece”

Preámbulo

Hace algunas décadas, un psicólogo llamado Martin Seligman empezó a estudiar con ratas un fenómeno que tenía lugar en determinadas circunstancias, experimento que consistía en   colocar  una rata en una caja con un pasillo, donde al final esperaba un trozo de queso  o una recompensa en cualquier caso,  pero cada vez que la rata se acercaba al queso recibía una descarga eléctrica,  lo cual se repetía todas las veces que la rata lo intentaba y nunca conseguía su recompensa y a pesar de que los calambres seguían sucediendo, se llegó a un momento en el cual  después de muchas repeticiones, la rata dejó de intentarlo.

Seligman llamó indefensión aprendida a esta respuesta, de renunciar a la recompensa y dejar de intentarlo ya que  esa misma rata que había aprendido a estar indefensa, cuando era reubicada en una nueva situación en la que no iba a recibir la descarga eléctrica y podía acceder sin problemas a la recompensa, se mostraba sin embargo paralizada y no intentaba ni siquiera acercarse a su premio, ya que  la indefensión aprendida seguía bloqueando cualquier otra respuesta y parecía generalizarse a situaciones similares, lo cual impedía a la rata explorar alternativas y si se  percibía en la nueva situación, tan indefensa como en la anterior,  aunque la situación o el estímulo desagradable fueran evitables, habían aprendido a sentirse indefensos  y ni siquiera lo llegaban a descubrir.

Desarrollo: ¿Sólo con ratas?

Las personas también aprendemos a sentirnos indefensos. Por ejemplo, cuando una persona es castigada continuamente sin importar lo que haga o cuando nuestro entorno u otros significativos nunca parecen estar satisfechos con lo que hacemos  y nuestro esfuerzo parece siempre en vano.

La indefensión aprendida empieza por desgastar poco a poco nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra autoestima, nuestra percepción como personas capaces y nuestra sensación de control de las circunstancias y del entorno, terminando por bloquear nuestras fortalezas y nuestra capacidad para actuar, minando por completo nuestra motivación, haciéndonos sentir incapaces e indefensos, sin ningún control sobre aquello que nos ocurre, ya que esto nos hace vulnerables desde lo emocional, tanto por la propia sensación tan ansiógena que supone sentirse indefenso, como por la renuncia silenciosa a la que nos conduce, alejándonos de nuestros valores, metas y propósitos, además, cuando nos sentimos indefensos, tendemos a percibirnos como víctimas de las circunstancias, lo cual al mismo tiempo dificulta más la toma de responsabilidad sobre lo que nos sucede.

La aplicación de la indefensión aprendida a nivel social con la ciudadanía por parte de los gobiernos

La aplicación de la indefensión aprendida a nivel social se basa en romper la voluntad de los ciudadanos mediante la percepción de que sus acciones no tienen efecto sobre la realidad, empleándose tácticas a continuación a mencionarse:

  • Inconsistencia y arbitrariedad: Cambiar las reglas del juego constantemente cuando la ley se aplica de forma selectiva o las políticas cambian sin lógica, el ciudadano deja de intentar comprender el sistema y se resigna.
  • Sobrecarga de crisis: Mantener a la población en un estado de «emergencia permanente» (económica, sanitaria o de seguridad) ya que el estrés crónico agota los recursos cognitivos, haciendo que la gente acepte medidas autoritarias a cambio de una sensación de alivio.
  • Descrédito de la participación: Hacer que los mecanismos de queja o protesta sean burocráticos, lentos o inútiles. Si el ciudadano siente que «vote a quien vote, nada cambia», desarrolla una apatía política que facilita el control.
  • Aislamiento social: Fomentar la polarización ya que  un tejido social fragmentado impide la acción colectiva; el individuo se siente solo e impotente frente a la maquinaria estatal.
  • Dependencia económica: Crear sistemas donde la supervivencia básica dependa directamente del favor del Estado, eliminando la autonomía necesaria para la disidencia.

Profundización respecto a la polarización

La polarización se considera negativa principalmente porque frena el progreso del país al convertir a los ciudadanos en enemigos, alimentando sentimientos de odio y revancha que debilitan el tejido social. 

Las  principales razones por las cuales este fenómeno afecta negativamente a la nación:

  • Ruptura de la Cohesión Social: La polarización genera una división de «nosotros contra ellos», donde se exageran las virtudes del grupo propio y los defectos del contrario. Esto provoca un tribalismo político que fractura incluso relaciones familiares y de amistad.
  • Parálisis Institucional y de Gobernabilidad: Cuando las posturas se radicalizan en los extremos, se pierde la voluntad de negociar y llegar a acuerdos fundamentales para el desarrollo del país.
  • Amenaza a la Estabilidad Democrática: El agrupamiento en polos antagónicos debilita las instituciones y la confianza en los procesos electorales, ya que los resultados a veces no se respetan o se ven con sospecha constante.
  • Aumento de la Violencia: En el contexto colombiano, la polarización ha sido «atizada» por discursos radicales que pueden «desarmar la palabra» o, por el contrario, incitar a agresiones físicas y simbólicas en un entorno históricamente violento.
  • Bloqueo a la Información y al Diálogo: Los mecanismos psicológicos de la polarización impiden la apertura a nueva información y al diálogo racional, facilitando la propagación de desinformación en redes sociales. 

Nota sobre la diferencia: Algunos expertos señalan que la rivalidad política es normal en democracia; lo «malo» ocurre cuando se llega al odio, la discriminación y la mentira como herramientas políticas.

Profundización respecto a la arbitrariedad

La arbitrariedad somete a los pueblos al sustituir el imperio de la ley por la voluntad caprichosa de quienes detentan el poder, eliminando la seguridad jurídica y la libertad ciudadana.

Cuando las decisiones no se basan en normas objetivas, sino en el interés particular o el juicio subjetivo, las comunidades quedan vulnerables a través de mecanismos de sometimiento tales como: 

  • Indefensión jurídica: Al no existir reglas claras o ser estas ignoradas, los ciudadanos no pueden predecir las consecuencias de sus actos ni defenderse de abusos, lo que genera un estado de temor constante.
  • Marginación y segregación: Históricamente, la arbitrariedad se ha manifestado a través de leyes o prácticas discriminatorias que excluyen a grupos específicos (como pueblos indígenas o afrodescendientes) del acceso a tierras, servicios y derechos políticos.
  • Violencia y desplazamiento: El uso arbitrario de la fuerza, ya sea por parte del Estado, grupos paramilitares o el narcotráfico, obliga a los pueblos a abandonar sus territorios para preservar su existencia, rompiendo sus vínculos comunitarios y culturales.
  • Manipulación demagógica: Algunos líderes utilizan la arbitrariedad para tratar al «pueblo» como una «masa» moldeable, ignorando los mecanismos democráticos y de representación real para imponer su propia agenda. 
  • Impacto en la autodeterminación:  La arbitrariedad ataca directamente el derecho a la autodeterminación, que es la capacidad de los pueblos para decidir su propio destino político y social ya que al imponer decisiones sin el consentimiento libre, previo e informado, se vulnera la soberanía de las comunidades sobre sus territorios y recursos. 

Colofón: ¡Abra los ojos!

La indefensión aprendida en la ciudadanía es un estado psicológico colectivo donde los ciudadanos, tras experiencias repetidas de frustración, fracaso o impotencia (como corrupción, crisis económicas o mala gestión), aprenden a ser pasivos, creyendo  que sus acciones no cambiarán su entorno, renunciando a protestar, participar o buscar soluciones, incluso cuando existen oportunidades reales de mejora. 

En el  ámbito ciudadano se tienen las siguientes manifestaciones:

  • Resignación y Pasividad: La creencia arraigada de que «nada cambiará» independientemente de quién gobierne o qué se haga, lo que lleva a la inacción.
  • Apatía y Pérdida de Motivación: Desinterés por la política, la participación social o el activismo comunitario.
  • Baja Autoeficacia Ciudadana: Sentimiento de incapacidad individual o colectiva para generar cambios, sintiendo que la voluntad ciudadana no tiene impacto.
  • Pesimismo y Fatalismo: Tendencia a enfocarse en los aspectos negativos, justificando la inacción por la creencia de que el infortunio es el «destino».
  • Normalización del malestar: Adaptación a situaciones precarias o abusivas, considerándolas «normales». 

Este fenómeno puede inhabilitar a sociedades enteras, paralizándolas en la resignación a pesar de tener herramientas democráticas para generar cambios. Surge ante la exposición continua a situaciones aversivas incontrolables.

Mención para el lector

Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino.  Es una invitación a la reflexión y al debate para la construcción colectiva, ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.

El Opinadero “pregunta: 

  • ¿Por qué es importante lo anteriormente mencionado para la ciudadanía?
  • ¿Cómo se puede romper la indefensión aprendida a las buenas, regulares o malas?

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