El Senado colombiano está compuesto por 102 senadores, más el escaño del segundo lugar en la presidencial, lo que significa que cualquier reforma necesita 52 votos para convertirse en ley. Según los resultados de las elecciones del 8 de marzo, ninguna fuerza política se acerca a esa cifra por sí sola. El Pacto Histórico ganó 25 curules en el Senado, siendo la bancada más numerosa pero esas curules de poco sirven cuando para aprobar una ley se necesitan cincuenta y dos. Esa es la trampa perfecta: te dejan ganar, pero no te dejan gobernar.
Es claro que gobernar “…es sentarse a pedir permiso. Es mendigar votos a cambio de puestos, contratos, favores. Es entrar al Congreso con la frente en alto y salir de rodillas. La fragmentación del Congreso colombiano no es un accidente electoral: es el mecanismo de poder que garantiza que cualquier intento de reforma profunda sea bloqueado”.
Los partidos bisagra, algún sector del Partido Liberal, Partido de la U, Alianza Verde, no tienen un programa claro, a pesar de tratar de vender la imagen de ser el «centro razonable», la «salida moderada». Son solo mercaderes de la gobernabilidad, su única ideología es la sobrevivencia mediante la negociación (mermelada) con el gobierno de turno. Ellos no están ni allá ni acá: están siempre cobrando su cuota “alimentaria”. El resultado es un Congreso donde las leyes no se debaten: se tasan; las comisiones no deliberan: cotizan; los congresistas no representan al pueblo: representan su propio negocio.
El congreso como estamento para el contrapeso de poderes, es una ilusión que nos venden en el colegio, como el de la justicia independiente, pues en realidad la “democracia” es un sistema de extorsión permanente. Cualquier reforma, por necesaria que sea, tiene que pagar su “peaje”, pues los argumentos y el debate objetivo no existen. Se paga con puestos, con burocracia, con contratos, con prebendas para los que siempre han vivido del presupuesto público.
En las cuatro comisiones del congreso es donde realmente se concentra el poder y quien las controle, controlará la agenda y el $. Por ejemplo, la Comisión Primera de Asuntos Constitucionales, tiene 19 senadores, aquí se tramitan las reformas constitucionales, las leyes estatutarias, los derechos fundamentales. El Pacto Histórico tendría 5 curules; el Centro Democrático, 3. Los partidos bisagra suman el resto. Ningún bloque tiene mayoría propia. La Comisión Tercera (Hacienda): 15 senadores. Base de la reforma fiscal y de cualquier cambio en la estructura tributaria. El Pacto, 4 curules; el Centro Democrático, 3; Liberales y Conservadores, 2 cada uno; Alianza por Colombia, 1-2; La U, 1; Cambio Radical, 1. Para sacar una reforma, el gobierno necesita 8 votos. Y así sucesivamente con las otras comisiones. La guerra no se librará en las plenarias, pues estas son solo el show para la televisión. El congreso y las altas cortes bloquean si no hay mermelada. Las reformas sociales se hunden no porque sean malas, sino porque no hubo “peaje””. El presupuesto se convirtió en campo de batalla no porque faltaran recursos, sino porque el presupuesto es el botín.
El Congreso colombiano no es un espacio democrático, es una máquina de impedir los debates, las reformas y cobrar “mermelada”.
Harold Salazar A


